Seis años después de la fundación de la FIFA, el Presidente Woolfall ya se felicitaba por los primeros logros. En su discurso inaugural señaló que la FIFA hasta entonces había servido sobre todo para que las diversas asociaciones se entendieran y así tuvieran una sola voz.

Asimismo, Woolfall lamentó la muerte del rey Eduardo VII, persona muy deportista y auspiciador de la Asociación de Fútbol de Inglaterra, que también era un gran aficionado al fútbol. Por último, el Congreso se mostró partidario de expandirse por todo el mundo y de consolidar la creciente Federación Internacional. Se adoptaron las siguientes decisiones:

• Se admitió a Sudáfrica como primera asociación no europea afiliada a la FIFA. Después de la suspensión durante el régimen del apartheid, se la readmitió en 1992 (ver capítulo “El fútbol en Sudáfrica”).

• La FIFA decidió que sólo se reconociera una asociación miembro por país, y que ésta sería la institución con poder decisorio. De esta manera se concedió explícitamente el monopolio del fútbol a todas las asociaciones miembro.

• Los delegados expresaron su deseo de que, además de Inglaterra, también las otras tres asociaciones británicas (Gales, Escocia e Irlanda del Norte) se afiliaran a la FIFA.