Si hubiera que elegir el momento en que África saltó al escenario deportivo internacional, serían los años 60. La descolonización ya había empezado unos años antes, y poco a poco se hacía más patente en el deporte.

El etíope Abebe Bikila escribió un capítulo en la historia deportiva el 10 de septiembre de 1960 al batir el récord mundial de maratón en los Juegos Olímpicos de Roma y convertirse a la vez en el primer africano de raza negra en ganar una medalla de oro. También en el fútbol se siguió avanzando. En 1960 la familia de la FIFA contaba con apenas un puñado de asociaciones miembro africanas, entre ellas las tres fundadoras de la Confederación Africana, nacida tres años antes (Egipto, Etiopía y Sudán). A ellas se les sumaron Ghana y Sudáfrica, cuya afiliación fue objeto de apasionadas discusiones en la FIFA.

El Congreso de Roma, tres semanas antes del triunfo de Bikila, se recuerda por la gran demanda de afiliación a la Federación Internacional: media docena de asociaciones lo lograron, entre ellas Nigeria y Sierra Leona. Dos años más tarde se sumaron Somalia y Guinea en Santiago de Chile. Con este último país se alcanzó la marca de cien asociaciones. En 1964, en Tokio, 20 asociaciones africanas se unieron a la FIFA, el mayor incremento hasta hoy.