A la atención de todos aquellos que aman el fútbol:

Esta no es una misiva de carácter festivo. Recordemos que hace casi dos años parecía que Ia FIFA había tocado fondo; soy plenamente consciente de que cuando asumí eI cargo, era improbable que Ia institución tomase otra ruta que no fuese a mejor.

Plasmo en Ia presente una reflexión de los primeros doce meses del largo y arduo camino por el que nos hemos decantado, y sobre cómo hemos allanado eI terreno en este tiempo para el futuro a Iargo plazo de Ia organización.

Tras una crisis severa, a Ia FIFA no Ie quedaba más alternativa que el cambio. No hago alusión exclusivamente a Ia elección de un nuevo presidente, sino a una  cuestión de mayor relevancia como adoptar una estructura que, literalmente, compelería a implantar la buena gobernanza en la organización.

Aunque pueda parecer muy crítico, así ha sido. Los tiempos exigían este cambio. Fui elegido el 26 de febrero de 2016, el mismo día en que se aprobó la versión revisada de los Estatutos de la FIFA. En calidad de miembro de Ia Comisión de Reformas de Ia FIFA 2016, conocía perfectamente las modificaciones realizadas; en mi condición de Presidente de Ia FIFA, era mi deber contar con una estrategia para gestar el cambio, tanto la implantación de las reformas mismas, como la mejora de las operaciones cotidianas de la organización.

Al hacer balance, veo los errores cometidos —errar es humano—‚ pero lo importante es aprender de eIIos. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que cada paso que ha dado la FIFA este año ha estado guiado por un fin honesto. Un fin que ha calado hondo en mis planes desde que inicié la campaña presidencial, y que pretende servir a un solo beneficiario: eI fútbol.

Este razonamiento apuntala el proyecto "FIFA 2.0: eI futuro del fútbol", el plan maestro de la institución que presenté ante el Consejo de la FIFA el pasado mes de octubre. EI fútbol es un deporte magnífico, cuya influencia positiva se deja sentir en diferentes ámbitos de la sociedad; esto es algo indiscutible. Pero, para mí, se comete un craso error si el objetivo último de la FIFA no es centrarse de manera más profunda en este deporte. Por consiguiente, si actuamos como debemos, obtendremos los beneficios esperados.

La FIFA existe para promover el fútbol, proteger su integridad y acercar este deporte a todo el mundo. El fútbol, en todos sus niveles, debe ser el beneficiario final de nuestros recursos, así como de los esfuerzos emprendidos por un talentoso grupo multicultural que trabaja para y por la organización.

EI fútbol ya pasó a ser el núcleo de nuestras actividades cuando presentamos el Programa Forward de la FIFA, el cual ha triplicado nuestras inversiones en el desarrollo del balompié. Posteriormente comenzamos a integrar jugadores y entrenadores —Ios FIFA Legends— en nuestras actividades y procesos de toma de decisiones, y también retomamos un proyecto aplazado durante mucho tiempo: las pruebas del uso de la tecnología en el arbitraje.

La idea de lograr la evolución mundial del deporte y desarrollar todo su potencial fue Io que me Ilevó a proponer la ampliación de Ia Copa Mundial de la FIFA. El número de países con jugadores de gran talento ha aumentado como nunca. El aumento de participantes es, por tanto, justo, y no solo para las 16 selecciones que se sumarán a la fase final del torneo, sino también para los cientos de jugadores de todo eI mundo que empezarán a creer en sus posibilidades de clasificarse. De esta manera, se creará un círculo virtuoso que, con el tiempo, nos ayudará a alcanzar nuestros objetivos primordiales: más gente jugando al fútbol y el desarrollo de este deporte en todo el planeta.

Algunas voces reprochan que la ampliación aportará más ingresos a la FIFA. Por supuesto que lo hará, y deberá hacerlo, siempre que nuestra institución siga comprometida con la reinversión en el fútbol y en su desarrollo de cada céntimo que percibe del mismo. Esta es la razón de ser del organismo rector del fútbol mundial; trabajamos para servir a nuestros miembros y nuestra administración debe estar en condiciones de cumplir su cometido.

Este es, asimismo, el razonamiento que impulsa nuestros esfuerzos por cambiar Ia imagen de la organización. La FIFA no puede permitirse que se la contemple como una torre de marfil, distante del verdadero mundo del fútbol. Debemos ser el punto donde converjan los diferentes aspectos de este deporte y, para lograrlo, debemos estar a disposición de todos. Debemos estar presentes. Debemos ser una institución humana.

Puedo comprender que una parte de la comunidad futbolística posiblemente piense que estas son palabras vacías, pura retórica. Por ello, ni se me ocurre hablar de celebración. Ahora, hemos de seguir trabajando y dejar que los hechos hablen por sí mismos. Lo harán. No podemos permitirnos celebrar ningún Iogro hasta que echemos Ia vista atrás y veamos que el desarrollo del fútbol prospera en todo el mundo y que se ha restaurado la confianza en la FIFA. Y estaremos Iistos para seguir trabajando duro a fin de seguir avanzando.

Cordialmente,

Gianni Infantino

Presidente de la FIFA

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