El inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914 supuso un paréntesis en todo esto. Lógicamente, nadie hablaba del fútbol y de su misión de unidad de los pueblos del mundo. No obstante, las relaciones internacionales no se interrumpieron por completo, sino que se mantenían con un alcance mucho más limitado. Continuaban disputándose encuentros internacionales, aunque en países neutrales. No obstante, las dificultades de numerosos miembros para conseguir los visados necesarios para desplazarse fuera del país impidieron que se celebrasen congresos. El sueño de una competición internacional parecía desvanecerse, la FIFA estaba aletargada y, además, el Presidente Daniel Burley Woolfall falleció en 1918.

Si la FIFA no desapareció por completo se debe a una única persona: Carl Anton Wilhelm Hirschmann, quien, en calidad de Secretario Honorario, cuidaba minuciosamente de la llama de la organización desde su oficina en Amsterdam. Dentro de sus limitadas posibilidades, mantenía correspondencia con sus colegas en el extranjero, dirigiendo así, de su propio bolsillo, la secretaría de la FIFA.

Hirschman tenía una enorme capacidad de trabajo y era una persona muy desprendida. Dedicó su vida al deporte, especialmente al fútbol. Ocupó varios cargos en la Asociación Holandesa de Fútbol, entre ellos el de Secretario General, y perteneció también al Comité Olímpico de este país. Por iniciativa del Presidente de la Asociación francesa de Fútbol Jules Rimet, quien había sido uno de los fundadores de la FIFA, se estableció contacto con todos los miembros de la FIFA después de la Guerra y se logró convocar una asamblea en 1919 en Bruselas. Sin embargo, las conversaciones eran muy difíciles. Después de una larga y cruenta guerra, no todas las heridas habían sanado. Muchos delegados, especialmente los ingleses, no querían aceptar todavía a los enemigos de ayer.

Por este motivo se resolvió convocar una nueva reunión en 1920 en Amberes. Se eligió un nuevo Consejo Administrativo de la FIFA, con carácter provisional, compuesto por: Jules Rimet, Presidente; el danés Louis Oestrup, Vicepresidente, y Carl Anton Wilhelm Hirschmann, Secretario Honorario.

El resultado de estas elecciones fue sometido a la ratificación de todas las asociaciones afiliadas, las cuales aceptaron los nombramientos por unanimidad. El consentimiento fue enviado por correo. Este procedimiento se empleó por última vez en esa ocasión, ya que los Estatutos siguientes excluyeron la votación por correo o por mandato.

Jules Rimet se convirtió el 1° de marzo de 1921 en el tercer Presidente de la FIFA. Para el francés de 48 años, la FIFA se convirtió en la obra de su vida. La Federación Internacional contaba sólo con 20 miembros cuando Rimet asumió la presidencia. Los británicos se habían retirado y Brasil y Uruguay tampoco formaban parte de la FIFA. En los 33 años de presidencia de Jules Rimet, la FIFA experimentó un auge increíble a pesar de la 2ª Guerra Mundial. Se podría hablar de una era Jules Rimet, ya que logró reorganizar la FIFA y poner en práctica, finalmente, el sueño de un Campeonato Mundial. Al retirarse en 1954, tras inaugurar la quinta Copa Mundial en Suiza, la FIFA contaba ya con ¡85 asociaciones miembro!

Jules Rimet no era, en sus comienzos en la FIFA, una persona desconocida en el mundo del fútbol. En 1914 participó, como representante de la Federación Francesa. En ese entonces se aprobó una moción que rezaba: "Bajo la condición de que el Torneo Olímpico de Fútbol se organice en concordancia con el Reglamento de la FIFA, la competición será reconocida como Campeonato Mundial de aficionados". Para no perder la posibilidad de organizar un Campeonato Mundial propio, la FIFA estaba dispuesta a asumir la responsabilidad de organizar el Torneo Olímpico de Fútbol de los VII Juegos Olímpicos en París.

El éxito fue enorme y los resultados sorprendentes. Participaron 24 selecciones nacionales. Los ingleses, de nuevo, no participaron en este torneo, pero, en cambio, si estuvo presente EE UU y un equipo del lejano Uruguay, el cual demostró, para la fascinación del público, cómo se jugaba al fútbol en América del Sur.

Los resultados de Uruguay fueron espectaculares: 7 a 0 contra Yugoslavia, 3 a 0 contra EE UU, 5 a 1 contra Francia, 2 a 1 contra Holanda. 60.000 espectadores asistieron a la final entre Uruguay y Suiza, en la que finalmente ganaron los uruguayos por un resultado de 3 goles a 0. Uruguay se consagró campeón olímpico y celebraron el oficioso título de campeón mundial en las calles de Montevideo. En el Torneo Olímpico de 1928 en Amsterdam, el predominio sudamericano fue incluso mayor. Uruguay retuvo la medalla dorada. Su adversario en la final fue Argentina.