Desde el momento en que la Confederación Sudamericana de Fútbol presentó su candidatura a la presidencia de la FIFA, en 1970, el Dr. João Havelange comenzó a buscar soluciones a los grandes problemas del fútbol mundial. Cuando fue elegido en el 39° Congreso de 1974, estaba decidido a considerar el fútbol no sólo una competición, sino también a buscar nuevas vías para conseguir un desarrollo técnico del fútbol mundial.

La entrada de Havelange en la sede de la FIFA en Zúrich supuso el nacimiento de una nueva era. En épocas anteriores, dependiendo únicamente de los ingresos de la Copa Mundial, la FIFA había tenido que ser muy conservadora. En muy poco tiempo, el Dr. Havelange transformó una institución puramente administrativa en una empresa dinámica con muchas ideas y el deseo de ponerlas en práctica.

La dirección actual de la sede de la FIFA en Zúrich no ha cambiado desde entonces, pero la romántica Villa Dewald en el Zurichberg, donde, en 1974, 12 personas coordinaban el destino del fútbol mundial, ha sido sustituida en la actualidad por modernas ofcinas, que acoge a más de 100 empleados con cada vez más trabajo.

De vuelta en 1974, la FIFA se encontraba preparando su décima Copa Mundial, un tira y afloja, una prueba de fuerza entre 9 equipos europeos y 4 latinoamericanos. Los vaivenes políticos, especialmente en Àfrica, donde muchos países conseguían esos días su independencia, comenzaban a mostrar sus efectos en la escena deportiva mundial. En aquella época, Àfrica, Asia y América del Norte y Central y el Caribe (CONCACAF) enviaban cada uno únicamente a una selección a la gran fiesta futbolística mundial.

En 1982, en España, la Copa se amplió para acoger a 24 naciones en vez de 16. A partir de entonces, el increíble éxito de selecciones que aunque participaban nunca conseguían clasificarse, confirmó al Dr. Havelange que su política a este respecto había sido la acertada. En la Copa Mundial Francia 98 se incrementó el número de equipos participantes a 32 finalistas. De esta forma, se convirtió en la Copa Mundial más concurrida de su historia, permitiendo la participación de un mayor número de equipos por confederación.

En lo que respecta a la política, la FIFA comenzó con su vocación de servicio y noción de universalidad. Bajo el liderazgo de Havelange, las oficinas de la FIFA fueron y son un muestra de diplomacia deportiva. Un ejemplo de lo antedicho fue la reunión celebrada en 1993 en Zúrich, que congregó a representantes de Irak e Irán, de las dos Coreas, Norte y Sur, de Japón y Arabia Saudí, para debatir sobre los detalles administrativos y organizativos de la ronda final eliminatoria de Asia, que clasificaría a los representantes de ese continente para la Copa Mundial de 1994, todo ello en un cordial ambiente de paz y armonía.

Con anterioridad, Havelange ya había mostrado su disposición a emplear la capacidad diplomática del fútbol: con una intensa actividad diplomática, tras visitar al menos una vez a cada asociación nacional afiliada, consiguió el reingreso de la República Popular Democrática de China; posteriormente, en 1991, las dos Coreas enviaron una selección conjunta al Campeonato Mundial Juvenil disputado en Portugal. Debido a su particular situación, Israel compite actualmente contra equipos europeos por su clasificación en los torneos de la FIFA.