El Programa Goal, iniciado en 1999 por el Presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter, tenía un objetivo central: dotar a las asociaciones de fútbol de los medios necesarios para desarrollarse por sí mismas. Esta idea, que en aquella época podía intimidar dada la magnitud del proyecto, se hizo realidad diez años más tarde. Hasta la fecha, se han inaugurado o están en fase de realización casi cuatrocientos proyectos.
El 1 de octubre de 1999, se aprobaron los once proyectos piloto del flamante programa de desarrollo de la FIFA. En el corazón de la iniciativa, una reflexión y una estrategia nacidas de una pregunta: ¿cómo ayudar a las asociaciones miembro a crecer sin adoptar una actitud paternalista? Goal se convirtió en la respuesta a esta preocupación. El objetivo de este plan de acción extraordinario era sencillo: proveer a las asociaciones de la infraestructura necesaria para su desarrollo a largo plazo.
Hace una década, el problema parecía insalvable para las asociaciones más desfavorecidas. ¿Cómo organizar, hacer crecer, profesionalizar y desarrollar el fútbol sin oficinas, campos adecuados ni vestuarios? Por supuesto, a la falta de infraestructura se sumaba la obtención de financiación para construirla.
La FIFA, preocupada por conservar su papel de mediadora, se dispuso a reflexionar sobre el concepto mismo del desarrollo. Desde 1975, año de lanzamiento del programa mundial de desarrollo de la FIFA, el órgano rector del fútbol mundial buscaba dinamizar la organización de las asociaciones de todo el mundo impartiendo cursos de administración, de entrenamiento e incluso de arbitraje a fin de aportarles la competencia necesaria para el desarrollo. Sin embargo, estas iniciativas difícilmente podían dar sus frutos en países donde faltaban a todas luces medios e infraestructura para aplicar los principios aprendidos. De ahí surgió la idea de la "Casa del Fútbol", uno de los pilares del programa. El Presidente de la FIFA pretendía con ella dotar a cada asociación de un complejo que sirviera como sede administrativa y al mismo tiempo como centro técnico, para convertirse luego en el centro neurálgico del desarrollo del fútbol.
Con el apoyo de la Comisión Técnica de la FIFA, el Presidente Blatter lanzó en 1999 el Programa Goal, con un presupuesto inicial de cien millones de francos suizos a repartir entre cien asociaciones, en tres años.
La historia de dicho proyecto, el programa de desarrollo estrella de la FIFA desde hace diez años, no se puede resumir en meras cifras. Con todo, los números son impresionantes. Goal cuenta actualmente con 386 proyectos acabados o en fase de realización, 127.638.596 dólares para la financiación de proyectos, sin incluir las aportaciones de las asociaciones, del Programa de Asistencia Financiera de la FIFA ni otras contribuciones excepcionales, en particular las de los Gobiernos. Decir Goal significa 76 campos de césped artificial, 97 sedes, 176 centros técnicos de fútbol... Los países más dinámicos ya realizan su tercer proyecto, e incluso el cuarto en ciertos casos.
Por tanto, el objetivo establecido en 1999 no sólo se ha conseguido, sino que diez años más tarde se ha superado con creces gracias al entusiasmo que han mostrado las asociaciones por este programa. Actualmente, tan sólo diecinueve de ellas siguen sin proponer proyectos o sin recibirlos, lo cual significa que al menos se ha creado un proyecto Goal en 189 asociaciones.
Citemos como ejemplo el caso de Georgia, donde la colaboración entre la FIFA, la UEFA y el Gobierno local permitió avanzar enormemente. En 2001, el Bureau Goal aprobó un primer proyecto que preveía la construcción en Tiflis de un centro técnico nacional con un edificio de alojamiento, varios terrenos de juego, vestuarios y oficinas. Dos años después de la inauguración del centro técnico en 2003, el Goal II permitió la instalación del primer campo de césped artificial del país, lo cual hizo que el centro técnico pudiera utilizarse más frecuentemente y durante todo el año. Hoy, Georgia implementa su tercer proyecto Goal, cuyo objetivo es establecer un programa de desarrollo para los jóvenes. De esta manera, el centro puede acoger a todas las selecciones del país: la femenina, la masculina o la juvenil, sin olvidarnos de la absoluta.
Este modelo de base de los proyectos Goal lo encontramos en todo el mundo, como en el caso de Jordania (construcción de un centro técnico y de una cancha de césped artificial), Bangladesh y Cabo Verde (sede administrativa y centro técnico, cancha de césped artificial), o Nicaragua (centro técnico y terreno de juego).
Por otro lado, algunas asociaciones han utilizado el Programa Goal para desarrollar el futsal y el fútbol playa construyendo instalaciones adaptadas a estas disciplinas en el seno de sus centros técnicos. Es el caso de la Asociación del Fútbol Argentino, que apostó por estos deportes edificando un pabellón de futsal, oficinas, una unidad médica y la iluminación en el campo de fútbol playa.
Goal también ha ofrecido una base indispensable -inconcebible hace pocos años- al desarrollo del fútbol. ¿Quién hubiera creído que en 2009 un instructor de la FIFA iría a Ramala a impartir un curso de dirección técnica de diez días a instructores palestinos, en un campo de césped artificial totalmente nuevo? El ejemplo de Palestina es sólo uno entre tantos otros.
Reynald Temarii, presidente de la OFC y miembro del Bureau Goal no ha querido desaprovechar la ocasión de explicar a FIFA World las repercusiones del programa para su confederación: "Gracias a Goal, cada una de las once asociaciones miembro de la OFC dispone de un centro técnico en excelentes condiciones y de una sede administrativa, lo cual supone un hito en la historia del deporte oceánico. La infraestructura permite asimismo lanzar y consolidar programas de desarrollo, reforzar la autonomía de las asociaciones, y descubrir y formar a jóvenes talentos en toda la región del Pacífico. Las instalaciones ayudaron en la preparación y la clasificación histórica de las Islas Salomón para la Copa Mundial de Futsal de la FIFA 2008 y la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA 2009, y la de Tahití para la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2009.
En la próxima década, el Programa Goal prevé concentrarse en organizar más actividades en los centros de fútbol y en los clubes colaborando especialmente con los poderes públicos y del sector privado. Además, está previsto reforzar la formación de los locales en gestión, administración y conocimientos técnicos".
Una norma ineludible para el futuro
A partir de ahora, el conjunto de sectores implicados en el desarrollo del fútbol puede adquirir una nueva dimensión: profesionalizar las estructuras administrativas del fútbol, formar a dirigentes y árbitros, mejorar las condiciones de preparación de las selecciones, descubrir talentos y formar jóvenes, disponer de unidades médicas...
La primera etapa se ha superado, y por tanto ahora es el turno del fútbol base, de los clubes y sus jóvenes futbolistas, para que tomen el relevo y utilicen el impulso dado por Goal.
El éxito de un programa de esta envergadura afianza a la FIFA y a sus asociaciones miembro en su voluntad de colaborar estrechamente y crear nuevas medidas de desarrollo del fútbol en el mundo. Ya se trate del Presidente Blatter, del Bureau Goal, encargado de seleccionar y aprobar los proyectos, o de las asociaciones participantes, lo cierto es que todos los implicados en el programa han sabido hacer realidad aquello que, hace diez años, parecía una verdadera labor hercúlea.
Goal ha trastocado totalmente la visión del desarrollo del fútbol de la FIFA y de toda la familia del fútbol. De ahora en adelante, supone una norma ineludible para los futuros proyectos Goal y otras iniciativas de desarrollo. Pero para la FIFA y sus asociaciones no existe el verbo "estancarse". El objetivo es hacerlo todavía mejor, mejorando la técnica de la infraestructura que vio la luz gracias a Goal.
Este artículo está extraído del número de Octubre de FIFA World, la nueva versión de la antigua FIFA Magazine. Puedes leer todos los números de FIFA World a través de FIFA.com, haciendo clic en el enlace que encontrarás en la columna de la derecha.

