Benjamin Franklin dijo en cierta ocasión que nada es seguro en este mundo, excepto la muerte y los impuestos. La supremacía de Nigeria en el fútbol femenino africano era hasta hace muy poco firme candidata a figurar en esta famosa lista de certezas. El Campeonato Femenino de la CAF había sido coto privado de las Súper Halcones nigerianas desde su edición inaugural, en 1991, como demuestra mejor que ningún otro ejemplo el marcador global de 29-2 que se habían adjudicado en total en sus siete últimas participaciones.
Por su hegemonía en la categoría absoluta y su prominencia en las competiciones juveniles continentales, todo el mundo esperaba que se repitiera la misma historia en esta octava edición de la prueba reina femenina de la CAF, celebrada en Guinea Ecuatorial. No obstante, lo que allí sucedió sirvió para confirmar que todo es imprevisible en el fútbol.
Siempre se había dado por supuesto que, si algún día Nigeria perdía la corona, Ghana (e incluso Camerún) se la ceñiría en su lugar. Pero nadie, absolutamente nadie, se habría atrevido a aventurar jamás de los jamases que Guinea Ecuatorial y Sudáfrica llegaran a disputar la gran final de la competición africana, y mucho menos que la selección anfitriona se adjudicara el título.
Pero eso fue exactamente lo que deparó una fase final repleta de derrotas inesperadas, que ha puesto patas arriba el orden establecido. Ghana dio la primera sorpresa al caer en la liguilla de grupos, superada precisamente por un combinado sudafricano que había llegado con la intención de "dar mucha guerra" según su seleccionador, Augustine Makalakane.
Mientras las Banyana Banyana se metían en semifinales junto a una Nigeria bastante deslucida, las anfitrionas dejaban clara su intención de conquistar el único registro de imbatibilidad de su historia en la fase de grupos. Sin embargo, como Sudáfrica se había clasificado por delante de las Súper Halcones en el Grupo B, la recompensa, digamos que poco alentadora, que le tocó a Guinea Ecuatorial por su hazaña fue una cita en semifinales con la imponente heptacampeona.
Pese a que las defensoras del título habían avanzado penosamente (sus dos primeros choques se saldaron con empate), se suponía que no tendrían problemas para eliminar al equipo anfitrión, por mucho que en las filas rivales figuaran varias nigerianas de nacimiento, aunque guineanas de adopción. Guinea Ecuatorial contradijo los pronósticos y se hizo con una merecida victoria por 1-0, gracias a un lanzamiento de falta de Anonma Genoveva que batió a la guardameta Precious Dede en el minuto 58.
La consternación en las filas nigerianas era palpable. Sani Lulu Abdullahi, Presidente de la Asociación Nigeriana de Fútbol, no se anduvo con chiquitas: "Es una vergüenza nacional. Está claro que habrá una limpieza en varias parcelas de nuestro fútbol femenino".
Nigeria conquistó el tercer puesto, si bien tuvo que recurrir a los penales para imponerse a Camerún. Los críticos apuntaron el dedo acusador contra el seleccionador Joseph Ladipo, quien inmediatamente aceptó su "completa responsabilidad" por el decepcionante rendimiento del equipo. No obstante, el técnico hizo alarde de una gran capacidad para ver más allá de su propia situación: "Todo esto demuestra que el fútbol femenino ha dado un salto cualitativo en África".
Las finalistas dieron la razón al seleccionador nigeriano con una actuación de lujo, que ciertamente presagia el nacimiento de un nueva era mucho más igualitaria y equilibrada que la anterior. Sudáfrica, que se había metido en la gran final con una soberbia victoria por 3-0 en semifinales contra Camerún, confíaba en que a la tercera fuera la vencida, después de sus derrotas en los partidos decisivos de 2000 y 2004. El trofeo, sin embargo, fue a parar a manos de la selección anfitriona.
Guinea Ecuatorial ejerció un dominio total en los primeros compases del partido, y Blessing Naduju le dio la ventaja en el minuto 22. Pero las Banyana Banyana no tenían intención alguna de tirar la toalla e igualaron la contienda 13 minutos más tarde por mediación de la sobresaliente Alice Mattlou, autora de los tres goles de la semifinal, quien se anotaba así su sexta diana en el certamen.
Mattlou no consiguió conquistar el trofeo ni el premio a la mejor jugadora de la competición por culpa de otra futbolista prodigiosa llamada Genevova Anonma. Mucho antes de protagonizar el momento decisivo de esta histórica edición de la competición, la emblemática capitana de guineana ya había destacado como la perla más preciada de la selección anfitriona. Anonma anotó, de un tiro libre espectacular y lanzado con mucho efecto, el tanto que otorgó el triunfo a Guinea Ecuatorial en el minuto 66 de la gran final.
Además, el gol obligó a Alice Mattlou a compartir con Genevova Anonma el título a la máxima goleadora del certamen. Pese a todo, la sudafricana de 22 años estaba convencida de que su equipo merecía mucho más. "No hay nada peor que enfrentarse a la selección anfitriona ante su propio público", reveló. "Y sin embargo, hemos jugado muy bien. En mi fuero interno, sé a ciencia cierta que nosotras hemos hecho méritos más que suficientes para conquistar el título".
Sudáfrica tendrá ocasión de desquitarse dentro de dos años en una fase final que se anuncia mucho más reñida, pues también estarán en juego los pases a la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2011. Entonces veremos si en esta edición hemos asistido simplemente a uno de esos caprichos pasajeros del destino o al nacimiento del nuevo orden del fútbol femenino africano.
