Una personalidad del rugby recibió honores en la casa del fútbol el lunes 21 de septiembre. El Presidente de la Federación Internacional de Rugby (IRB), Bernard Lapasset, de visita en la Sede de la FIFA en Zúrich, fue recibido por el Presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter.
El rugby, que se convirtió en deporte profesional en 1995, está haciendo la transición lógica por todas las etapas que ya vivió el fútbol en su particular cambio de estatus. Por consiguiente, el máximo mandatario del deporte del balón ovalado quiere inspirarse en la experiencia de los "mancos" del balón esférico. Al cabo de su entrevista con el Presidente Blatter, Lapasset respondió a las preguntas de FIFA.com.
Señor Lapasset, ¿cuál es el motivo de su visita a la Sede de la FIFA?
La FIFA es un gran ejemplo de federación deportiva que ha marcado su territorio y ha llevado a buen puerto su andadura; en especial con su Presidente, el señor Blatter, que goza de reconocimiento en el mundo del deporte. Mi idea, por tanto, era conocer este lugar y acudir al encuentro de los que le dan vida. El rugby está experimentando un cambio, que lo está encaminando hacia la práctica universal. Por consiguiente, nos estamos encontrando con problemas que algunas federaciones deportivas, y en especial la FIFA, han resuelto antes que nosotros. Personalmente, conocía el mundo del fútbol mucho antes de venir aquí. Si bien he hecho mi carrera en el rugby, empecé con el fútbol, al que jugué desde los 7 hasta los 14 años; y he seguido siendo un amante de ese deporte, como mucha gente en todo el mundo.
¿Qué asuntos ha tratado con el Presidente Blatter?
El rugby lleva siendo profesional desde 1995 y, desde entonces, estamos creciendo y descubriendo los mismos problemas que han surgido en otros deportes antes que en el nuestro; como, por ejemplo, la relación entre los clubes y las selecciones nacionales. El deporte profesional se organiza en torno a un modelo federado, apoyado por el dispositivo profesional de los clubes. Necesitamos hallar un equilibrio adecuado entre ambos. Hace falta primero un trabajo de formación, a fin de que los clubes representen al conjunto del tejido asociativo al que están vinculados. Ahora bien, esa capa social es tanto más amplia y diversificada en cuanto que la sociedad europea está abierta a la libre circulación de las personas.
Sin embargo, en interés de las selecciones nacionales, hay que considerar también el concepto de elegibilidad. Hay que actuar de forma que en los clubes haya jugadores elegibles por la selección nacional y que, al mismo tiempo, el tejido asociativo esté bien representado. Dentro de esa idea de respeto a unos y a otros, estamos buscando las soluciones que mejor se adapten.
¿Cuáles son esas soluciones, a su juicio?
Para nosotros, el ejemplo del fútbol es un factor importante; especialmente con la propuesta del "6+5". En el rugby también deseamos garantizar una cantidad importante de jugadores seleccionables dentro de los clubes, a fin de que el seleccionador tenga la posibilidad de elegir a jugadores experimentados para su combinado nacional. No podemos dejar que crezca la cantidad de jugadores extranjeros, sea cual sea su valía y su rendimiento, sin un control por parte de la asociación nacional de los jugadores elegibles por la selección en los clubes.
¿Y cómo podrían ponerse en práctica esas medidas?
No queremos que esas normas deportivas se dicten en la Comisión Europea o en el Parlamento Europeo. Las federaciones deben ser dueñas de su deporte. A ellas les corresponde hacer las propuestas y poner en práctica los principios de elegibilidad; compatibles, como es lógico, con los Tratados europeos. Más allá de esos dos términos, autonomía y especificidad, nos unimos también al ritmo del olimpismo y de la familia del deporte en su conjunto.
Ya que menciona el movimiento olímpico, el rugby hace tiempo que no es deporte olímpico, pero el rugby a siete va camino de volver. ¿Puede explicárnoslo?
Ése es uno de los aspectos fuertes de mi mandato en la IRB. Llevamos fuera del programa olímpico desde 1924. Es una situación delicada, pues podíamos elegir entre dos disciplinas: rugby 15 y rugby 7. Con la Copa del Mundo, el rugby a quince ha encontrado su formato, su equilibrio y su lógica, que corresponde a los intereses de todos; deportistas, aficionados y televisiones. Los Juegos Olímpicos tienen un formato que se corresponde mejor con el rugby a siete: dinámico, distendido y festivo. Todos los elementos se conjugan para que sea deporte olímpico. Sería un reconocimiento extraordinario. Deberíamos tener la decisión definitiva el próximo 9 de octubre.
La organización de la Copa del Mundo de 2019 se ha concedido a Japón, una primicia para el continente asiático. Explíquenos esa decisión.
Queríamos ampliar el campo de visión de las Copas del Mundo, para que nuevos países se abran a la dimensión del rugby profesional. Asia es una de las zonas del mundo más pobladas y, por tanto, con grandes posibilidades; y también es un mercado económico fuerte. Japón lleva años practicando el rugby 15; está empezando a obtener buenos resultados y a estructurarse en el ámbito profesional. Japón es un país sólido para poder organizar una competición internacional de rugby. Con la experiencia previa de un Mundial de fútbol, cuyo éxito me confirmó el Presidente Blatter, sabemos que Japón tiene capacidad para organizar campeonatos mundiales.
Desde esa misma óptica, ¿le satisface ver a Argentina integrada en el Tres Naciones a partir de 2012?
Naturalmente. Es una bonita muestra de reconocimiento al rugby argentino. En la Copa del Mundo de 2007, Argentina demostró sus progresos. Es bueno para el rugby que una selección de otro continente y, por tanto, de otra cultura se integre en la élite mundial. Ya no son sólo Europa y las grandes potencias del hemisferio sur las depositarias de este deporte. El rugby se está abriendo a la práctica profesional y al mundo, lejos de sus bases originales. Es una prueba de que este deporte está progresando y protagonizando una expansión importante.
