En los últimos veinte años, el deporte en general y el fútbol en particular han experimentado una profunda transformación. Ante todo, el deporte rey ha dejado de ser un pasatiempo y se ha convertido en un sector empresarial que genera fabulosos ingresos y dispone de enormes recursos financieros.
En el proceso, su entorno también se ha alterado considerablemente. Gobiernos y autoridades tratan de intervenir cada vez con más frecuencia en la regulación del fútbol, con consecuencias que no siempre sirven al deporte.
Los más recientes ejemplos de ello son el "Libro blanco" de la Unión Europea y la propuesta de creación de una agencia de noticias deportivas europea, que afortunadamente se ha descartado. El movimiento para el deporte internacional, liderado por el COI y su presidente Rogge, así como las asociaciones de las diversas disciplinas de los Juegos Olímpicos de verano e invierno y la organización de comités olímpicos nacionales, sostienen unánimemente el dictamen de que toda iniciativa individual de los estados o del conjunto de la UE debe tener en cuenta las características especiales del deporte y limitarse a su promoción. El deporte no debe convertirse en una plataforma de representación política.
¿Por qué no? Porque el deporte no es ni de izquierdas ni de derechas: es de todos. Está orientado con arreglo a un plazo más largo que la política. Se tarda años en construir un club; los mejores equipos no surgen de la noche a la mañana, sino que son el resultado de un proceso muy largo. En la política, siempre se exigen resultados rápidos y la opción de un nuevo cambio de gobierno está siempre a mano.
Ante todo, no se puede comparar a un futbolista con un pintor o con el operario de una fábrica. Los equipos de fútbol no son como la plantilla de empleados de una empresa cualquiera. En este sentido, la FIFA ha firmado un acuerdo con el sindicato internacional de futbolistas FIFPro con el fin de tener en cuenta las necesidades particulares y la situación especial de estos profesionales.
De ahí que también sea un error aplicar al deporte sin más la normativa de la libre circulación de personas de la Unión Europea. Igual de equivocado sería establecer un límite máximo al sueldo de los futbolistas. Si la UE interviniera en esta área, contravendría sus principios más esenciales, como por ejemplo el de la libre competencia.
El fútbol, no obstante, es compatible con ciertas conclusiones elaboradas por el Informe Independiente sobre el Deporte Europeo, porque el núcleo central de este informe subraya la necesidad que tiene el deporte de independencia y de autodeterminación conforme a un "sistema piramidal" de gobierno. El mundo del deporte concuerda plenamente con el requisito de una definición clara de las responsabilidades en las esferas mundial, continental y nacional.
El deporte apoya igualmente la exigencia de certidumbre legal y una separación clara entre las responsabilidades de los gobiernos y las del deporte. El deporte necesita el apoyo de los gobiernos en aquellos problemas para cuya resolución carece de los medios y las influencias adecuadas; como, por ejemplo, el control del flujo internacional de capitales destinados a los clubes de fútbol como inversión procedente de centros financieros extranjeros.
El fútbol tiene la fuerza suficiente para organizarse y controlarse a sí mismo. Pero la FIFA entiende y acepta también la exigencia de que se produzca en todo momento una gestión disciplinada y metódica que las instituciones políticas reclaman a las autoridades deportivas, y está dispuesta a implementar estas responsabilidades en el fútbol.
Por ese motivo, el Congreso de la FIFA que se celebró en 2005 en Marrakech aprobó por unanimidad el establecimiento de un Task Force "For the Good of the Game" (Por el bien del juego). Dicho gremio, organizado en tres grupos de trabajo (financiero, político, y competiciones futbolísticas), alcanzó conclusiones de gran alcance que fueron aprobadas en el Congreso de la FIFA 2006 en Múnich. Allí se alcanzó el consenso gracias a que, por primera vez, participaron en el proceso de debate y análisis todos los interlocutores: jugadores, clubes, ligas, asociaciones y confederaciones. Al mismo tiempo, los delegados de este congreso decidieron sancionar el comportamiento carente de ética de los protagonistas del fútbol mediante una comisión ética independiente.
Cabe mencionar que la FIFA ha reformado regularmente en los últimos años la administración de justicia de sus asociaciones, ha optimizado el sistema legal en su totalidad y ha cumplido con sus propios estatutos al habilitar los recursos de apelación de última instancia ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) en Lausana, Suiza.
La FIFA, las confederaciones y las asociaciones nacionales pueden conseguir conjuntamente que las autoridades futbolísticas y gubernamentales, tanto en Europa como en el resto del mundo, colaboren en beneficio de nuestro deporte. Para ello, la posición de las autoridades futbolísticas debe verse reflejada en cualquier obra emprendida por los estudios deportivos europeos.
Las soluciones a los problemas del fútbol se deben encontrar en el propio fútbol y no en la política.