La percepción del tiempo es una cuestión muy subjetiva. En el fútbol, quien va perdiendo tiene la sensación de que el tiempo pasa volando, y quien trata de prolongar una mínima ventaja tiene la impresión de que unos segundos duran toda una eternidad.
Cuando recuerdo mi elección en París hace diez años, me parece, por muchas razones, que el tiempo ha transcurrido en un abrir y cerrar de ojos, y no porque vaya perdiendo, sino porque han sido muchas y muy diversas las tareas que se han presentado.
Entre tanto, la FIFA ha vivido dos maravillosos Mundiales, uno en Corea y Japón y otro en Alemania, y también se han disputado muchos campeonatos y realizado numerosas actividades, y ahora nos encontramos prácticamente a las puertas de la primera Copa Mundial de la FIFA a celebrarse en suelo africano, pues Sudáfrica 2010 está a la vuelta de la esquina.
Recuerdo como si fuera ayer el primer proyecto Goal, un terreno de césped artificial instalado en el Estadio Antoinette Tubman de Liberia. Ahora ya son más de 300 los proyectos de este programa de desarrollo que se han concluido. Esta labor ha contribuido al fortalecimiento y a la profesionalización de las asociaciones en todo el mundo. Los cambios hechos a la reglamentación, una mejor asistencia médica y programas de prevención y la lucha contra el dopaje también contribuyen hoy a una mejor protección de la salud de los jugadores. También se adelantó una reforma al sistema de transferencias internacionales, gracias a la cual los jugadores y los clubes cuentan con un marco legal adecuado que les permite negociar en igualdad de condiciones y recurrir a organismos idóneos en la búsqueda de soluciones a sus disputas.
A través de la labor desarrollada por el Task Force " For the Good of the Game", la FIFA ha abordado interrogantes fundamentales en el ámbito de las finanzas, la política y la organización de las competiciones y ha adoptado las medidas necesarias, como en el caso del sistema de alarma preventiva en la lucha contra las apuestas ilegales o el principio de la promoción y el descenso de clubes en el ámbito deportivo, ratificados por el Congreso de la FIFA en Sídney.
No obstante, lo fundamental es que la FIFA ha renovado su estructura y ampliado su misión incesantemente en la última década. A los pilares fundamentales de nuestro quehacer, la promoción del fútbol y la organización de competiciones, se han sumado otros. Nuestra organización ha hecho del fútbol una herramienta para el desarrollo, aportando un beneficio adicional a toda la sociedad; y hemos podido hacerlo porque aprendimos de las dificultades experimentadas en los años 2001 y 2002, de las cuales salimos fortalecidos en todos los aspectos, incluido el financiero.
A pesar de que lo percibamos de manera muy subjetiva, el tiempo nunca se detiene. Nuestro deporte debe mantenerse al día en un entorno que cambia continuamente. Diversos intereses y fuerzas están presentes en la base de la pirámide futbolística y amenazan con minar su fortaleza. Por eso, ahora más que nunca, se necesita a la FIFA para lograr un equilibrio entre la base y la cúspide, entre los equipos representativos y los clubes, entre pobres y ricos. Una FIFA comprometida con los principios de solidaridad y universalidad, una FIFA que impulse, regule y apoye el fútbol en todos los rincones del planeta y que haga del fútbol un deporte para todos. Por el juego. Por el mundo.
Joseph S. Blatter
