Por Sandra Hunt
Árbitro de la FIFA
Asociación Estadounidense de Fútbol

Como árbitro de la FIFA, con muchos años de experiencia en el arbitraje del fútbol masculino profesional y de aficionados, y en el arbitraje del fútbol internacional femenino, a menudo me preguntan: ¿Cuál es la diferencia entre el arbitraje del fútbol masculino y femenino?; ¿hay alguna diferencia?. A esta última pregunta sólo puedo contestar con un rotundo "Sí". En mi opinión, para pitar con éxito un partido de fútbol femenino, el árbitro tiene que entender las diferencias fundamentales entre los futbolistas varones y sus colegas femeninas.

Las mujeres tienden a desarrollar relaciones interpersonales muy estrechas. Las compañeras de un equipo suelen ser muy buenas amigas, y el equipo en sí se convierte a menudo en una segunda familia para ellas. Con frecuencia, las futbolistas comparten mucho más que su vida deportiva y suele surgir entre ellas un sentimiento especial y una genuina preocupación por las componentes del propio equipo. Como ejemplo de esta afirmación, la próxima vez que vea un partido de fútbol femenino, fíjese en que, si se produce una lesión, la mayor parte del equipo se congrega alrededor de la jugadora lesionada para interesarse por su estado. Sin embargo, en un partido masculino, a menos que la lesión sea realmente grave, los compañeros se acercan en muy contadas ocasiones a interesarse por la situación del lesionado. Normalmente, se congregan alrededor de las botellas de agua que guarda el entrenador mientras el compañero lesionado recibe atención médica.

Si bien los jugadores varones pueden y suelen jugar junto a compañeros por los que no sienten una especial simpatía, en un equipo femenino es muy difícil que esto ocurra. Una situación así crea una gran tensión interpersonal y emocional. Un equipo femenino en el que sus componentes no se lleven bien fuera del terreno de juego no tiene muchas probabilidades de éxito en el campo. Las futbolistas tienden a percibir una dura entrada a una compañera como un ataque contra todo el equipo. Las mujeres ?sienten en propia carne? las faltas que reciben las componentes de su equipo y, además, tienen muy BUENA memoria cuando se trata de recordar al rival que les haya dedicado un trato especialmente duro. Mi experiencia en el arbitraje del fútbol masculino me ha enseñado que, en la mayoría de los casos, los hombres reaccionan casi inmediatamente tras una entrada dura o una situación injusta. Las mujeres tienen más paciencia que los hombres a la hora de ?vengarse?. Como árbitra, no es raro tener que mediar en un partido en un incidente entre rivales y descubrir poco después que se trataba de una represalia por un enfrentamiento que, a lo mejor, se había producido la temporada anterior, y dejó un resentimiento que todavía persiste. Tras un partido plagado de encontronazos, es más habitual que los hombres perdonen las fricciones y se despidan con un apretón de manos que las mujeres.

Anteriormente a la temporada inaugural, en 2001, de la Primera División Femenina de la liga nacional de fútbol profesional femenino de Estados Unidos (la Women?s United Soccer Association, más conocida por sus siglas: WUSA), mi experiencia en el arbitraje de una liga profesional se centraba exclusivamente en el fútbol profesional masculino. Mi experiencia en el arbitraje del fútbol femenino era considerablemente menor que mi experiencia en el arbitraje del masculino. A principios de la pasada temporada, me di cuenta de que tenía que hacer unos cuantos ajustes de posición para pitar con éxito un partido de fútbol femenino, en comparación con mi ubicación en el campo en los encuentros masculinos.

Por regla general, se supone que los árbitros abarcan un radio de acción más ancho que largo, ya que el juego no sube y baja por el campo con tanta rapidez. Se calcula que la distancia que cubre un árbitro en un partido femenino es similar a la que recorre en otro masculino, y que el ritmo y velocidad del trabajo de un árbitro es comparable en ambos, ya que, en general, es preciso colocarse en una posición más abierta durante el juego.

En la mayoría de despejes de puerta y de disparos a puerta, es recomendable que los árbitros se coloquen enfrente del juez de línea, en la misma mitad del campo que se encuentra el guardameta o el equipo que vaya a lanzar el balón, ya que no es normal que este último salga disparado hacia la mitad del campo contrario.

En los primeros compases del partido es preciso observar los saques de banda para determinar hasta dónde puede llegar el balón. En este tipo de saques, muchas jugadoras tienen la habilidad de enviar el balón tan lejos como los hombres. Hemos visto a muchas de ellas utilizar ?saques por alto? que pueden llegar hasta más de 40 metros.

También los golpes francos requieren que el árbitro reconsidere su colocación en el campo. Los hombres consiguen sus mejores lanzamientos usando la fuerza física; sin embargo, los tiros libres en el fútbol femenino implican habitualmente pases complicados o una gran precisión. Además, se ha observado que en los partidos femeninos intervienen muchos más pases en corto de los que normalmente se ven en un partido de fútbol masculino. Personalmente, no sólo lo atribuyo a las diferencias de fuerza física entre hombres y mujeres, sino también a la delectación con que las mujeres parecen disfrutar del juego y de poder compartirlo con sus compañeras de equipo.

Generalmente, los partidos femeninos son espectáculos abiertos, con muchas acciones de ataque y muy bonitos de presenciar. Los equipos gastan cantidades enormes de energía en el ataque constante a la meta rival, con lo que se crean numerosas ocasiones de gol en todos los partidos. Muchos de los encuentros entre equipos muy competitivos se saldan con varios goles, resultado de la continua y constante presión ejercida sobre las líneas defensivas.

Por tanto, a la pregunta ?¿Hay alguna diferencia?? yo respondo: ?Sí que la hay?. En mi opinión, ninguno es mejor ni peor, sino maravillosamente diferentes. La FIFA merece nuestro aplauso por reconocer estas diferencias y promocionar tanto los programas de fútbol femenino como los del masculino en el ámbito internacional. Cuando los aficionados al fútbol comprendan que los jugadores del otro sexo practican su deporte con la misma calidad, pasión, entusiasmo e intensidad, también ellos llegarán a apreciar y a aceptar ?esas diferencias? que convierten a este bellísimo deporte en el juego de todos.