Donde las orugas y el fútbol son incompatibles

A primera vista, el fútbol de la República Centroafricana marcha viento en popa: tras volver a meterse entre los 100 mejores en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola, las Fieras vienen de obtener una histórica victoria a domicilio ante Egipto en la fase de clasificación para la Copa Africana de Naciones 2013. Sin embargo, el día a día de los futbolistas locales todavía dista mucho de ser un camino de rosas, como pudo descubrir in situ FIFA.com.

A la sombra de los grandes árboles de la selva tropical centroafricana, cerca de Mbaiki (una localidad situada a poco más de 100 kilómetros de la capital, Bangui), se encuentra un campo de fútbol. Nos dicen que no se trata simplemente de un campo. Aquí, es un “estadio”; un estadio cuyo terreno de juego está considerado como de buena calidad. Juzguen ustedes mismos: justo por mitad del césped pasa un camino que utilizan ocasionalmente el ganado y los habitantes de la zona. Toda una parte del campo es de tierra ocre. El resto está cubierto por una hierba irregular; tan tupida y desigual que intentar un control sobre esa superficie roza lo milagroso.

Aun así, los jugadores del Vipères y del Finances, enfrentados ese día en un partido valedero para la Liga de Lobaye (una de las 16 prefecturas de la nación), lograron encadenar sucesivos controles orientados, regates, recortes, fintas… Reaccionando con creatividad a los inevitables botes en falso del balón, estos jóvenes virtuosos de la improvisación dan bríos renovados al fútbol en la República Centroafricana

“La Ligue de Lobaye son 7 equipos y 7 árbitros; 4 de ellos formados a nivel local, y otros 3 formados por la FIFA”, explicó su presidente, Jean Kongola. Dicha competición forma parte de la liga regional de Mbaiki, que cuenta con 118 equipos repartidos en sub-ligas. “Jugamos de febrero a julio. Empezamos después de la estación de las lluvias. Y hay que darse prisa para acabar, porque, en julio, los jugadores desaparecen”. No hay ningún fenómeno sobrenatural detrás de esas desapariciones repentinas; todo lo contrario. “Se trata de la caza de orugas comestibles. Salen en esa época, y todos los jugadores se van a vivir a la selva para atraparlas. Aquí constituyen una fuente importante de ingresos y de víveres”, explicó Kongola. 

El valor de una infraestructura 
“Si hacemos un campo aquí, sin valla y sin protección, a los dos días estará destrozado”. Esta vez no se están refiriendo a una liga local, sino al mismísimo centro técnico nacional de la Federación Centroafricana de Fútbol (FCF), cerca de Bangui. “Es ahí donde debo acoger a mis selecciones nacionales, donde deben prepararse”, prosiguió el presidente de la FCF, Patrice Ngaissona. “Todo el mundo pasa por ahí: los bueyes, las ovejas, la gente… Un simple vallado, financiado por la FIFA, sí es importante para nosotros”. Financiado por la FIFA, en efecto, porque la asociación nacional no dispone de recursos para ello.

Aparte del programa de asistencia financiera de la FIFA, las ayudas gubernamentales son la única fuente de ingresos para la asociación nacional, “y evidentemente, aquí tienen otras prioridades antes que el fútbol”, precisó su presidente. “No tenemos patrocinador para la selección, ni siquiera un acuerdo de colaboración con un proveedor”. Para equipar a los combinados nacionales, por tanto, el organismo federativo debe comprar las camisetas de su bolsillo. Y lo mismo es aplicable a los principales clubes, masculinos y femeninos. “Aquí, el fútbol cuenta con el único respaldo de la FIFA, y con el de algunas personas que hacen lo que pueden para hacerlo progresar”, resaltó Jean-Marie Dickeis, miembro del comité ejecutivo de la FCF y presidente de la comisión de fútbol femenino. “Tenemos ex jugadoras que quieren entrenar, pero antes tienen que formarse. Y aquí, un entrenador puede querer entrenar, y luego formarse, pero no tiene conos de entrenamiento, ni balones, ni nada para sacar adelante su club. Tiene que comprarlo todo él mismo”. 

Algo similar puede apreciarse en la sede de la FCF: “En algunas oficinas, no encontrarán nada para trabajar. Ni ordenadores, ni Internet; y apenas lo imprescindible para trabajar en papel. No hay agua corriente en este edificio, a veces no hay electricidad, y la impermeabilidad plantea problemas”, resumió el presidente. El edificio, financiado por la FIFA a través de su programa Goal, e inaugurado en 2005, acusa el paso del tiempo y las limitaciones económicas de la asociación nacional, incapacitada para destinar fondos al mantenimiento de las inversiones pasadas por culpa de viejas deudas. “La gratificación suplementaria del PAF (Programa de Asistencia Financiera de la FIFA) en el ejercicio 2010/2011 nos vino muy bien”, comentó sonriendo el presidente. “Pero concedimos prioridad a las ligas regionales, proveyéndolas de equipaciones, sobre todo. No podemos hacerlo todo con nuestros recursos; tenemos que elegir para avanzar. Con el nuevo proyecto Goal, podremos hacer avanzar las cosas”. 

Tan buenas como Marta 
Y en especial, el fútbol femenino, que ocupa un lugar importante en las preocupaciones de la FCF. La primera división está organizada bastante decentemente, con un calendario fijo, equipaciones, árbitros. Varias mujeres, incluso, arbitran partidos masculinos. Pero también en este ámbito faltan recursos; aunque no las ganas de progresar.

“Empecé a jugar al fútbol con 14 años, con los chicos. Los dos hijos de mi padre adoptivo jugaban, y yo quise hacer lo mismo que ellos, ¡aunque mi madre adoptiva me decía que no era un trabajo para una mujer!”, nos contó Tatiana Yangueko, vicepresidenta de la comisión de fútbol femenino. “Antes jugábamos descalzas, y los equipos femeninos estaban confinados a los espacios de la periferia, sin organización. Hoy la liga está organizada; sabemos cuáles son los equipos, y dónde van a jugar”. En su condición de periodista deportiva, Tatiana participó en el seminario AFP/FIFA de 2010, dentro del programa “Ganar en África con África” de la FIFA.

“Nuestras chicas no tienen nada que envidiar a Marta, pero eso nadie lo ve”, dejó caer un miembro de la federación centroafricana. Por otra parte, en un campo de tierra de Bangui, donde el equipo de las Colombes (“Palomas”) se medía al de las Amazones (“Amazonas”), uno de los entrenadores se dirigía a su medio centro defensiva llamándola “¡Gattuso! ¡Gattuso!”; y procedía de forma similar con su centrocampista ofensiva, con gritos de “¡Cristiano!”…

No muy lejos de allí se enfrentaban los chicos de la 2ª división de la liga de Bangui, esta vez sobre el césped sintético del estadio Barthélémy Boganda, financiado por la FIFA y el programa “Ganar en África con África”. El terreno de juego se utiliza constantemente, de martes a domingo y a razón de dos partidos al día, por parte de las diferentes divisiones de la liga de Bangui. En la República Centroafricana, se juega al fútbol por todas partes… 

El regreso de los héroes 
El calor es sofocante en Bangui. Pocos coches circulan por las calles de la ciudad, que parecen caminos forestales. La pobreza es omnipresente. Con todo, nada de eso pudo impedir que la población local se diese cita a la salida del aeropuerto internacional de Bangui el domingo 17 de junio, para ir a aclamar a su selección nacional. El combinado centroafricano había logrado la hazaña de imponerse a Egipto en su visita a Alejandría, en partido de ida de la primera ronda clasificatoria para la CAN 2013. El país estaba orgulloso de ver lo alto que habían mantenido su pabellón las Fieras. Sin embargo, no hay nada decidido, y todavía queda el partido de vuelta, el 30 de junio en Bangui, para confirmar la gesta.

En el fondo, da igual… A priori, los hombres que entrena Hervé Loungoundji ni siquiera deberían haberse colocado en una posición tan privilegiada. “Para los pequeños como nosotros, resulta mucho más difícil”, resumió Ngaïssona. El presidente prefiere mantenerse cauto, quizá por miedo a una decepción si el partido de vuelta no les fuera favorable. Lo que está en juego es algo mayúsculo: nunca una selección de la República Centroafricana se ha clasificado para una fase final de una gran competición internacional.

La plantilla es joven y, sobre todo, muy heterogénea. Algunos jugadores militan en la segunda y la tercera división de Francia o de Inglaterra; otros han recalado en equipos de ligas africanas más cualificadas, como el Raja de Casablanca marroquí, y, por último, algunos siguen dando lustre a la primera división centroafricana.

Sin embargo, en el momento de la victoria, de sacar el orgullo, esas diferencias no se notan. Los jugadores parecen disfrutar de ese momento de una forma sencilla e ingenua. Y a través de ellos, es todo un país el que se alegra. En ese instante, sus Fieras acaban de hacerle un regalo enorme: unas cuantas escenas de júbilo que vienen a ocultar durante un tiempo las dificultades de la vida diaria en la República Centroafricana.