Troussier: "África es el corazón del fútbol"
© AFP

La organización de las diferentes Copas Mundiales de la FIFA tan solo es la punta del iceberg. Lejos de los focos, durante todo el año, la FIFA trabaja en el desarrollo del fútbol por todo el globo. Desde las categorías juveniles al fútbol femenino, pasando por el futsal y el Beach Soccer, los programas de la FIFA se centran en todas las variantes del deporte rey. Para poner de relieve la importancia de estas acciones, FIFA.com cede regularmente la palabra a los grandes nombres del fútbol implicados en el desarrollo.

El trotamundos Philippe Troussier es un entrenador y seleccionador atípico, que ha transmitido su pericia en prácticamente todos los continentes. Está acostumbrado a los desafíos exóticos, y suele recalar en lugares poco apreciados del mundo del fútbol. En su historial figuran además varios logros de gran resonancia, especialmente en África y Japón. El técnico, que dirige en estos momentos al Shenzhen Ruby, de la RP China, habla con FIFA.com del desarrollo del fútbol.

Señor Troussier, ¿cómo empezó usted en el oficio de educador, y luego de entrenador?
En mi época, los medios de comunicación no estaban tan presentes. Seguía el fútbol, sobre todo, a través de revistas deportivas. Desde muy pronto soñé con convertirme en jugador profesional. Existen multitud de caminos para alcanzar nuestros sueños. A los 28 años puse fin a mi carrera de jugador de la Ligue 2 y opté por una carrera de entrenador. Era disciplinado y escuchaba, retomé los estudios de educación física y obtuve mis diplomas de entrenador. Así empecé en la cuarta división francesa, en el Alençon, con todas las dificultades que entraña el fútbol amateur. ¡Luego vino el gran viaje a África! Quien me dio la fibra para convertirme en entrenador y mejorar en el aspecto técnico y estratégico fue Arrigo Sacchi, en cualquier nivel en el que ejerza.

¿Qué representa para usted actualmente el desarrollo del fútbol, en el que está muy implicada la FIFA?
El fútbol se despliega entre dos entidades, su élite profesional y su base. El desarrollo debe afectar a todos los sectores, de arriba abajo. Sé que la FIFA contribuye en el día a día a desarrollar el fútbol profesional y el amateur, que son complementarios. El uno no puede existir sin el otro.

¿Y cuál es su manera personal de implicarse en el fútbol de base?
Me implico todos los días en el fútbol de base, y siempre que me lo piden. Es un verdadero placer trabajar en contacto con los más pequeños. En el trabajo de entrenador hay etapas ineludibles, y la base es una parte integrante de ellas. Hacen falta especialistas en cada categoría, eso es fundamental, porque cada periodo es específico. Hay que tomarse muy en serio estas etapas de progresión, es necesario transmitir a los jugadores jóvenes la información referente a su progreso. Es un momento que no puede dejarse pasar, yo insisto en ello.

¿Y qué impresión tiene acerca del desarrollo del fútbol femenino?
Soy favorable a esa evolución. El fútbol también afecta a la mujer, es evidente, aunque a algunos les moleste. El nivel de las mujeres que lo practican está en plena progresión. Es complicado comparar el fútbol masculino y el femenino, pero lo principal es ver espectáculo. Las condiciones de juego, y la evolución del arbitraje, han contribuido claramente a la eclosión de este fútbol femenino. Es un juego más preciso, más participativo y mucho menos atlético, y por eso resulta cada vez más atractivo. Hay que rendir homenaje a las sub-17 francesas, que acaban de ganar el Mundial de su categoría en Azerbaiyán.

Usted ha dirigido a las selecciones de Costa de Marfil, Sudáfrica, Marruecos, Nigeria y Burkina Faso. ¿Qué vínculos tiene con el fútbol africano, y con qué dificultades se encontró?
África es el continente en el que se tiene la sensación de poder encontrar a un futbolista excepcional por la calle, en una esquina, jugando con un trozo de trapo o una lata de conservas. Yo creo que es, en cierto modo, el corazón del fútbol. Este fútbol representa una gran parte de mi vida de educador. Choca con problemas organizativos, principalmente, que provocan una pérdida de energía, y por desgracia eso hace que el rendimiento se resienta. Por ejemplo, los africanos que juegan en Europa, en clubes muy estructurados, en los que la disciplina es muy estricta, están completamente desorientados al volver a su país, donde no hay tanto rigor. Hay una auténtica falta de infraestructuras, de experiencia y de formación de los entrenadores. Aun así, el continente progresa. Y ahí hay que subrayar el trabajo de la FIFA, que a través de sus cursos y sus prácticas, y gracias a los proyectos Goal, mejora activamente el fútbol de numerosas asociaciones africanas.

¿Cuáles son las principales diferencias relacionadas con el enfoque del fútbol entre los continentes africano, europeo y asiático?
En África el fútbol es muy individual, y en Europa un poco menos. Allí la noción de colectivo está menos presente. Fijémonos en el ejemplo de Japón, que tiene una percepción del fútbol diluida en un concepto colectivo, allí la percepción del juego es diferente. Hay un centenar de jugadores que pueden aspirar a jugar en la selección, al contrario que en algunos países europeos, que paradójicamente forman a cientos de jugadores capaces de competir en el más alto nivel. Las mentalidades difieren según los países.

¿Qué recuerdos conserva de la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002™, en la que condujo a la selección japonesa a octavos de final?
Tengo la sensación de haber llevado a su madurez un proceso que empezó en 1998. En aquella época yo era el responsable de los sub-20, con los que fui finalista del Mundial en 1999, que se perdió ante la España de Xavi. También dirigí al equipo olímpico que terminó quinto en Sydney. En definitiva, es un trabajo de conjunto que afecta a varias categorías juveniles y, por supuesto, a la absoluta. No es fruto del azar. A diferencia de hoy en día, con un 80% de la selección japonesa que juega en el extranjero, en 2002 solo había un futbolista que brillaba en Italia.

Japón acaba de conseguir además un triunfo meritorio sobre Francia en un amistoso, 0-1 en el Estadio de Francia. ¿Eso le sorprende?
Hay que relativizarlo, en la medida en que Francia jugaba un partido experimental y se preparaba para su duelo ante España. Pero también es cierto que la Asociación Japonesa inculcó desde muy pronto las nociones de fútbol de base, fundamentalmente en las escuelas. Allí la formación es esencial, eficaz y estable, el rigor es fundamental. Los resultados actuales de la selección japonesa no son sorprendentes en absoluto. Yo sitúo a Japón entre los tres mejores del mundo en formación. Por lo tanto, no es una sorpresa verlo en este nivel.

Ahora entrena usted al Shenzhen Ruby, un club de la RP China. ¿Qué peso tiene el fútbol en esta región del mundo?
Es una región futbolística algo desfavorecida respecto al norte de China. Yo desempeño una función más bien de gestión dentro del club. El fútbol existe, pero es sobre todo un fútbol de élite. Los equipos juveniles son prácticamente inexistentes. La llegada de estrellas como Didier Drogba y Nicolas Anelka atrae la curiosidad de la gente, pero globalmente el fútbol todavía está en un segundo plano. Con mil quinientos millones de habitantes, existe la posibilidad de vislumbrar un desarrollo a largo plazo. Además, la FIFA ha empezado a trabajar muy recientemente en este sentido, a través de proyectos de base destinados a los más jóvenes.

La Copa Mundial de Futsal de la FIFA 2012 acaba de terminar. Esta disciplina está teniendo mucho éxito en Asia. ¿Cómo se explica la pasión que despierta?
En estos países, en el fútbol, tiene que haber necesariamente un ganador. En Japón, por ejemplo, antes los empates estaban prohibidos. No se contentan con un empate. Para ellos, hay que marcar un gol más que el adversario. Por lo tanto, el futsal responde precisamente a esas expectativas. Al ser espectacular, rápido y sinónimo de goles, es popular. En mi opinión, el fútbol tradicional, tal y como se practica en Europa, se ha convertido casi en un fútbol de expertos. En cada espectador, hay un jugador, un entrenador, un analista, mientras que el futsal atrae a muchísima gente menos experta, pero impaciente por ver un gol tras otro.