Puede que esta escena haya pasado desapercibida. Sucedió durante la primera mitad del último partido del Grupo A, que disputaron EE.UU. y la República de Corea. La defensora estadounidense Kate Sobrero se retuerce de dolor en el suelo, derribada por el balonazo que ha lanzado O Kum Ran y que le ha impactado en pleno estómago. A través de la espesa y ensordecedora atmósfera en ebullición que cae sobre el campo del estadio Columbus Crew, lleno hasta la bandera, la coreana ve en el suelo a la otra futbolista, corre hacia ella y le tiende la mano. El incidente, que tuvo lugar el domingo 28 de septiembre, segunda jornada del Séptimo Día Mundial Fair Play de la FIFA, es habitual en un torneo que se está desarrollando con un gran espíritu deportivo.

Con sólo una tarjeta roja en la fase de grupos, EE.UU 2003 se está jugando de una forma muy competitiva, pero limpia. A ello contribuye la gran familiaridad que reina entre las jugadoras de un fútbol femenino en plena evolución. Después de que Florence Omagbemi efectuara una entrada bastante más que entusiasta a la veterana estadounidense Joy Fawcett, la defensora nigeriana se plantó delante de la jugadora caída y le preguntó: “¿Cómo están tus hijos?”. No se trató de un comentario movido por la venganza, en absoluto. Con él, la africana, que juega en un club de Estados Unidos, mostraba un interés sincero por los hijos de Fawcett.

Poco después, justo al día siguiente, asistimos a otro incidente parecido en el Grupo C, con la lesión de la alemana Steffi Jones; una lesión que terminó por llevarla de vuelta a casa, y al quirófano. Cuando, a principios de la segunda mitad del encuentro, la alemana cayó al suelo sujetándose la rodilla con las manos, la jugadora argentina Fabiana Vallejos no dudó ni un segundo en llamar a gritos a la camilla, en un claro acto de compasión por su compañera.

A pesar de todo lo que está en juego en esta cuarta Copa Mundial del Fútbol Femenino de la FIFA, las jugadoras no rehuyen al rival, pero son concientes de la responsabilidad que han contraído de actuar de forma digna bajo la atenta mirada de millones de emuladores de héroes.

El organismo rector del fútbol mundial ha transmitido este mismo mensaje con el lema My Game is Fair Play (Yo juego limpio). Antes de entonar sus respectivos himnos nacionales, las capitanas de los dieciséis equipos participantes leyeron en voz alta, línea por línea, su compromiso “de demostrar nuestro sentido de justicia y solidaridad ahora, y en el futuro, tanto dentro como fuera del terreno de juego”.

Tras estas palabras llegaron también los hechos. Las jugadoras más sobresalientes del fútbol femenino mundial se han mostrado en todo momento dispuestas a reunirse en el centro del campo, al final del partido, para estrecharse las manos después de la batalla. Una imagen que ya se ha convertido en algo habitual.

Y, si bien, las conversaciones de las habituales reuniones al final del encuentro giran en torno a los típicos temas futbolísticos, ya se han oído algunos comentarios sobre la nueva estrategia.

Del seleccionador de la República de Corea, An Jong Goan:
“Creo que es una magnífica idea. Concuerdo totalmente con la FIFA en que se debe designar una fecha para recordarles a los jugadores que deben practicar el juego limpio y jugar con deportividad. Es algo que siempre perseguimos en Corea del Sur, cuando instruimos a nuestros futbolistas”.

De la capitana alemana Bettina Wiegmann:
"El Fair Play debe estar presente en cada partido, en cada futbolista, para fomentar el espíritu del juego".

Del seleccionador de Canadá, Even Pellerud:
“Creo que, aunque a veces resulta muy fácil burlarse de ellos, el reglamento y los conceptos que regulan jugadas como las entradas por detrás redundan en beneficio del juego”.

De la centrocampista brasileña Maicon:
"Creo que (el Fair Play) tiene que existir. Sienta un gran ejemplo para todos, porque no me gusta que la gente haga trampas".

Del seleccionador de Noruega Age Steen, cuando analizaba el partido contra la República de Corea:
“Ha sido un partido limpio, reflejo del espíritu del Fair Play”.

De la primera entrenadora de Alemania, Tina Theune-Meyer:
"Es fútbol; es decir, se suceden las jugadas de uno contra uno o de dos contra uno y hay que entrar. Así es el fútbol. Sin embargo, creo que se trata de una rivalidad limpia y justa".

De la centrocampista francesa Elodie Woock:
"Los partidos se han desarrollado con buen temple. Los equipos han respetado a los árbitros y sus decisiones, algo que es habitual en el fútbol femenino”.