Es probable que el fútbol nunca haya gozado de tanta popularidad como hoy en día. Sin embargo, también es cierto que la imagen de algunos futbolistas de elite se ha visto en ocasiones enturbiada por muchas críticas a sus estilos de vida.
En muchos países, la práctica de denostar al futbolista ha llegado a causar casi tanto furor como el propio fútbol, con críticos prestos a tachar a las estrellas que ganan salarios con cifras mareantes de ególatras derrochadores, resueltos a sacar todo el jugo posible al aficionado de a pie para su propio lucro egoísta.
Con todo, a pesar de los titulares negativos, son pocos los jugadores que no se toman en serio la responsabilidad de utilizar su riqueza y prestigio para hacer un mayor bien. En realidad, la mayoría prefiere mantener en secreto ese aspecto de su vida privada, tanto si sus buenas acciones se destinan a invertir una gran cantidad de su propio tiempo y dinero en proyectos benéficos, o simplemente a visitar aficionados en hospitales infantiles.
Sin embargo, hay algunos casos tan espectaculares que, sencillamente, no pueden evitar ser noticia, así como otros donde la publicidad que genera el propio jugador es esencial para optimizar la eficacia de la labor que se está llevando a cabo. Un ejemplo reciente se dio apenas la semana pasada, cuando Stephen Appiah, centrocampista de la selección ghanesa y del Fenerbahçe, dio a conocer su propia colección de ropa de diseño exclusivo. En este caso, todas las ganancias irán a parar a la StepApp Foundation, una organización benéfica de raigambre que trabaja para proporcionar seguros médicos y servicios sanitarios en algunas de las zonas más necesitadas de África.
Afortunadamente, Appiah no es más que un ejemplo de la gran cantidad de jugadores africanos que, pese a encontrar fama y fortuna en Europa, nunca han perdido de vista a los que dejaron atrás en la miseria. En Nigeria, por ejemplo, la Joseph YoboCharity Foundation, a la que da nombre el defensa central del Everton, ha repartido más de 300 becas de enseñanza, por no hablar de la academia de fútbol que ha fundado en la comunidad nigeriana de los Ogoni.
En el caso de Nwankwo Kanu, mientras tanto, podría decirse que es casi tan famoso actualmente por sus obras filantrópicas como por su fútbol, tras haberse pasado más de siete años promoviendo la KanuHeartFoundation, una organización de enorme éxito centrada en las enfermedades coronarias. Inspirado por su propio defecto cardiaco que le hizo ver de cerca la muerte, el delantero del Portsmouth (que es también un Embajador de Buena Voluntad de UNICEF), ha hecho que más de 1.000 niños (250 sólo el año pasado) pudieran viajar al extranjero para salvar su vida con una intervención quirúrgica. "Siempre permaneceré activo en la fundación", prometió. "Salvar una vida ya es mucho, así que salvar 250 en un año... eso vale más que ganar trofeos".
Responsabilidad social en Sudamérica
Es cierto que los africanos brindan un punto de partida ideal
a la hora de fijarse en futbolistas caritativos, pero si existe
otro continente que sobresale igual de orgulloso en ese sentido,
ése es Sudamérica. De hecho, hay simplemente demasiados ejemplos
extraordinarios que enumerar en dicha región y se extienden por
todos los países, desde algunos de los jugadores menos conocidos
del continente hasta auténticos colosos del fútbol moderno como
Ronaldo y Ronaldinho.
La labor del primero junto a Zinédine Zidane para promover el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ya es de sobra conocida, por supuesto. El segundo, por su parte, regresó a sus orígenes el año pasado en Rio Grande do Sul para crear el Instituto Ronaldinho Gaúcho, destinado a educar a los niños desfavorecidos por medio del deporte. "Sé lo que se siente cuando la vida no es fácil, cuando se sufre; y por eso nunca he rechazado una oportunidad de ayudar", afirmó el símbolo del Barcelona, que se crió en el barrio de Vila Nova, en Porto Alegre. "Soy consciente de dónde vengo y siempre pensaré en esta gente".
El entrenador de Ronaldinho en la Canarinha, Dunga, y un gran número de sus compañeros de selección también están comprometidos de lleno en actividades similares. Así, Gilberto Silva ha abanderado la "Street League", una liga callejera benéfica que utiliza el fútbol para ayudar a los sin techo, una labor que el centrocampista del Arsenal resaltó que "no tiene precio". FIFA.com ya hizo también un reportaje sobre la Fundación Golde Letra, creada por Leonardo y Raí; una organización con 70 empleados que ayuda a mejorar las vidas de 1.400 niños desfavorecidos en São Paulo y Río de Janeiro a través de la educación.
En cualquier caso, la existencia de conciencias sociales muy profundas no se limita a Brasil. Faryd Mondragón, guardameta colombiano del Colonia, supervisa la creación de una escuela de fútbol en su Cali natal, que ofrece instalaciones deportivas y educación social a más de 100 jóvenes. En Argentina, mientras tanto, Javier Zanetti ha fijado el listón caritativo más alto posible. Primero, creó la Fundación PUPI ("Por Un Piberío Integrado") para ofrecer educación y alimentación a los niños pobres. Después, se asoció con Esteban Cambiasso, compañero en el Inter de Milán, para crear otra organización benéfica: Leoni di Potrero, destinada a ayudar a los jóvenes inadaptados socialmente. Zanetti, que también es embajador de la FIFA para el proyecto de Aldeas Infantiles SOS en Argentina, declaró acerca de su labor: "Siempre debe haber valores en el seno del deporte. Siempre he creído que nuestros actos públicos tienen que tener en cuenta nuestra responsabilidad social".
Asimismo, resulta imposible detallar las buenas acciones de los futbolistas en Sudamérica sin reconocer la aportación de Ecuador. Allí, Iván Hurtado ha creado una fundación en Esmeraldas que da alojamiento a más de 150 niños sin hogar, y Ulises de la Cruz ha financiado proyectos que van desde un sistema de tratamiento del agua hasta un centro de salud en su propio pueblo, Piquiucho. Clarence Seedorf también es digno de mención por financiar escuelas y centros deportivos en Brasil y en su país natal, Surinam, a través de su fundación Champions for Children ("Campeones para los niños"). El internacional holandés hizo hincapié en que quiere "marcar la diferencia en el mundo para ir a mejor".
El éxito de Aldeas Infantiles SOS
La decisión de Seedorf de mirar a Surinam en vez de a un
país comparativamente más rico, Holanda (donde empezó a hacerse
famoso), es totalmente comprensible. Análogamente, la posición
privilegiada de la que gozan muchos países europeos supone que la
labor benéfica de los futbolistas del Viejo Continente tienda a
acaparar menos titulares. Hay excepciones, no obstante, como la del
guardameta irlandés Shay Given, que ha recaudado más de 2 millones
de libras para Cancer Research (organización para la investigación
del cáncer), o su compatriota Niall Quinn, que ha donado en su
totalidad a obras benéficas el millón de libras recaudado en su
partido de homenaje.
El Tottenham Hotspur, entretanto, figura a la vanguardia en las aportaciones de clubes, tras haber invertido más de 4,5 millones de libras en la Tottenham HotspurFoundation. El conjunto londinense también está colaborando con Aldeas Infantiles SOS en un programa por el que las multas de los jugadores van a parar directamente a un proyecto en Rustenburg (Sudáfrica). La relación de la propia FIFA con esta organización benéfica concreta se remonta a casi 13 años. Dicha colaboración alcanzó su punto culminante el año pasado con la campaña "Seis aldeas para 2006" (apoyada por jugadores de la talla de Andriy Shevchenko, Fabio Cannavaro, Wayne Rooney y Ruud van Nistelrooy), que recaudó la friolera de 25 millones de euros.
La arrolladora e inmediata respuesta al tsunami de 2004 fue otro ejemplo perfecto de que la familia del fútbol no suele fallar cuando se presenta la necesidad. En efecto, aunque es poco probable que los futbolistas logren sacudirse su imagen de deportistas mimados, está claro que a pocos se les puede acusar de hacer la vista gorda con los que no tienen tanta suerte como ellos.
