Todas las guerras traen consigo horrores sin fin. Pero, algunas veces, la capacidad que posee el ser humano para superar tanta atrocidad nos brinda hazañas impactantes y ejemplares, epopeyas que trascienden del campo de batalla.
Dennis Parker es el héroe de una de ellas. Tiene 33 años y es de Tubmanburg (Liberia). En 1990, a sus escasos 16 años de edad, se vio obligado a tomar las armas en el bando de la guerrilla antigubernamental que lideraba Charles Taylor. Vivió los últimos tres años de su adolescencia como guerrillero del Frente Patriótico Nacional para la Liberación de Liberia. Parker quedó mal herido en la pierna derecha durante una escaramuza callejera. Un año después, le amputaron la pierna justo por debajo de la rodilla, aunque siguió luchando con la guerrilla durante cuatro años más. Al final, acabó mendigando por las calles.
Ahora es una gran figura: el astro goleador de la Asociación Deportiva de Mutilados de Liberia (LASA, en sus siglas en inglés), uno de los seis equipos que agrupan a un total de 150 jugadores, casi todos ellos, como el propio Parker, víctimas de la guerra civil que asoló el país africano.
En este inhóspito escenario de odio, rencores y recelos, un hombre tuvo el mérito de recurrir al deporte como vehículo para paliar la situación en la que se encontraban muchos mutilados de guerra. Ese hombre digno de encomio es el reverendo Robert Karloh, un pastor pentecostal que había comprobado en la vecina Sierra Leona los efectos terapéuticos que tiene el fútbol en las personas con miembros amputados.
Con gran paciencia y habilidad negociadora, Karloh persuadió a Parker y a otros cien mutilados más para que pusieran fin a su ocupación del edificio donde antiguamente se encontraba el cuartel general de Taylor e intentaran reconstruir sus vidas con la ayuda del deporte.
Karloh convenció a un desconfiado, hambriento y, al principio, incluso agresivo Parker de que lo ayudara a fundar el club LASA. El nuevo equipo disputó su primer partido, que se saldó con una derrota, contra un conjunto de Sierra Leona. El pasado febrero, sin embargo, los representantes de Liberia se proclamaron subcampeones del primer Campeonato Africano de Fútbol para Amputados, celebrado en Freetown. El triunfo indujo al gobierno de Estados Unidos a donar al club asistencia médica y equipamientos futbolísticos por valor de 30,000 euros.
Liberia perdió aquella vibrante final (4-3) contra el combinado de Ghana del delantero Collins Gyamfi, máximo goleador del campeonato con un total de diez goles. El sierraleonés Amadu "Bob Jones" Kamara fue elegido mejor jugador de certamen.
El llamado fútbol para amputados se rige por reglas particulares. Los jugadores de campo tienen una sola pierna y los guardametas un solo brazo. Se incurre en una pena máxima cuando el balón toca la muleta de un defensa o el muñón del guardameta en el interior o en los alrededores del área de gol. La meta mide la mitad que una portería estándar de fútbol.
Parker y sus compañeros de equipo están muy agradecidos con el deporte rey por una razón muy especial. La guerra civil, que duró aproximadamente 13 años, dejó la economía liberiana totalmente desmantelada y a la población enormemente empobrecida. Prácticamente ha desaparecido la compasión por el prójimo; no digamos ya por los mutilados de guerra, cuyas heridas delatan su antigua condición de niños soldados.
Parker admite: "La gente trata a los mutilados como si fueran malas personas, como a animales. Cuando acabaron los enfrentamientos, éramos miles, una turba, por las calles. No teníamos a donde ir ni a nadie que se hiciera cargo de nosotros. El fútbol hizo que nos sintiéramos... digamos... como nuevos. Y me ha servido para ir a sitios que jamás habría visitado si no hubiera sido por él".
"He estado en Freetown, en Sierra Leona; he visitado Europa, concretamente Rusia. Cuando voy por la calle, la gente me reconoce. Estamos vivos otra vez. Antes, los taxis no se paraban para montar a un inválido, porque los conductores creían que nosotros habíamos sido responsables de las muertes de sus familiares. Pero la situación ya está cambiando, poco a poco".
El fútbol por la reconciliación
Karloh comenzó a colaborar con el movimiento
africano del fútbol para amputados a raíz de su trabajo como
Subdirector para el Desarme. El reverendo opina que el éxito y la
notoriedad de los jugadores no son tan sólo resultado de un trabajo
social: son, además, un exponente del proceso de reconstrucción
nacional.
"La condición de mutilado es una lacra", asegura. "La gente tiende a rechazar a estos hombres que combatieron en una guerra que desgarró el país. Ahora, todo el mundo viene a verlos jugar al fútbol y a auparlos en los partidos. Con eso quieren decirles: 'Os perdonamos'. Es una forma de cerrar las heridas".
"Por ejemplo, aquí hay hombres que han luchado en bandos contrarios y que ahora juegan en el mismo equipo", añade con una sonrisa.
Los futbolistas con miembros amputados de Liberia juegan en armonía, y lo suficientemente bien como para clasificarse para la Copa Mundial de Fútbol para Amputados que se celebrará en Turquía. Se trata de una de las seis minusvalías que "poseen" competiciones internacionales propias. Las demás categorías son: ceguera, parálisis cerebral, sordera y problemas de audición, visión parcial y problemas del aprendizaje.
Jeff Davis, Director para el Desarrollo Nacional del Fútbol de Discapacitados de la Asociación Inglesa de Fútbol, ha comentado: "Cuando comenzamos en 1999, nuestro objetivo principal era ofrecer a todos la oportunidad de fomentar al máximo sus aptitudes. Es cierto que se centraba en el fútbol municipal y provincial, pero también se podía ampliar para abarcar la trayectoria del jugador y, en última instancia, llegar hasta uno de los equipos de la elite nacional".
Un mundo separa el contexto inglés y europeo en el que trabaja Davis de las circunstancias y el entorno de la Liberia devastada por la guerra en la que se encuentra Karloh. Pero las palabras de Davis están en perfecta sintonía con el sentir del reverendo: "Antes de entrar en la asociación, trabajaba para una organización dedicada a los discapacitados y pude comprobar que el deporte tiene el poder de repercutir muy favorablemente en estas personas".
En el caso de Dennis Parker y sus compañeros liberianos, este poder está ayudándoles a recuperar el respeto de sus paisanos. La algarabía de los estadios de fútbol ha ahogado por fin el violento y colérico martilleo de los rifles AK-47.
Para expresarlo con las mismas palabras que Dennis Bright, Ministro de Deportes de Sierra Leona, dedicó a los jugadores participantes en el Campeonato Africano de Fútbol para Amputados: "Habéis demostrado al mundo que nos sois ciudadanos de segunda clase, sino auténticos héroes".

