Ekaphan y Ekapong Suratsawang se han incorporado a la lista de gemelos erigidos en ídolos deportivos de Tailandia. Los dos hermanos, de 21 años, son figuras de la selección nacional de futsal: hay que destacar que el fútbol sala es la versión oficial de la FIFA del fútbol-cinco y se ha convertido en el deporte preferido en Tailandia.
Los tailandeses están locos por el fútbol. Cada semana se los puede encontrar pegados a sus televisores, viendo partidos de la Premier League inglesa y vistiendo camisetas del Manchester United y el Liverpool (y no hay nadie tan aficionado como el ex Primer Ministro tailandés, Thaksin Shinawatra, el nuevo propietario del Manchester City). Sin embargo, a pesar de su gran entusiasmo por este deporte, los tailandeses nunca han tenido mucho éxito en el fútbol-once, y actualmente ocupan el puesto 117º en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola.
El futsal, sin embargo, es otra historia, y se trata de una modalidad en la que sí sobresalen. Hay más de 10,000 equipos en Tailandia, y parte del éxito de este deporte se debe a que puede jugarse en un espacio reducido (que puede ir desde un polideportivo cubierto hasta una pista de tenis, pasando por un aparcamiento para coches o una calle lateral). En realidad, se puede sacar una cancha de fútbol sala casi de cualquier parte.
A menudo, los niños y jóvenes más pobres no pueden permitirse comprar un esférico en condiciones, y se las apañan con balones baratos de plástico, o incluso con pelotas de tenis. Sin embargo, juegan durante horas, puliendo esa técnica que hace a los tailandeses tan buenos en esta modalidad. Por lo general, no son gente muy alta, pero la altura es lo de menos en una disciplina donde el buen equilibrio, la velocidad explosiva y la habilidad para revolverse y driblar con rapidez se adapta a la perfección al físico de los tailandeses, fibroso y ágil.
La popularidad del fútbol en Tailandia se remonta a la década de 1950, pero cuando el futsal despegó de veras fue cuando su selección nacional se hizo con los servicios del entrenador brasileño Glaucio. El actual seleccionador, Pattaya Piemkum, concede todo el mérito a su antecesor: "Él impuso sistemas de entrenamiento adecuados por lo que respecta a la forma física y al trabajo con pesas, al tiempo que enseñó nuevas técnicas y tácticas", señaló el preparador de 39 años, que, a su vez, hace muy poco que dejó de jugar al futsal como internacional.
Tailandia es actualmente la principal potencia del fútbol sala en Asia, ocupa el sexto lugar en la clasificación mundial y ha accedido a dos fases finales de la Copa Mundial de Futsal de la FIFA, en 2000 y 2004 (y seguramente acudirá también a la edición de 2008, en Brasil). En sus pabellones cubiertos se disputan competiciones serias y a los tailandeses les encantan, porque el aire acondicionado favorece un ambiente fresco y mucho más agradable para el espectador que bajo las sofocantes temperaturas de 30-40º y la alta humedad que ofrece un estadio al aire libre.
Los "gemelos del futsal"
Siam era la antigua denominación de Tailandia y, como todos
sabemos, a los gemelos que nacen unidos por alguna parte de su
cuerpo se les conoce comúnmente como "hermanos siameses".
Dicho término tiene su origen en Chang y Eng, que nacieron en 1811
unidos por el pecho. Los dos siameses adquirieron fama
internacional, recorrieron el mundo e incluso se casaron con dos
hermanas, fueron padres de varios hijos y vivieron hasta los 63
años.
Por eso, los gemelos ocupan un lugar especial en el corazón de este país, y en especial los deportistas gemelos. Primero estuvieron, en la década de 1970, los gemelos "Thaiphoon" [juego de palabras fusión de Thai, "tailandés", y Typhoon, "tifón"]: Surapong y Supanus Ariyamongkol, dos velocistas olímpicos. En los 80 estaban los "gemelos campeones del mundo", Khaosai y Khaokor Galaxy, los dos únicos gemelos de la historia que han ostentado un cinturón de campeón mundial de boxeo al mismo tiempo. En la actualidad, los "gemelos del tenis", Sonchat y Sanchai Ratiwatana, se lucen en el circuito de dobles de la ATP; y ahora, los "gemelos del futsal" se han convertido en los últimos héroes deportivos de Tailandia.
Ekaphan, a quien se conoce como "Balón", es, por un minuto, mayor que Ekapong. El "menor" de los Suratsawang, al que se conoce como "Chico", todavía vive en el mismo piso del centro de Bangkok donde ambos crecieron. Los dos llevan juntos dándole patadas al balón desde que sabían andar y llevan jugando al fútbol con regularidad desde los 7 años, a menudo durante tres o cuatro horas al día (tanta es su pasión por este deporte). El fútbol sala llegaría más tarde, a los 15 años, cuando estudiaban en la Escuela Patumkongka. Allí fue donde llamaron la atención por primera vez de los técnicos y ojeadores.
Los dos hermanos juegan en el Chonburi Blue Wave, de la liga tailandesa de futsal. Ekapong, el más joven, fue convocado con la selección nacional hace dos años, y Ekaphan se le unió un año después. "Tener un hermano gemelo que practica el mismo deporte que tú es algo muy positivo", comentó Ekapong. "Me ayuda a mejorar la técnica, porque siempre estamos juntos y llevamos jugando en los mismos equipos desde que íbamos al colegio. Nos entrenamos juntos y, además, nos sabemos de memoria cómo juega el otro".
A ambos les gusta el fútbol sala por su ritmo rápido, y porque
los goles son frecuentes y se pueden marcar de varias formas y con
técnicas diversas (algo que resulta motivador para los jugadores y
entretenido para los aficionados). Además de jugar en la selección,
los dos gemelos también utilizan sus conocimientos para dar algo a
cambio a la comunidad que los vio crecer.
Así, han estado enseñando la técnica del fútbol sala a los
chiquillos de su barrio. "Hemos jugado aquí desde que el campo
todavía era únicamente de tierra; y a veces jugábamos descalzos.
Sólo hace poco que lo han convertido en una cancha de cemento y lo
han pintado", señaló Ekaphan.
"Quiero que los niños puedan mejorar su situación jugando
al fútbol sala, porque no tienen las mismas oportunidades que los
chavales más ricos", añadió. "Para nosotros es preferible
gastar el tiempo en darles clases antes que en cosas innecesarias,
y eso me hace feliz".
Adisak Benjasiriwan, coordinador del futsal en la asociación
nacional, está convencido de que el fútbol sala trae muchos
beneficios. El directivo tailandés quiere que todo el mundo tenga
la oportunidad de jugar y, junto con la Asociación Tailandesa de
Fútbol, ha estado colaborando con las autoridades locales de
Bangkok para crear más canchas de fútbol sala (incluso, bajo los
enormes pasos elevados característicos de las grandes urbes
superpobladas y llenas de atascos). "Hemos estado colaborando
con el departamento metropolitano de obras públicas y se han creado
canchas por debajo de la red de autopistas. Ahora mismo hay más de
20 sitios en Bangkok con instalaciones para practicar el
futsal", explicó.
"Les convencimos de que el fútbol sala es un deporte bueno para los jóvenes; los mantiene alejados de las drogas, las pistolas, la delincuencia y otras cosas malas. Cuanto más jueguen al futsal, menos tiempo tendrán para meterse en problemas", concluyó Benjasiriwan.
Sin duda, unas palabras que suenan como un magnífico ejemplo a seguir por otras ciudades.

