La escuela Isaac Booi es un sencillo edificio de ladrillo, de dos plantas, que se levanta en la ciudad sudafricana de Zwide, un municipio de Puerto Elizabeth. Es la una de la tarde y las clases están vacías, pero el patio del colegio es un bullicio de niños. Entre la multitud de uniformes granates, destacan unas cuantas camisetas de color amarillo chillón. Los que las llevan son los monitores de Grassroot Soccer, un programa que imparte instrucción a los más jóvenes sobre el fútbol y la prevención del VIH/SIDA.

Su director, Kirk Friedrich, puso en marcha Grassroot Soccer en Zimbabue en 2002, después de que algunos de sus amigos, jugadores de fútbol como él, murieran de SIDA. "La idea era programar un currículo basado en el fútbol, para impartir conocimientos y sensibilizar sobre el VIH/SIDA. El fútbol atrae a los chiquillos, y es muy fácil trasladar su mensaje a la vida", asegura Kirk.

El programa combina teoría social, métodos de salud y sanidad pública, evaluación rigurosa y una dosis enorme de pasión. "Formamos a futbolistas profesionales para que impartan conocimientos sobre esta afección y consigan concienciar a la gente de que la prevención es imprescindible. Al mismo tiempo, los preparadores se convierten para los niños en modelos a seguir, un concepto muy poderoso cuando se trata de fomentar cambios de conducta".

Después de evaluar el proyecto piloto en Zimbabue y de efectuar algunos retoques en el currículo, el programa se amplió a otros países. Sudáfrica presenta una tasa de prevalencia de la enfermedad ligeramente superior al 11% en el total de la población, y el índice de mortalidad por causa del VIH/SIDA en zonas como Zwide (Puerto Elizabeth) alcanza casi el 40%. Desde marzo de 2006, Grassroot Soccer se ha introducido en el sistema educativo y en los programas de actividades extraescolares, y ha reclutado y capacitado como personal docente para su currículo a unas 100 personas, que hasta la fecha han instruido aproximadamente a 3.000 escolares.

La emoción se respira en el ambiente. Los niños se dan la mano, con el entusiasmo y la concentración reflejados en el rostro, y se unen hasta forma un círculo de energía. Corean los cánticos que inician sus preparadores y baten las palmas al ritmo de: "¡Siyahamba, allá vamos!".

"Con el círculo de la energía, se preparan para las actividades con la mentalidad apropiada", explica Siyavuya Ntabeni, de 23 años, uno de los 13 coordinadores del proyecto, antes de pedir al grupo que se organice para empezar el siguiente juego, que se llama "Busca la pelota". Los jóvenes se ponen, hombro con hombro y frente a frente, en dos filas. Siyavuya les presenta la pelota del VIH/SIDA, en realidad una pelota de tenis, y la entrega al primer equipo, cuyos miembros se la pasan a escondidas por la espalda, mientras intentan que nadie sepa quién la tiene. El equipo rival intenta adivinar qué jugador está pasando la pelota, pero no lo consigue. Dieciséis pares de ojos se clavan en Siyavuya mientras el docente explica el mensaje que pretende transmitir el juego: "De la misma manera que no habéis podido adivinar quién tenía la pelota, no podéis saber si una persona tiene VIH/SIDA con sólo mirarla. Por eso, sólo os enteraréis de la presencia de la enfermedad si os hacéis un análisis".

Uno de los mayores problemas consiste en que la comunidad señala con el dedo a los enfermos y los margina. "Si tienes esa enfermedad, la comunidad te da la espalda", les explica el monitor. Grassroot Soccer lucha por derribar tabúes y proporcionar a los niños, desde que son muy pequeños, conocimientos sobre el VIH/SIDA. Los chicos se divierten con los juegos, pero con mucha disciplina; el aprendizaje estructurado a través de la participación activa en el deporte supone una experiencia completamente nueva para los niños. "Antes de que un grupo comience el programa de ocho semanas, firmamos un contrato con todos sus integrantes. Comentamos el significado de nuestros valores principales, que son el respeto al prójimo, sentirnos cómodos con lo que hacemos, participar en las actividades y compartir nuestras experiencias", explica Siyavuya.

En la espada de la camiseta, el monitor lleva estampada la frase: "Usemos el poder del fútbol para luchar contra el VIH/SIDA". Grassroot Soccer significa mucho más que jugar al balón. Representa la imagen del deporte, su capacidad para crear vínculos de unión entre los pueblos y la magia del juego que atrae a los niños al programa. Y ahora que Sudáfrica se prepara para la Copa Mundial de la FIFA 2010, los niños están más sensibilizados que nunca por el fútbol.

"El fútbol es un idioma universal, gusta a los hombres y a las mujeres de todas las edades, y es fácil", asegura Siyavuya. "Jugar al fútbol no requiere demasiados recursos, sólo necesitas tener cualquier cosa a la que puedas dar patadas. Además, a los chavales les encanta la idea de formar parte de un equipo, y entienden el idioma del fútbol. Ésa es la razón de que usemos un buen surtido de analogías durante las lecciones".

Kirk Friedrich colabora estrechamente con Football for Hope, un movimiento mundial que fundaron la FIFA y streetfootballworld, cuyo objetivo es el fomento del desarrollo en todo el mundo a través del deporte rey y colaborar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Friedrich ha declarado: "Contar con el respaldo de la FIFA resulta inmensamente útil para Grassroot Soccer. Nos ha ayudado a mejorar nuestros programas y también ha añadido su toque de calidad a nuestro trabajo y su reconocimiento en todo el mundo".

Lungi es una más entre los 200 niños que actualmente participan en Grassroot Soccer en Zwide. El SIDA se ha llevado a los padres de esta pequeña de 12 años. A Luigi la está criando su hermana en el seno de una familia numerosa. "El programa Grassroot Soccer me enseña a ser fuerte y a saber que no soy la única que se ha quedado sin padres por culpa del VIH", son sus conmovedoras palabras. "Mi juego preferido es uno que se llama "decisiones" y que nos enseña a decidir por nosotros mismos. Hay cosas con las que puedes quedarte y otras que debes evitar".

Lungi se inscribió en la liga de fútbol callejero de Grassroot Soccer en julio. La liga se disputa dos veces por semana en el complejo deportivo Imbewu y está abierta a los jóvenes de edades comprendidas entre los 10 y los 18 años. Siyavuya, la persona que la reclutó para Grassroot Soccer, considera que Lungi es una alumna muy receptiva. "Puede llegar muy alto en esta vida y convertirse en un ejemplo para los demás", asegura.

En julio, cuando 22 integrantes de Grassroot Soccer resultaron elegidos para escoltar a los jugadores del partido especial "90 minutos por Mandela", con el que la FIFA celebró el 89º cumpleaños del dirigente sudafricano, Lungi se encontraba entre los afortunados. La joven escoltó hasta el terreno de juego nada más y nada menos que al legendario Pelé. Una mueca de retraimiento se dibuja en su rostro cuando recuerda aquella noche, como si caminar al lado del rey del fútbol no fuera motivo de orgullo. Puede que para ella sea una aventura chiquita, comparada con todo lo que le ha tocado vivir en tan pocos años. "Me han pasado muchas cosas", asegura muy seria. "Grassroot Soccer me ha ayudado a seguir adelante. Me prepara para seguir adelante con mi vida".

"Lungi es una persona muy fuerte, porque ha crecido sin padres", comenta Siyavuya. "El programa le ha enseñado que siempre habrá algún padre que cuide de ella, aunque no sea el tuyo".

Cerca del colegio Isaac Booi está el hospital Dora Nginza, un gran complejo sanitario situado a las afueras del municipio de Zwide. El doctor Mlulami Mabandla es el Director Médico de Pediatría de Dora Nginza, la clínica precursora de la provincia en el suministro del tratamiento antirretroviral. El doctor Mabandla trata diariamente una media de 30 a 40 niños infectados con VIH. El médico está muy animado por los progresos que ha realizado la clínica. "Actualmente estamos consiguiendo dispensar el tratamiento antirretroviral a la mayoría de las personas que lo necesitan", explica. "Pero estamos atrasado en la prevención". Para el doctor Mabandla es evidente el éxito que ha tenido Grassroot Soccer con su currículo orientado hacia la acción. "A los niños no les gustan que les den órdenes. Responden mucho mejor en las situaciones informales, donde la educación se les presenta como un juego".

Mientras el país se encamina hacia la Copa Mundial de la FIFA 2010, Kirk, Siyavuya y el resto del equipo de Grassroot Soccer trabajan para compartir con más organizaciones su currículo basado en el fútbol y llegar a tantos niños como sea posible. En un estudio de 2006 sobre las repercusiones demográficas del VIH/SIDA en Sudáfrica, el Centro de Investigaciones Agropecuarias de Ciudad del Cabo predijo que la cifra de personas infectadas con el VIH en 2010 sería ligeramente superior a los 5,8 millones, en una población de aproximadamente 49 millones.

Con comentaba Lungi: en la vida, hay cosas con las que puedes quedarte y otras que debes evitar. El fútbol está ayudando a los jóvenes sudafricanos a tomar las decisiones más acertadas.