"Si tuvieras que abordar a algunas de las figuras del fútbol mundial y preguntarles quiénes tuvieron una gran influencia en sus vidas, al principio empezarán con un maestro de primaria, un entrenador de un club juvenil... no necesariamente ningún profesional del fútbol, sino alguien que los puso en el camino correcto en cada momento a lo largo de su carrera", afirmó Jack Gallagher, uno de los técnicos futbolísticos más distinguidos.
Durante 40 años, Gallagher ha sido uno de esos que tuvieron "una gran influencia" en algunos de los mejores entrenadores y jugadores de todo el mundo. Como asesor técnico de la FIFA, ha ayudado a desarrollar algunos de los programas de entrenamiento futbolístico más exitosos y ha llegado a trabajar con entrenadores de 35 países, desde China hasta Egipto, pasando por Indonesia o Sudán.
El propio Gallagher no practicó este deporte de una forma organizada hasta que recaló en un centro de enseñanza para entrenar como profesor de educación física, en la década de 1950. Y menciona a Gibby McKenzie, un célebre jugador escocés y entrenador en Irlanda del Norte por entonces, como su "gran influencia". McKenzie enseñó al joven Jack el valor de entrenar cuando otros no supieron reconocer su importancia.
Gallagher empezó como entrenador de fútbol mientras daba clases, y uno de sus discípulos fue Sammy McIlroy, que jugó en el Manchester United y en la selección de Irlanda del Norte, y llegó a ser el seleccionador de su país durante un tiempo. Pero Gallagher quería más, y se formó para convertirse en un entrenador plenamente cualificado en Inglaterra, con el título superior. En 1980 pasó a ser monitor técnico de la FIFA, dentro de su vasto programa de desarrollo.
"Hace muchos años, los jugadores simplemente corrían dando vueltas al campo como método de entrenamiento; en ningún caso se veían sometidos a situaciones prácticas, ensayando ejercicios tácticos o cosas por el estilo... era muy poco profesional", observó. "La gente nace con dones como el sentido del ritmo, el equilibrio, la velocidad y la coordinación, pero los jóvenes necesitan divertirse para que los primeros entrenamientos puedan concentrarse en los conocimientos técnicos, de modo que sepan sacarlos a relucir en un encuentro. Cuando llegan a los 14, 15, 16 años, ya puedes desarrollar su sentido táctico. Y con más de 16 años, cuando están más o menos desarrollados del todo, tienes que pensar en su acondicionamiento físico".
"Creo que antiguamente se hacían las cosas un poco al tuntún en lo relativo a jugadores con talento, como George Best. Él fue el primer futbolista mediático. Nació en Irlanda del Norte y firmó con 16 años por el Manchester United, pero entonces la gente no tenía experiencia sobre cómo manejar a un futbolista mediático. Fijémonos en otro ex jugador del Manchester United, David Beckham, y vemos que eso ha cambiado. Como ocurre con Beckham, si quieres triunfar tienes que quererlo a toda costa, y tienes que estar preparado para trabajar en pos de ese éxito. Hace falta un 95% de esfuerzo y un 5% de inspiración".
Otra superestrella cuyos logros pueden atribuirse a una ética de trabajo impresionante es Luís Figo, a quien Gallagher considera un magnífico ejemplo para los jóvenes jugadores. "Quiere asimilarlo todo y aprender de sus experiencias; y está claro que, cuando juega, es uno de los futbolistas mejor pulidos en cuanto a saber leer lo que pasa en el campo en cualquier momento dado", resaltó.
Modestamente, Figo advirtió que muchos de sus compañeros de equipo en categorías menores eran mejores que él. "Puedes tener mucho talento individualmente pero, aun así, no plasmarlo", avisó. "Con la habilidad técnica no es suficiente; tienes que acompañarla con dedicación y esfuerzo para diferenciarte del resto".
A sus 35 años, Figo sigue jugando al máximo nivel en el Inter de Milán, tras haber acumulado 127 partidos internacionales con Portugal y haber ganado el premio al Jugador Mundial de la FIFA en 2001. El extremo luso atribuye su éxito a la experiencia que adquirió en categorías menores, cuando ayudó a Portugal a quedar tercero en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA Escocia 1989 y, dos años más tarde, a ganar la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en su propio país.
"Aquellas competiciones fueron de suma importancia para mí, porque disfruté de la experiencia de ir pasando por la selección nacional en todas sus etapas", prosiguió. "Esos campeonatos resultaron una experiencia fantástica, y me ayudaron a irme formando como jugador profesional. De hecho, creo que mi actuación en el Mundial Sub-20 de Portugal me sirvió para subir al primer equipo del Sporting de Lisboa, porque la gente empezó a fijarse en mí. Jugar en competiciones prestigiosas y contra otros países facilita dar el paso al fútbol profesional".
Las competiciones de la FIFA figuran, por supuesto, en la cúspide de la pirámide, pero hay otros cuantos torneos de categorías menores donde los jóvenes pueden experimentar lo que es la competición internacional. Uno de ellos es la Milk Cup, que lleva 25 años disputándose en Coleraine, en Irlanda del Norte, donde puede encontrarse a Gallagher transmitiendo su sabiduría a los jóvenes del cercano Condado de Down.
"Llegado un momento, tienes que exponer a tus jugadores, y en especial a tus jugadores de mucho talento, a la olla a presión de la competición internacional", señaló el técnico. "Sólo jugando a un nivel cada vez mayor podrán adquirir los conocimientos tácticos que necesitan para ser realmente excepcionales".
El prestigioso certamen atrae a equipos de todo el mundo; uno de ellos, el Manchester United. El entrenador del "grande" inglés, Alex Ferguson, llegó a describir a la Milk Cup como "la crème de la crème entre los torneos internacionales juveniles", y los integrantes de su equipo vencedor en 1991 (por ejemplo, Beckham, Paul Scholes, Nicky Butt, Gary Neville y Robbie Savage) dan fe de ello.
Algunos jugadores de la actual selección de Inglaterra, como Wayne Rooney, Joe Cole, Peter Crouch y Aaron Lennon, también se licenciaron en la Milk Cup, al igual que otros internacionales absolutos con Escocia, Gales, República de Irlanda, Turquía, Israel, Finlandia, Brasil, Holanda, Uruguay e incluso Nueva Zelanda.
El certamen guarda un lugar especial en el corazón de Gallagher. "Tengo ya 67 años, pero todavía conservo ese entusiasmo a la hora de entrenar y me sigue emocionando muchísimo cuando la gente me pide que vaya a entrenar a sus chavales", destacó un ilusionado Gallagher. "Y para mí, el mejor momento de cada año es cuando veo que equipos de todo el mundo vienen a Irlanda del Norte con motivo de la Milk Cup".

