Un día de crudo invierno en el este de Glasgow. Cae una llovizna fría sobre las hileras de tiendas ruinosas y las destartaladas casas de apuestas. A la sombra de las majestuosas gradas del Parkhead, el estadio del Celtic FC, una docena de futbolistas juegan con un balón en un campo municipal.

Depende de cómo se mire, la imagen puede resultar deprimente. Pero el partido, aparentemente anárquico, representa en realidad un triunfo sobre la adversidad: hace un tiempo, todos los jugadores que evolucionan sobre el terreno de juego vivían en la calle. El fútbol les ha ayudado a vencer tan lúgubre destino.

David Duke tiene 27 años. Durante un momento de tregua en el partido, se acerca corriendo a la línea de banda. "Soy de Govan, de un familia muy normal y corriente. A mi padre le gustaba mucho el fútbol y yo compartía su pasión cuando era un chaval".

Se gira hacia el campo para dar aliento a los jugadores cuando uno de ellos está a punto de meter un gol. Está en buena forma, y parece tan contento y seguro de sí mismo que el resto de su relato se nos antoja mucho más impresionante si cabe. Se le ensombrece el rostro con cada palabra que pronuncia: "Hace unos cuantos años, mi vida se hizo añicos. Primero, murió mi padre. Luego, me quedé sin trabajo y perdí a mi novia. Por eso empecé a beber como un poseso. Al final perdía el conocimiento y ni siquiera conseguía recordar lo que había hecho durante semanas enteras, ¿me entiende? A partir de ahí, la situación se me fue de las manos".

Como reza el dicho, sólo dos sueldos sin cobrar nos separan de la calle. Lo único que hace falta para destruir la condición social de un ser humano es una serie de reveses sistemáticos. David es un ejemplo viviente de esta realidad. Sin novia, sin nómina, en medio del luto por su padre, dejó de pagar el alquiler. Pasó lo invitable: lo echaron de su casa.

El problema principal de David era su orgullo. "Estaba aislado de todos, me daba mucha vergüenza pedir ayuda a mis allegados. Durante un tiempo, dormí en suelos y sofás, pero al final acabé realmente en la calle. Era horrible. Caminaba por Glasgow las noches enteras hasta que me temblaban las piernas. Dormía en las estaciones de autobús. Pasaba un frío espantoso".

David señala hacia el final de la calle. "Por allí abajo está el albergue al que fui cuando me harté de tanta estación de autobús. ¿Sabe usted cómo llaman a ese albergue? Pesadilla en Bell Street. Era horroroso. Mugriento y apestoso. En la puerta había drogadictos, vendían caballo. Yo me limitaba a esconder la cabeza cada noche y a pasar de los gritos".

Después de vivir varias semanas en el infierno, David consiguió una plaza en un centro de acogida para menores de 25 años sin hogar. Tenía su propia cocina y su baño: un techo bajo el que vivir.

"Aquello no era Bell Street. Empezaba a rehacer mi vida. Entonces, un día vi un anuncio en la revista Big Issue [ Nota de la redacción: la revista que venden en el Reino Unido las personas sin hogar] sobre fútbol para los sin techo, y me dio que pensar". David sonríe al recordarlo. "Me acordé de que solía jugar para el Celtic Boys. ¡O sea que era bueno! Uno de los que trabajan en el centro de acogida me dijo que, si pasaba las pruebas, podría ir a Suecia para participar en una competición: la Copa Mundial de los Sin Techo. Aquello fue lo que me convenció. Pero si quiere saber más cosas de esa Copa, hable con ese chico de ahí".

David Duke señala a un hombre de amplia sonrisa, ya canoso y con algunas arrugas. Se trata de Mel Young, el organizador de la Copa Mundial de los Sin Techo. El partido se acerca inexorable a su emocionante final, y Mel explica su extraordinario proyecto.

"Tengo 51 años. En los años setenta, empecé a trabajar en prensa, en publicaciones de interés cívico. Trabajaba para el Wester Hailes Sentinel, un periódico de una barriada marginal de Edimburgo. Me indigné sobremanera cuando me enteré de la enorme cantidad de personas sin hogar que tenían Edimburgo y Glasgow en la década de 1990. Entonces, un día de 1993, vi en Londres que había gente que vendía en la calle la revista Big Issue. Firmé un contrato y, para la Navidad de aquel mismo año, en Escocia ya estábamos vendiendo 140.000 ejemplares de nuestra propia Big Issue".

A partir de su trabajo en la revista nació la Copa Mundial de los Sin Techo. En 2001, Young asistió en Ciudad del Cabo a una conferencia mundial sobre publicaciones de venta ambulante. Los editores de las diferentes Big Issue y publicaciones similares, procedentes de todo el planeta, se reunieron para intercambiar ideas y experiencias. Una noche, Young se encontró tomando unas cervezas con Harald Schmied, el director del periódico de venta ambulante de Graz. Hablaban de cómo podrían unir a las personas sin hogar de todo el mundo, y se les ocurrió que la solución podría ser el fútbol: el deporte sin fronteras. Así nació la idea de la Copa Mundial de los Sin Techo.

Otro habría descartado el tema como una de esas propuestas que nacen de varias cañas y mueren al amanecer. Pero Young está hecho de otra pasta. Se presentó ante Schmied al día siguiente y le espetó: "¿Vamos a hacerlo o no?".

Dos años después, se celebró en Graz la primera Copa Mundial de los Sin Techo. En ella participaron equipos procedentes de 18 países. El certamen fue un éxito rotundo. Desde entonces sigue creciendo cada año que pasa. En Suecia compitieron 26 equipos. En 2005, 27 combinados se midieron en Edimburgo. La edición de 2007 se celebró en Copenhague.

Young no cree que el trabajo esté ya hecho: "Tenemos a 10.000 personas sin hogar jugando al fútbol. Eso es estupendo. Pero debería haber 100.000 o 200.000. Mi ambición para la Copa Mundial de los Sin Techo no conoce límites. Vamos a montar una red mundial que reúna a la gente y le cambie la vida".


Asombrosa afirmación. ¿De verdad puede "cambiar vidas" la Copa Mundial de los Sin Techo? Según algunos estudios, sí que puede. Las encuestas realizadas seis meses después de su edición de Edimburgo demostraron que, de las 217 personas sin hogar que participaron en ella, el 38% tenía un empleo regular, el 40% había mejorado la situación de su alojamiento y tan sólo el 18% seguía vendiendo periódicos en la calle. Un impresionante 94% declaró que tenía "una nueva motivación en la vida".

Entre las personas a las que la Copa Mundial de los Sin Techo ha cambiado la vida se encuentra el propio Mel Young.

"Siempre he tenido una conciencia política muy clara. Una de las cosas que más detesto es la injusticia de este mundo. Pero únicamente cuando comencé este proyecto me sentí realmente comprometido. La Copa Mundial de los Sin Techo me ha cambiado como persona. He conocido a gente fantástica, principalmente entre la comunidad de los que viven en la calle".

Como insinúa Mel, en definitiva, todo es por ellos, los sin techo, los que están sobre este campo de fútbol embarrado de la lluviosa Glasgow. Los jugadores se dirigen a los vestuarios, sonriendo y palmeándose la espalda unos a otros, jadeantes y animados después del partido.

Mel los observa pensativo: "Creo que cambia a todo el mundo. Los jugadores cambian porque encuentran motivación, respeto y autoestima en los aplausos del público. El público cambia porque normalmente la gente tiene una idea preconcebida de las personas sin hogar, con peligro, que viven en las calles. Luego las ven jugar al fútbol con tanta entrega que las actitudes cambian".

Como si quisiera confirmar la tesis de Young, David Duke se acerca y explica el resto de su aventura: "Cuando volví a jugar al fútbol, todo lo demás empezó a arreglarse. De nuevo disfrutaba de la vida. Comencé a ir al gimnasio, a nadar, a comer bien y a cuidarme. A beber menos. Y sí, al final fui a Suecia. También he estado hace poco en Namibia para disputar otra competición entre personas sin hogar".

David quiere cambiarse de ropa. Pero antes de irse, añade: "El mejor viaje de todos ha sido el de este año a Copenhague, a la V Copa Mundial de los Sin Techo, porque ganamos en la final por 9-3 contra Polonia, y yo era el entrenador", se ríe. "Figúrese, Escocia campeona de una Copa Mundial. ¡Fantástico!".

David se da media vuelta y sale corriendo de camino a los vestuarios. La llovizna pertinaz sigue cayendo sobre Glasgow. Pero ahora parece menos molesta, y el frío se soporta mejor.