Son las historias que más te impresionan.

Tomemos a Amar. Hace más de una década, sufrió heridas muy graves: se le infectó la pierna y su familia no podía permitirse el tratamiento necesario para salvarle el miembro. Parecía que iba a perderlo, y todo, por el precio de un almuerzo diario.

Aquí está Vijay de nueve años de edad. Lo encontraron tirado en la enorme estación ferroviaria de Howrah, donde dormía con una cuchilla bajo la lengua. Usaba la cuchilla para defenderse de los agresores. Pero la mayoría de las veces terminaba cortándose él mismo.

¿Y qué pasa con Abhik de doce años? Sufrió quemaduras atroces al incendiarse la red mosquitera bajo la que dormía, un incendio que mató a su madre, que estaba a su lado. También lo encontraron en la estación, inhalando pegamento y fumando heroína.

También tenemos a Dinesh de 15 años. Fue descubierto con 7 años, viviendo en las calles, donde era continuamente violado por homosexuales pederastas: padecía una sífilis tan severa que tuvo que estar sentado en un cubo de permanganato de potasio durante seis semanas.

¿Dónde estamos? En Kolcata, por supuesto: la magnífica, majestuosa, bulliciosa y excesiva capital del estado indio de Bengala Occidental, antiguamente conocida como Calcuta. Es la ciudad de la Madre Teresa con sus mendigos y leprosos. También es conocida como la Ciudadde la Alegría. Esta es la ciudad de la que Winston Churchill dijo: "Me alegro de haber estado en Calcuta, pues quiere decir que no tengo que volver jamás"

Una pesadilla de pobreza y sufrimiento

En cambio, si bien es verdad que Kolkata puede aparecer a veces como una pesadilla de pobreza y sufrimiento, todavía tiene algunos motivos para el optimismo, siendo uno de los principales Esperanza Futura. Una organización benéfica para niños abandonados dirigida por un afable inglés de unos cincuenta años llamado Tim Grandage.

El 'Tío Tim' como se le conoce entre sus colaboradores y personas a su cargo, se pasa el tiempo rescatando niños abandonados y extraviados en las implacables calles de los poblados marginales. Por ejemplo, Dinesh, Vijay y Abhik han encontrado un hogar en Esperanza Futura. Por eso conocemos sus terribles historias, aunque debemos ocultar su verdadera identidad, para proteger sus planes futuros

Pero el Tío Tim no se limita a rescatarlos y alimentarlos. Les enseña a vivir, a aprender y a reír como gente normal, para que lleven una existencia constructiva. Una de las técnicas principales que utiliza para rehabilitar a los chicos es el deporte, especialmente los deportes de equipo como el fútbol.

Sentado en un balcón soleado de una de las residencias infantiles de Esperanza Futura, Tim reanuda su extraordinaria historia.

"Estaba trabajando para HSBC en Calcuta. Era un joven licenciado, que llevaba una existencia sin rumbo. Un día me puse a mirar a algunos niños en la calle: era el tiempo de los monzones, las calles estaban literalmente inundadas. Las aguas turbias llegaban a la cintura. Los tipos del banco se estaban quejando como es natural. Pero aquellos niños estaban nadando en la lluvia: riendo, jugando, era una fiesta. Esto me afectó mucho. No estoy seguro por qué.

Poco tiempo después, Tim se tropezó con un niño de la calle que estaba gravemente enfermo. Consternado por las condiciones en las que el chico se encontraba, Tim lo llevó a un médico amigo, que, de buena gana, quiso ayudar.

Deja su carrera de banquero para ayudar a los niños de la calle

Sin tanta generosidad, el chico probablemente habría muerto. Tim y su amigo médico habían salvado una vida. Esta experiencia aportó a Grandage el impacto emocional que no se obtiene con retribuciones corporativas: en algunos años abandonó su carrera de banquero, y comenzó a trabajar a tiempo completo en la beneficencia, ayudando a los niños de la calle de Kolkata.

Al principio no fue fácil. En la compañía de Tim, la HSBC, fueron muy comprensivos y generosos, el banco patrocinó los esfuerzos de Tim y le proporcionó muchos recursos. Sin embargo, en los primeros tiempos, las cosas eran extremadamente primitivas. En un momento dado Tim estaba viviendo con 32 niños de la calle en su piso de dos habitaciones. Todos dormían en el suelo. Todavía tiene las fotos para probarlo.

Dos décadas después, Esperanza Futura es una institución muy diferente. Aplaudida en todo el mundo por su trabajo, en los dormitorios de Esperanza Futura duermen cada noche al menos 200 niños sin techo. Las escuelas de Esperanza Futura enseñan a los chicos arte y matemáticas, música e inglés. Muchos niños vienen de los poblados marginales como alumnos externos -niños que propiamente dicho no son sin techo, pero que sin esta oportunidad quedarían sin escolarizar. "Hay 100 millones reconocidos de niños analfabetos en la India", dice Tim, "Y sólo en Kolkata hay 100.000 niños sin techo."

Es una tarea desalentadora. Pero las recompensas, tanto espirituales como emocionales, son enormes. Tim y sus colaboradores saben esto muy bien, como estamos a punto de ver, durante nuestra visita al Maidan, un enorme espacio central en el corazón de Kolkata.

Cuando llegamos al Maidan, un grupo de jugadores de Esperanza Futura está ya allí jugando alegremente al fútbol. El árbitro es un simpático adolescente con ciertos problemas mentales, lo que no parece importar a nadie. Muchos de los niños tienen antecedentes extremos: hijos de prostitutas adolescentes o afectados por dificultades psicológicas, o han salido de la adicción a las drogas, todo lo cual podría haber comenzado con seis años

"La gente te desprecia, la policía te pega..."

Aquí están: otro equipo de risueños futbolistas. Jagdeep es un joven un poco mayor que ha participado en el programa de Esperanza Futura. Explica otra ventaja del fútbol y otros deportes en la vida de los chicos de la calle: "Nos hace darnos cuenta de que también podemos ganar. Cuando estás en la calle, tú eres un perdedor. Vale, eres libre y no tienes que ir a la escuela, tal vez sea divertido con 8 años, pero cuando te haces mayor te das cuenta que todo el mundo te mira desde arriba. La gente te desprecia, la policía te pega una paliza. Pero entonces te unes a Esperanza Futura y te inscribes en el equipo de fútbol..."

Jagdeep sonríe "En este caso puede que juegues contra el equipo de la policía y les ganes. Nosotros lo conseguimos regularmente. Es una sensación estupenda. Créeme. Y entonces la policía aprende a respetarnos y nosotros aprendemos a respetarnos a nosotros mismos.

Cuando el cálido sol invernal se está poniendo sobre el magnífico Victoria Memorial, Tim nos lleva a dar una vuelta a la Ciudadde la Alegría. Vamos a la orilla del gran río Hooghly, un afluente del Ganges, donde miles de personas están lavando en el agua inmunda. Un poco más allá de la orilla, están enterrando cadáveres en enormes piras funerarias. La muerte nunca está muy lejos en Kolkata.

Entonces vamos a la enorme estación ferroviaria de Howrah, donde se encuentran a muchos de los chicos de Esperanza Futura.

Tumbados en las vías con un trapo empapado de pegamento en la cara

Casi lo primero que vemos es un niño adolescente, tumbado en las vías, con un trapo verde en la cara: el trapo está empapado en pegamento. El joven sufre espasmos al inhalar la sustancia.

Tim cruza las vías y se aproxima al chaval. Para Tío Tim siempre hay un niño de la calle que rescatar. Y, quién sabe, tal vez se trate de un nuevo fichaje para su equipo de fútbol. Tim quiere encontrar nuevos chicos, porque sabe que si logra rescatarlos en el momento oportuno, entonces podrá cambiarles la vida.

El chofer que nos lleva de vuelta a la residencia infantil es un claro ejemplo. Porque él es Amar. Cuando Amar vino a ver a Tim con su pierna herida, Tim y su mujer, enfermera de oficio, aceptaron a Amar en su casa. La mujer de Tim cambiaba el vendaje del chico todos los días. Ahora Amar está sano y es un joven feliz: va a Kurdistán el mes que viene para trabajar en una sociedad anónima. Este final hubiera sido inconcebible sin Esperanza Futura. Amar lo expresa así: "No sé que hubiera hecho sin Tío Tim. No me atrevo ni siquiera a pensarlo"

Amar es más locuaz hablando de fútbol o sobre el papel del deporte en Esperanza Futura. "Tim siempre anima a los chicos a jugar al fútbol, lo mismo a niños que a niñas. A veces los chicos son muy buenos, porque son muy competitivos. Pero tienen que aprender lo que es el espíritu de equipo, a cooperar. Esto no es algo que tú aprendes viviendo entre ratas en los andenes de la estación. El deporte mantiene a los niños en forma, los involucra en algo y los premia cuando trabajan duro. Y esto, de verdad, puede salvar vidas." Cuando nos dirigimos al recinto de la residencia infantil, pintado de colores brillantes, Amar sonríe, casi con nostalgia. "¿Sabe?, hay una razón por la que esta organización se llama Esperanza Futura".