Steve Mowlem atraviesa con gran determinación y a grandes zancadas el aparcamiento, pasa por el bloque de un piso donde están los vestuarios y sale al otro extremo del campo.
Inmediatamente se ve rodeado por un enjambre de chicos y chicas, niños y adolescentes charlando y pululando alrededor del campo. Quieren jugar al fútbol, pero antes de poder hacerlo quieren que se fije en ellos, que les de permiso y les diga que está de acuerdo.
Todo esto constituye un importantísimo legado del poder del fútbol para hacer renacer la esperanza, dado que, no hace mucho tiempo, Mowlem era la persona con menos probabilidades de ser considerado un modelo.
Hoy, ayuda a gestionar un programa en Bournemouth, una ciudad costera del sur de Inglaterra, coordinado por las autoridades regionales locales encargadas de la reducción de la delincuencia, pertenecientes a
la organización benéfica Nacro.
Sin embargo, no hace mucho, Steve Mowlen, de 36 años, no era un líder sino un seguidor que recurría al programa de fútbol de Nacro en un tardío intento de rehacer su vida.
Nacro, fundada en 1966, ofrece programas de rehabilitación y prevención en toda Inglaterra y Gales para gente expuesta a convertirse en delincuentes o a presentar un comportamiento asocial y/o con antecedentes penales. El fútbol es simplemente uno de los múltiples y variados instrumentos de los que se sirve para llevar a cabo su misión. Esta organización benéfica cuenta con más de 60 proyectos de actividades y medidas de reinserción para jóvenes, y trabaja con más de 15.000 niños y jóvenes de edades comprendidas entre los 8 y los 21 años. Muchos de estos proyectos utilizan el fútbol y otros deportes para captar a los jóvenes. Nacro lanzó su primer proyecto futbolístico en Salford, el año 1994, y es miembro de la red mundial de organizaciones de fútbol callejero desde 2002.
En Bournemouth, el programa de fútbol dirigido por Dom Weir ha resultado ser un ancla de salvación para Mowlem, cuya vida empezó a torcerse ya cuando tenía 10 años.
"Empecé a robar todo lo que pillaba..."
"Empecé a pelearme en la escuela y a robar todo lo que pillaba - incluso a mis padres - para conseguir dinero. Primero era para cigarrillos, luego para drogas. Una vez, unos amigos y yo entramos en mi propia casa y robamos varias cosas. También aprendí cómo hacer para que me expulsaran de la escuela", dice textualmente.
Por aquel entonces, el fútbol no formaba parte de la vida de Mowlem. El único aliciente que le movía era la influencia de malas compañías que le enseñaban cosas que no hubiera debido aprender, mientras gozaba de la excesiva protección de los servicios sociales, y las oportunidades de pasar del cannabis a la cocaína y luego a la heroína.
Maura, su madre, dice: "Sabíamos que estaba metido en un lío, sabíamos que nos robaba - era tan listo que cogía cosas que no notáramos inmediatamente que desaparecían - pero no sabíamos que estaba tan metido en el mundo de las drogas y no teníamos ni idea de qué hacer. Estábamos tan desesperados que, al final, fui yo quien llamó a la policía."
La vida en casa se hizo insoportable, relaciones con varias chicas fracasaron y Mowlem acabó vagabundeando por las playas de Bournemouth y Brighton - durmiendo al raso en los muelles que, al mismo tiempo, eran el lugar de esparcimiento para muchos otros jóvenes.
Finalmente, una clínica especializada ayudó a Mowlem a desintoxicarse, hasta el punto de que posteriormente se casó y tuvo un hijo y una hija.
Fue entonces cuando despertó al mundo del fútbol.
"Con mis antecedentes... no tenía ninguna oportunidad."
Dice: "Si alguna vez pensé en lo que quería hacer en la vida, en mis planes entraba trabajar con niños, pero obviamente, con mis antecedentes... no tenía ninguna oportunidad. A pesar de todo, como a mi niño le encantaba el fútbol, quise introducirme yo también en ese mundillo - sobre todo por él, pero también por mí mismo."
Fue entonces cuando Mowlem conoció el programa de fútbol de Nacro, que tenía terreno para un campo de juego pero necesitaba ayuda para organizar partidos y entrenamientos.
Era una oportunidad que le ayudó en primer lugar a encauzar sus energías en la realización de un proyecto que valía la pena y después le hizo progresar hasta convertirse en presidente de la asociación de deportes de conjunto.
Mowlem y su comité adquirieron un campo contiguo para ampliar el proyecto, limpiaron los descuidados vestuarios y empezaron a crear un "auténtico club de fútbol' para niños de edades comprendidas entre los 7 y los 18 años.
Con el tiempo, Mowlem encontró un empleo a tiempo parcial pero remunerado, como encargado del campo; hizo cursos para entrenadores y ahora asiste también a uno para árbitros.
Weir, el responsable del proyecto de Nacro, dice: "Es impresionante ver lo que ha conseguido Steve para su propia vida, para nosotros, en Nacro y para la gente de la comunidad local. Es difícil imaginarse cuánto esfuerzo, dedicación y pura voluntad personal hacen falta para que una persona con los antecedentes de Steve se convierta en lo que es hoy."
A Mowlem le gusta la disciplina; observa muy atentamente el comportamiento de los jóvenes que tiene a su cargo y el cumplimiento de las reglas del grupo y las del juego, así como sus modales personales.
Entre sus funciones están la limpieza y el mantenimiento de los vestuarios, la participación en entrenamientos previos a los encuentros - cuando lo que en realidad quieren todos es jugar un partido - hasta cuidar no su técnica futbolística, y su modo de hablar.
"La interdependencia que aprenden con el fútbol es una excelente lección para su vida..."
Weir dice: "Steve no tolera que los chicos a los que entrena hagan tonterías y considera muy importante asegurarse de que todos se desarrollan dentro del grupo y del equipo. La interdependencia que aprenden a través del juego en un equipo de fútbol es una excelente lección para la vida fuera del terreno de juego. Esperemos que lo que los niños aprenden les ayude a progresar en muchos otros campos, no sólo en torneos deportivos."
El mundo de Steve Mowlem, en un campo de fútbol comunal en uno de los mayores complejos de viviendas subvencionadas del sur de Inglaterra, a unas 50 millas del club de primera división más cercano puede parecer a años luz de los de primera categoría que acaparan toda la atención.
Pero hay un vínculo directo entre ellos. Nacro recibe ayuda financiera directa de varias agencias gubernamentales nacionales, pero el proyecto futbolístico también está subvencionado por la Fundación para el Fútbol y por el programa de la FIFA "Football for Hope".
A Steve Mowlem no le cabe la menor duda de que el fútbol es un imán. Mientras mira a sus entusiastas jóvenes durante el calentamiento antes de su gran partido - para ellos tan vital como la final de cualquier copa - dice: "Siempre agradeceré a Nacro haberme dado la oportunidad de demostrar que puedo ser un miembro útil para la comunidad. Después de todo, muy pocos empleadores habrían dado trabajo a alguien con antecedentes como los míos.
"Estoy muy orgulloso de lo que he logrado. Sinceramente, hace unos años ni yo mismo habría pensado que fuera posible."
Cambios significativos
(Football Hidden Story) Miércoles 11 de junio de 2008

