El fútbol japonés ha disfrutado de un año sensacional. Un triunfo en la Copa Asiática de la AFC, presencia en cuatro de las cinco competiciones de la FIFA, la organización de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA el mes pasado, y la guinda: una victoria histórica en la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ en Alemania.

La lista de logros es sencillamente soberbia y de lo más oportuna, pues ha coincidido con el 90º aniversario de la fundación de la Asociación de Japonesa de Fútbol.

Y lo más notable: todas estas gestas se alcanzaron en un año en el que el país sufrió una catástrofe natural inimaginable. El 11 de marzo, un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón con consecuencias sobrecogedoras.

Pese a los inconcebibles y desproporcionados destrozos y pérdida de vidas, en cierta medida la nación encontró consuelo en el fútbol.

Los resultados futbolísticos fueron excepcionales, así como también la dignidad y ecuanimidad que demostraron las diversas selecciones nacionales japonesas. Tras el desastre, los representantes de Japón hicieron gala de una fortaleza mental increíble para cosechar triunfos en medio de aquel panorama desolador, y tanto su mentalidad como su coraje conquistaron los corazones de los aficionados al fútbol del mundo entero.

En junio y julio en Alemania, Japón derrochó estas cualidades como nunca para conseguir un triunfo hasta el momento impensable. Las japonesas se impusieron a las grandes potencias del fútbol femenino, Alemania, Suiza y Estados Unidos, de camino a su primera corona de la Copa Mundial Femenina de la FIFA.

Las Nadeshiko, que hicieron gala de un aguante extraordinario, pusieron fin a los ocho años de reinado de la nación anfitriona, Alemania. Posteriormente, en una memorable final, remontaron dos veces la contienda contra la número 1 del mundo, Estados Unidos, y alzaron el trofeo tras una victoria en la tanda de penales.

Aquella selección concedió a Japón el primer título mundial absoluto de la historia del país tanto en categoría masculina como femenina. Por su hazaña, recibió los aplausos de la prensa y de los equipos rivales y se convirtió en la favorita del público.

Las Nadeshiko izaron una pancarta en la que agradecían el apoyo que les había brindado la afición durante su estancia en Alemania; una pancarta que el equipo japonés ya había desplegado con orgullo en México durante la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA.

Fútbol para la esperanza
Como dijo la capitana de las Nadeshiko, la mediocampista Homare Sawa, durante Alemania 2011, se trataba de una oportunidad única para cerrar las heridas de la nación. “Confío en que nuestro fútbol transmita ánimos, fortaleza y coraje al pueblo japonés”, declaró la ganadora del Balón de Oro y de la Bota de Oro adidas. “Espero que sirva para brindar a los niños y a los futuros futbolistas la oportunidad de seguir soñando”.

Con el estímulo importantísimo que les proporcionó aquella victoria, las Nadeshiko se auparon a un tercer puesto histórico en la clasificación mundial. El triunfo atrajo además un interés sin precedentes en la liga nacional, mientras Japón aprovechaba el impulso y se clasificaba a lo grande para el Torneo Olímpico de Futbol Femenino Londres 2012.

Las selecciones juveniles igualaron aquel éxito con el pase para sus respectivas Copas Mundiales de la FIFA. Las representantes femeninas del país concluyeron el año con una única derrota en 21 partidos competitivos.

No sólo las mujeres enarbolaron la bandera nacional por el mundo. Tras el desastre de marzo, las selecciones sub-17 y de fútbol playa también disfrutaron de una participación destacada en sus respectivas competiciones de la FIFA, disputadas en México e Italia.

2011 había empezado con el éxito sobresaliente de Japón sobre los terrenos de juego cuando la selección masculina absoluta levantó su cuarta Copa Asiática de la AFC, todo un récord en el continente. El año terminó con otro triunfo espectacular, esta vez fuera del césped. Japón albergó y organizó impecablemente la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en las ciudades de Yokohama y Toyota. El campeón de la liga nacional, el Kashiwa Reysol, causó sensación con sus actuaciones, al igual que el coloso español Barcelona con su título. Sin embargo, la organización de la competición tras las penurias que 2011 había deparado a la nación destacó como el logro supremo.

Tras el desastre de marzo, la FIFA proporcionó a Japón una importante ayuda financiera para la reconstrucción de su infraestructura futbolística. En diciembre, el Presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter, visitó la devastada zona de Sendai, donde aseguró que la solidaridad era lo más importante y explicó a los jóvenes que el “fútbol es esperanza”.

Las cotas sin precedentes que ha alcanzado la comunidad futbolística japonesa seguirán motivando y estimulando al mundo entero. Ciertamente, 2011 pasará a la historia como el año del fútbol japonés.