En el mundo del básquet, Luis Alberto Scola es a la selección argentina lo que alguna vez fue Gabriel Omar Batistuta en fútbol. Potente, guapo y goleador, el gigante de 2,06 metros de altura es uno de los pilares de la Generación Dorada albiceleste, con la que ostenta tres récords contundentes. A sus 32 años es no sólo el máximo anotador del combinado argentino en toda la historia, sino también en Mundiales. Y hay más: también en la Copa del Mundo, es entre los suyos el que más puntos convirtió en un mismo partido.

No obstante, el jugador de Phoenix Suns -con pasado en la Liga de España y en Houston Rockets- dio inicio a su vida deportiva bien lejos de los puestos de ataque. Muy por el contrario, sus primeras experiencias fueron en fútbol y… ¡como portero!

Ya alejado de los guantes y habituado a la NBA, Luifa hizo un hueco en su agenda para recordar aquellas experiencias, hablar sobre la inminente entrega del Balón de Oro de la FIFA y su debilidad por Lionel Messi. “Es un chico muy sencillo y juega mucho, no se lesiona nunca”, afirma.

Luis, hablemos de su relación personal con el fútbol. ¿Lo sigue habitualmente?
Antes lo veía mucho más, ahora un poco menos. En Estados Unidos no se ve tanto y los horarios para seguir la Liga de Campeones no son muy amigables. Es demasiado temprano, ¡diría que son bastante crueles! (risas). Pero cuando lo permiten lo sigo. Me gusta mirar al Barcelona, me parece muy divertido, también cuando juega contra el Real Madrid. Antes lo seguía mucho más, pero algunas cosas que se generan en el ambiente del fútbol me terminaron alejando un poco.

¿Por ejemplo?
Yo siempre fui hincha de River Plate, y recuerdo estar viendo en Houston la serie de promoción en la que terminó descendiendo. Lo miré solo, porque a nadie allí le interesaba, y me enojé mucho cuando algunos hinchas entraron al campo de juego a increpar a los jugadores. No lo pude aceptar. Me trataba de imaginar a mí mismo en esa situación y pensaba, “no hay manera de que pueda concentrar mis músculos después de algo así, mucho menos entregar bien un pase”. A partir de allí me alejé un poco, fue como un quiebre. Pero sigo viendo, obvio. La Liga de Campeones, la selección argentina, estoy al tanto.

Entonces sabrá que se está por entregar el Balón de Oro de la FIFA al mejor jugador del año. ¿Tiene algún favorito a quedarse con el premio?
A mí me encanta Messi. No sé si es sólo por cómo juega o si suma además el hecho de ser argentino, pero le tengo gran admiración. Desde mi ojo de amateur puedo decir que me encanta verlo: juega mucho, no se lesiona nunca y encima es chico muy sencillo. Todo eso me hace pensar que votaría por él.

Lo conoció personalmente en los Juegos Olímpicos de Pekín, ¿verdad?
Sí, los chicos del fútbol pasaron por la Villa Olímpica un par de veces y Messi estaba ahí. Hablamos bastante con ellos, armamos equipos y jugamos a la PlayStation. La pasamos muy bien, también había algunos tenistas mezclados entre nosotros. No sé si él recordará ese encuentro, pero yo lo tengo muy presente.

¿Jugó al fútbol alguna vez?
Sí, claro. ¡En Argentina es casi una obligación! O intentarlo al menos. Lo jugué de chiquito, cuando atajaba. Me encantaba el puesto, era el más grandote de todos. Tendría 6 o 7 años. Pero un entrenador vino un día con otro arquero y me dijo que a partir de entonces iba a ser defensor. No lo olvido más: jugué, no me gustó, me fui a mi casa y le dije a mi mamá que no quería volver más.

¿Fantaseó alguna vez con qué hubiera pasado si se dedicaba al fútbol en lugar del básquet?
No, no… nunca lo pensé. A decir verdad, no tenía pasta ni ninguna cualidad que me hiciera pensar que me convertiría en un futbolista decente. A cualquier nivel, de hecho (ríe). Pero creo que en mi cabeza y en mi corazón siempre estuvo el básquet.

Es curioso, pues Sergio Romero, arquero de la selección argentina, tuvo alguna oferta para dedicarse al básquet antes de debutar en Primera División…
¿En serio? No lo sabía. Hay varios futbolistas que cuentan con un pasado en el básquet, así que no me sorprende. Es un chico alto para el fútbol (ndr: 1,90 metros), aunque tiene una estatura debajo de la media para el básquet. Yo mido 2,06 metros, ¡imaginate!

Recién hablaba de su breve paso como arquero en la infancia. ¿A qué jugadores admiraba en aquel entonces?
A (Antonio) Alzamendi, de River y la selección uruguaya. Empecé a admirarlo por un gol con el que River ganó la Copa Intercontinental en 1986 (ndr: ante el Steaua Bucarest de Rumanía). Yo era muy chico, pero recuerdo preguntarle por él a mi abuelo, que estaba viendo el partido en casa. Después, de más grande y con más consciencia, admiré a (Diego) Maradona, (Claudio) Caniggia, (Gabriel) Batistuta y (Fernando) Redondo. Generalmente seguía mucho a los jugadores de la selección.

¿Cuál sería el momento futbolístico que más alegría le haya generado en su vida?
 El Mundial 86, sin dudas. No recuerdo tanto del torneo en general porque era chico, pero sí tengo muy presente la final contra Alemania. La vimos en familia, en casa, y luego nos fuimos todos a festejar. Fue el evento futbolístico que más disfruté.