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2012 fue otro gran año para Cristiano Ronaldo. Sus goles ante Países Bajos y República Checa impulsaron a Portugal hasta las semifinales de la Eurocopa. Con el Real Madrid, anotó 46 goles para conquistar la Liga española y contribuyó al avance de los blancos a las semifinales de la Liga de Campeones de la UEFA. El ganador del Ballon d’Or en 2008, que también festejó en la Supercopa de Europa 2012, empezó la nueva temporada con el pie derecho, y su doblete ante el Barça le convirtió en el primer jugador en marcar al menos un gol en seis clásicos consecutivos.
Su carrera
El balón siempre ha sido su diversión preferida, incluso después de que el fútbol se convirtiera en algo más que un juego infantil. Como dijo un día el antiguo campeón del mundo brasileño Didi, “si no sentimos cariño por el balón, no nos obedece”. Y la pelota no parece hacer otra cosa que obedecer a Cristiano Ronaldo. Aunque la haga girar en regates alucinantes, la roce apenas con el tacón o le confiera trayectorias imposibles a gran velocidad, siempre da la impresión de querer regresar a sus pies.
Empezaron a brillar juntos en un pequeño club llamado Andorinha, donde trabajaba su padre, y nunca más dejarían de sorprender, ni siquiera cuando el balón le obligó a tomar decisiones difíciles. Tras un corto periodo en el Nacional de Madeira, el Sporting le llamó para incorporarlo a sus categorías inferiores. Fue, probablemente, el paso más complicado de la carrera de Cristiano Ronaldo: dejar a su familia para poner rumbo a Lisboa. Con el esférico a su lado Cristiano Ronaldo dejó su isla de Madeira natal para conquistar el planeta fútbol. Perseguir su sueño se complicó cuando a los 15 años, un examen médico reveló que el jugador tenía una arritmia en el corazón. Una operación lo devolvió a los campos, donde no tardaría en dejar su impronta.
Su primera oportunidad en el primer equipo del Sporting surgió a los 17 años, y en su estreno demostró lo que era y lo que podía llegar a ser: marcó dos goles y encandiló a los seguidores del equipo, que no lo verían de verde y blanco más que una temporada completa. Al principio de la campaña 2003/04, el Manchester United fue invitado a la inauguración del nuevo Estádio de Alvalade, y los Red Devils descubrieron a este muchacho de 18. Sir Alex Ferguson no lo dudó, y Cristiano Ronaldo recaló en Manchester, donde el entrenador le entregó la mítica camiseta número 7, que habían vestido nombres como George Best, Bryan Robson o Eric Cantona.
Nacía Cristiano Ronaldo, la estrella planetaria. Y empezó a coleccionar grandes títulos, como el de Jugador Mundial de la FIFA en 2008. Además llenó el Estadio Santiago Bernabéu, simplemente, para su presentación como futbolista del Real Madrid, club con el que sigue aumentando su leyenda a fuerza de goles.
La temporada 2011 no hizo más que ratificar la calidad del portugués, que nunca se ha sentido intimidado por esas marcas históricas del fútbol que parecen imposibles de batir. Ni siquiera cuando se asocian al nombre de Ferenc Puskás. Así el portugués superó ese año un registro del legendario húngaro al anotar 53 goles en una única temporada con el Real Madrid, 40 de ellos en la liga española (otro récord). Basta decir que firmó un tanto aproximadamente cada 70 minutos de juego para hacernos una idea de su estado de forma, incluyendo un cabezazo que otorgó el único título del año al equipo blanco: la Copa del Rey, nada menos que ante Barcelona.




































