Para un municipio de apenas 16.000 habitantes como Torredembarra, la Súper Final de la Liga Europea de Beach Soccer resultó un evento de magnitud. Y no sólo porque España, en su condición de anfitriona, cumpliera con los pronósticos y peleara por el título, sino por el protagonismo que tuvo un hijo pródigo del lugar.

Hablamos de Llorenç Gómez, que lleva menos de cuatro años en la actividad. A ella llegó para recuperarse de una lesión de rodilla, pero ya no la abandonaría jamás. Ahora es uno de los símbolos de la renovación del fútbol playa de su país y una de las incipientes figuras mundiales del deporte en sí.

El ala de 22 años ya había destacado en la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Tahití 2013, donde fue pieza clave del equipo subcampeón. Ahora volvió a exhibir sus condiciones, pero en su casa y ante su gente, con todo lo que eso significa. "Previo a cada competición me gusta prepararme psicológicamente. En este caso recibí muchos mensajes de gente que decía las ganas que tenía de verme y todo lo que esperaban de mí... Por un momento, pensé que eso podía transformarse en demasiada presión", confiesa Llorenç a FIFA.com.

"Lo increíble es que se acercaron hasta ex compañeros con los que hacía años no tenía contacto. No me resultó fácil, porque jamás imaginé que el fútbol playa me iba a dar esa popularidad en el lugar donde vivo desde que tengo 7 años", agrega sin perder el humor. "Llegar al estadio y ver a las gradas gritando mi nombre, ver allí a mi familia y amigos, sobre todo el día de la final contra Rusia, el mismo rival que nos había batido en la final del Mundial, fue algo indescriptible. Por suerte pude convertir todo en algo positivo y terminó dándome un plus", completa.

Cada vez más cerca
Y habrá que creerle, porque con los dos goles que anotó en la final, Llorenç fue uno de los dos máximos artilleros del torneo con 8 dianas. Lamentablemente para él, compartió ese galardón con Anatoliy Peremitin, autor del tanto que significó en el duelo decisivo el 4-3 para Rusia, que de esta manera volvió a frustrar a España en una definición.

¿Se habrán transformado los rusos en la bestia negra de la Roja? "¡Para nada! Ni bestia negra, ni miedo escénico ni nada que se le parezca. Si es por eso, Suiza nos había ganado 8-3 en la fase regular de esta misma Liga, y en la fase final les ganamos 8-2. Si se compara con aquel 1-5 con Rusia en Tahití, donde creo que nos faltó un día de descanso para llegar enteros en lo físico, dimos un paso adelante. Esta vez nos faltó algo de suerte", argumenta.

España es el máximo ganador de la Liga Europea con cinco títulos, pero el último data de 2006. Para Llorenç, los éxitos están al caer. "España tuvo una etapa gloriosa, y ahora hemos logrado el cambio generacional. Entonces, necesitamos un poco más de competición, más tiempo juntos en la arena. Estamos en un nivel alto, incluso superior al que alcanzamos en Tahití. Dudo que pase mucho tiempo sin que nos demos una gran alegría", avisa el ala.

Dura competencia
Entre los próximos compromisos de España sobresale el clasificatorio europeo para la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Portugal 2015, a jugarse del 5 al 14 de septiembre próximo en Jesolo, Italia. El torneo pone sólo cuatro plazas en juego, y ya ha demostrado no perdonar pasos en falso, como pueden atestiguar Portugal y Suiza, dos potencias ausentes en Tahití.

"Es cierto, cada vez es más difícil clasificar al Mundial. Cuando me inicié había tres o cuatro selecciones  que dominaban, y si bien el resto competía, una racha bastaba para ganarles. Hoy todos te complican: equipos como Bielorrusia y Ucrania, por ejemplo, tienen una capacidad técnica, táctica y física que superan con creces lo anterior. Eso provoca un crecimiento general y lo obliga a crecer a uno, en lo individual y en lo grupal. Confiamos en clasificarnos, porque no lograrlo sería un retroceso", admite.

Resultados al margen, Llorenç parece haberse ganado ya un lugar en el beach soccer, pero sobre todo un estatus especial entre su gente, lo cual no es poco. Aún así, rehúye abiertamente entre risas de la palabra "fama", incluso en su querido Torredembarra, donde lo paran por la calle para pedirle autógrafos. "Yo sigo trabajando para que esto siga y nadie se sienta defraudado, pero por sobre todas las cosas, para quedar satisfecho conmigo mismo. Eso es lo más importante", se despide.