Heimanu Taiarui no salía de su asombro. Hacía algunos minutos ya que había recibido el Balón de Oro adidas de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Portugal 2015 y caminaba por la zona mixta atendiendo a la prensa con el dorsal de su camiseta al frente, como mostrando a quien quisiera verlo quién era el mejor jugador del mundo sobre la arena.

"Todavía no me lo creo. Cuando me dijeron el premio era mío, pregunté. '¿Quién, yo?'. Al responderme que sí, que debía subir al podio a buscar el trofeo, volví a pedir la confirmación porque pensé que era una broma. ¡Si al final me empujaron para vaya a recogerlo!", dice el defensor de 28 años a FIFA.com con una enorme sonrisa en el rostro.

En su relato agrega un detalle que parece disfrutar. "No estoy seguro quién fue, pero alguien me aseguró que lo merecía, que había hecho méritos para el premio. Pero yo creo que en realidad fue un reconocimiento al equipo, a una manera de jugar. Nos gusta pasarnos el balón y atacar siempre sin importar el resultado, y eso a la gente le gustó".

Es probable que Taiarui no esté errado. En su caso particular, más allá de su seguridad defensiva y capacidad de liderazgo, aportó cuatro goles y seis pases gol para la campaña de su selección, cualidades que parecen ser el sello de Tahití. ¿Cómo es eso? Simple: si bien compartió el honor de ser el equipo más prolífero del torneo junto a la campeona Portugal, con 32 goles a favor, resultó el que más asistencias entregó con 23. Concretamente: casi el 72% de sus tantos llegaron a partir de una asistencia.

Paz y optimismo colectivo
¿Qué pasó en la final, entonces? "Creo que nos tenían bien estudiados", justifica el zaguero sobre la derrota por 5-3. "En mi caso casi no me dejaron tocar la pelota. Nadie nos dejó tan pocos espacios para jugar en ataque. Fueron más agresivos, ahí estuvo la clave", agrega el número 4.

Ni el rostro ni las palabras de Taiarui transmiten tristeza. "Me siento en paz. Para nosotros llegar a la final ya era un éxito. Claro que queríamos ganar el título, pero antes de dejar el hotel nos dijimos: 'Perdamos o ganamos, debemos estar contentos'. Por eso no hay tristeza en el equipo. ¡Lo que hemos logrado es para nosotros y para la isla es muy importante!", exclama todavía envuelto en la bandera de su país.

El defensor espera un recibimiento acorde a la campaña. "En Papeete pusieron una pantalla gigante para seguir la final, por lo que seguramente tendremos una buena recepción y una buena fiesta", comenta entre risas.

Como uno de los 'veteranos' del equipo, el defensor ya sabe lo que es no superar la fase de grupos, como en 2011, ser semfinalista en suelo propio, como en 2013, y alcanzar la final en casa de una potencia. ¿Y ahora qué? "Ahora quiero ser campeón en Bahamas. Respetando nuestro estilo, debemos agregar detalles que nos hagan más competitivos todavía".

Lo único que Taiarui no tiene claro aún es dónde colocará el Balón de Oro adidas. Sin embargo, su respuesta ante la consulta parece adecuarse al estilo grupal de juego que exhibió Tahití en Portugal,  "No sé, no lo pensé todavía. Uno no vino aquí por el premio individual, sino por un logro colectivo. Quizás lo hable con mis compañeros y decida dejarlo en la Federación. Estaría bien que cualquiera pudiera verlo, ¿no le parece?".