Minutos después de la gran final, aún se oyen los cánticos de ánimo a Portugal procedentes del exterior del estadio de la Praia da Baía. En el túnel de vestuarios, los jugadores portugueses lo celebran como nunca. En la arena está Madjer envuelto en la bandera portuguesa, con los ojos brillantes y dándole la mano a su hijo, que sostiene el trofeo de Balón de Bronce adidas ganado por su padre. El capitán portugués respira hondo y hace una larga pausa al empezar esta entrevista con FIFA.com.

“Todavía no sé lo que siento. Aún no he asimilado las emociones”. Madjer baja la voz mientras mira a las gradas, ya vacías, en las que media hora antes 3.500 portugueses festejaban el primer título mundial absoluto de la historia de su país en torneos de la FIFA. “Es una sensación increíble, indescriptible, y es muy meritorio. Solo nosotros sabemos cuánto hemos sufrido para conseguir ganar títulos, luchando por los títulos, y estamos todos de enhorabuena”.

Han pasado diez años desde que Portugal perdió la final de la primera Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, en Brasil, y un decenio es mucho tiempo para que una generación de grandes jugadores de fútbol playa se proclame campeona del mundo. “Es un premio, sin duda, para muchos jugadores que llevan ya mucho tiempo en la selección, para los jóvenes que se han incorporado ahora, para todo el cuerpo técnico, para el seleccionador, para toda la gente. Aquí creamos una familia, y esta familia se ha ido uniendo cada vez más, como hacen todas”, afirma Madjer, un competidor nato y que, por eso, mira ya hacia el futuro.

“Este título mundial es la guinda del pastel, pero esto no termina aquí”, pronostica el capitán luso, quien ya piensa en el Mundial de 2017, en las Bahamas. Pero queda tiempo para eso. Ahora es el momento de disfrutarlo y sumar un trofeo más a un palmarés repleto de éxitos individuales.

“Sí que tengo sitio para este Balón de Bronce. Lo que no sé es si voy a conseguir poner todas las fotos de campeón del mundo en el salón de casa”, dice riéndose el segundo máximo goleador de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA.

“Es el mejor momento de mi carrera en el plano colectivo, no cabe duda. Es un título merecido para todos los portugueses, que nunca han dejado de apoyarnos, ni siquiera cuando perdimos contra Senegal. ¡Esto es ser portugués!”, concluye Madjer, describiendo una historia que espera conocer dentro de dos años las escenas de sus próximos capítulos.

Alan: “El título es para la afición”
Alan, compañero suyo de tantísimos momentos en la selección portuguesa, recibió el Balón de Plata adidas del torneo, y su primera reacción fue de agradecimiento para quienes se esforzaron al máximo por lograr este Mundial. Y no, el dorsal número 6 portugués no se refería a sus compañeros de equipo.

“Los hinchas portugueses son fantásticos, y en este Mundial han vuelto a demostrarlo. Vinieron de madrugada para reservar un sitio en el estadio, estuvieron horas y horas esperando en las filas para animarnos y afortunadamente todo ha salido bien. Este título es para ellos, más aún que para nosotros”, explica a FIFA.com.

A sus 40 años, Alan insiste en compartir el Balón de Plata con todo el equipo —“sin ellos no conseguiría nada”— y bromea de nuevo cuando habla de una retirada que lleva tantas veces posponiendo.

“¿Que si voy a estar en 2017 en las Bahamas? Espero que sí… Ahora, después de este título, bromean conmigo diciéndome que no voy a jugar, pero ya veremos, ya veremos. No puedo saber lo que va a ocurrir de aquí a dos años, y hay mucha gente para jugar. Pero si estoy bien allí estaremos, en las Bahamas”. Para defender el título conquistado en un Mundial que no se olvidará nunca ni en Espinho ni en todo el globo.