Si el FC Barcelona ha recuperado todo su esplendor esta temporada y si España ha ganado la Eurocopa 2008 con garbo, es en gran medida gracias a la aportación del talento de Xavi Hernández. Este pulidísimo diamante de la cantera blaugrana, pulmón y rampa de lanzamiento de la Roja y del Barça, personifica a conciencia el eslogan de la entidad: "Més que un club". Xavi es el patrón, el barómetro, el "más" de la fórmula.

Su historia no es inusual en el seno del club culé, que enseguida se percató de que no podía dejarlo escapar. Xavi Hernández Creus, oriundo de Terrassa, población situada a unos treinta kilómetros al norte de la ciudad de Barcelona, pasó a formar parte a los 11 años de los equipos juveniles del Barça y, siete años más tarde, hizo su debut en el primer equipo con toda naturalidad. Desde entonces, no ha vestido más que otra camiseta, la de la selección española. Es una trayectoria que guarda asombroso parecido con la de su actual entrenador y antigua gloria de la entidad, Josep Guardiola.

Antes de finales de este año, prolongará su contrato con el FC Barcelona hasta 2014, y ocupará un puesto de honor en la élite de futbolistas históricos celebrados por los socios para quienes el Barça es el centro del planeta fútbol.

A la espera de convertirse en leyenda, Xavi es ya todo un icono en Cataluña. Desde su primer partido con el primer equipo en la Supercopa de España contra el Mallorca en verano de 1998, se ha hecho insustituible en la medular. Ahí ha ocupado prácticamente todas las posiciones y se ha impuesto como pilar fundamental a las órdenes de todos los entrenadores que ha conocido, desde Louis van Gaal a Frank Rijkaard. Trabajador incansable, pasador avisado con visión de juego aquilina y aun certero lanzador de tiros libres... todo lo hace bien.

En 2001, sin estridencias, heredó el puesto de Pep Guardiola, que había quedado fuera de combate por una lesión, e inscribió su nombre en la línea de sucesión de mediocampistas recuperadores del Barça. La llegada como entrenador esta temporada de Guardiola no ha hecho sino reforzar la influencia de este ligero volante (1,70 m) con más de 420 partidos a sus espaldas, que se ha convertido en el nudo de comunicaciones de su equipo.

El corazón de la Roja
Luciendo la camiseta de España, con la que debutó el 15 de noviembre de 2000 contra Holanda (1-2), Xavi ha cubierto más o menos el mismo recorrido y en el mismo papel. Se hizo indispensable sin levantar la voz. Fue capitán de la selección sub-20 campeona del mundo en 1999, y capitán asimismo de la formación sub-23 finalista del Torneo Olímpico de Sydney en 2000, y poco a poco fue haciéndose con los hilos del vigente campeón europeo.

Estuvo en las citas mundialistas de 2002 y 2006 y en la Eurocopa de 2004, pero fue en la prueba reina europea de 2008 cuando su talento estalló con todo su fulgor. Dirigiendo a su tropa desde la sala de mandos con pasmosa serenidad y sobriedad, estuvo en el origen de todos los grandes golpes de la Roja. Para muestra un botón: fue el autor del pase de tiralíneas que Fernando Torres transformó en el gol decisivo de la final contra Alemania.

Elegido mejor jugador del torneo, este devoto del colectivo se sorprende todavía de esa distinción: "Me bastaba con la victoria para ser feliz. No me hacía falta ninguna otra recompensa, aunque no deja de ser un detalle que me agrada. El triunfo de España es sobre todo el del fútbol de pases. Y como yo soy más que nada un pasador, seguro que es por eso que me han premiado".

Este deseo inextinguible de dar vida a la pelota no deja de recordar a los observadores la filosofía de juego que Johan Cruyff inculcó en Cataluña. "Es evidente", reconoce Xavi. "Con ciertos matices, es una evolución, un legado. La idea básica es la misma: guardar el balón, defender la posición y hacer buenos pases a buen ritmo".

A sus 28 años, a Xavi le quedan aún unos cuantos años de fútbol fértil por delante, y especialmente la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010, que ya hace soñar a toda España. Pero en lo tocante al fútbol de clubes, la cuestión parece zanjada. El genio del medio campo ya ha rechazado innumerables ofertas de vértigo provenientes de toda Europa, y ha preferido permanecer barcelonista de por vida. Aunque puntualiza: "Pero en el momento en el que no me sienta útil en el club de mi vida, me iré, porque tengo la suerte de jugar en un club al que quiero".