El único rasgo infantil que le queda a El Niño es la cara. Fernando Torres, de 24 años de edad, ya posee el palmarés y la experiencia de los más veteranos. Madrileño de pura cepa, aunque su padre sea gallego, siempre ha sentido una atracción irrefrenable por el gol. Ya fuere con el Atlético de Madrid, con el Liverpool o con la selección española, es un ávido artillero, capaz de anotar desde cualquier posición.

Al igual que muchos otros chavales de su edad, Fernando José Torres Sanz dio sus primeros pasos futbolísticos en la calle, antes de foguearse en los torneos de fútbol sala, donde no tardó en despuntar gracias a su rapidez y a su puntería. A los 10 años, ingresó en los equipos infantiles del Atlético de Madrid y firmó su primer contrato en 1999. El 27 de mayo de 2001, cuando apenas contaba 17 años, debutó en el primer equipo en un partido contra el Leganés. En aquella época, el Atlético languidecía en la segunda división del campeonato español, como una sombra de aquel gran club de antaño.

Para Torres, por el contrario, las cosas iban sobre ruedas, y los goles y los títulos comenzaban a acumularse: mejor jugador cadete de Europa en 1999, campeón, máximo goleador y mejor jugador del Campeonato Europeo Sub-16 de la UEFA de 2001, y campeón, máximo goleador y mejor jugador del Campeonato Europeo Sub-19 de la UEFA de 2003.

Nada podía pararlo. Además, a decir de sus entrenadores de la época, lo más sorprendente era que todavía tenía por delante un gran margen de progresión. Y así fue, cuanto más crecía (actualmente mide 1,85 de estatura), más goles marcaba. Durante seis temporadas, hasta 2007, fue la figura del Atlético de Madrid, el ídolo del Vicente Calderón. El equipo se construyó a su medida, y sin embargo, a pesar de sus 84 dianas en 214 partidos de liga con la camiseta colchonera, el club seguí sin destacar en la liga española.

Cambio de aires
En verano de 2007, Torres se planteó un nuevo desafío. Decidió fichar por el Liverpool, donde heredó el dorsal número 9 de Robbie Fowler. Una gran responsabilidad a la que se añadió el precio de su fichaje, 36 millones de euros, que lo convirtió en el futbolista español más caro de la historia. Pero el futbolista de la cara de niño demostró que también poseía una voluntad de hierro y no cedió a la presión.

Anfield cayó rendido a sus pies desde el primer partido, contra el Chelsea, en el que estrenó su cuenta goleadora. Su integración se vio favorecida por la nutrida colonia española que puebla el vestuario de los Reds, empezando por el propio entrenador, Rafael Benítez. Torres cuajó un primer año excepcional, con un total de 34 tantos en 47 encuentros, 24 de ellos en la Premier League y seis en la Liga de Campeones de la UEFA. "Los goles de la Champions saben distinto", revela sin ocultar su satisfacción.

Parece que Torres ha encontrado en Inglaterra un terreno ideal para dar rienda suelta a su juego aéreo, su potencia y su creatividad. El 5 de octubre de 2008, entró en los anales al marcar frente al Manchester City el gol número 1.000 del Liverpool en la máxima categoría de la liga inglesa.

La pasión roja
El 6 de septiembre de 2003, Torres acudió a su primera convocatoria con la selección española, que le había enviado el entonces seleccionador nacional Iñaki Sáez, para un choque contra Portugal (3-0). También intervino en un partido de la catastrófica campaña de la Roja en la Eurocopa 2004. Sin embargo, no se convirtió en titular hasta que Luis Aragonés, ex jugador del Atlético de Madrid, se hizo con las riendas del combinado español. El Niño Torres se convirtió en el máximo goleador de España en la competición preliminar de Alemania 2006, con ocho tantos. En la fase final, anotó un gol de excelente factura contra Ucrania y otros dos contra Túnez, pero los españoles cayeron en octavos de final a manos de Francia.

No obstante, Torres no es de los que pierden el tiempo lamentándose por los errores, y en la Eurocopa 2008 franqueó un nuevo umbral. A pesar de la competencia que supuso la presencia de David Villa, fue el autor del gol de la victoria en la final contra Alemania, y con ello se convirtió en un ídolo en España. Pero quiere más. "El partido que quiero jugar, mi mejor partido, aún no ha llegado", advierte. Esto promete...