El Montevideo Wanderers Fútbol Club de Uruguay no cuenta con la fama ni la proyección mundial de otros colosos como Peñarol y Nacional. No obstante, el Bohemio, como se lo apoda cariñosamente, ha contribuido como pocos al desarrollo del fútbol charrúa y sudamericano a través de la formación de jóvenes figuras e impulsando el nacimiento de la Confederación Sudamericana de Fútbol. En el año de su 110° aniversario, FIFA.com se propone honrar la historia de una institución tan humilde como preponderante en el deporte rey rioplatense.

Nacimiento de una institución
Como si se tratara de la piedra fundacional de su historia, el surgimiento de Wanderers se originó desde la rebeldía misma en la lucha por la igualdad. ¿El motivo? La dirigencia del Albion Football Club, actualmente en la Segunda División Amateur de Uruguay, negó la oportunidad de crecer a las nuevas generaciones por lo que los estudiantes más jóvenes del club decidieron fundar su propia institución. Sin sede, cancha ni fondos…

La leyenda cuenta que los directivos del Decano pronosticaron -mal- que los desertores serían siempre “unos ‘wanderers’ (bohemios, en inglés)”, sin saber que estaban dando origen al nombre de uno de los clubes más tradicionales en la historia del fútbol uruguayo. Otra corriente, empero, marca que Juan y Enrique Sardeson optaron por ese nombre luego de viajar a Gran Bretaña y asistir en vivo a la coronación del Wolverhampton Wanderers en la Copa de Inglaterra. Cualquiera sea la historia verdadera, el círculo se cerraba en forma perfecta para que el club naciera oficialmente el 15 de agosto de 1902.

La forja de una leyenda
Sus primeros pasos fueron, curiosamente, los de mayor éxito deportivo. El fútbol uruguayo fue amateur hasta 1931, año en el que los Bohemios celebraron su cuarto y último título oficial, el segundo de forma invicta -honor que sólo han alcanzado también Nacional y Peñarol-. No obstante, la huella más trascendental de Wanderers no está emparentada con sus vueltas olímpicas, sino con muchos de los jugadores que ha entregado a la selección uruguaya desde 1906 cuando, por ejemplo, aportó toda la alineación titular para disputar la Copa Lipton de Buenos Aires. O en 2010, año en que Fernando Muslera y Sebastián Eguren, surgidos de las divisiones juveniles, brindaron lo suyo para alcanzar el cuarto lugar en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™.

Y hay más. Por sus filas han pasado distintos futbolistas de gran talla como el inolvidable Obdulio Varela, el Negro Jefe y capitán de la selección Charrúa en Brasil 1950. Más acá en el tiempo, y en un dato que podría sorprender a algún desprevenido, Wanderers también contó en su plantel con un campeón del mundo con la selección italiana como Mauro Camoranesi, en 1997. Aunque si hablamos de talentos creados en casa, hay dos que sobresaldrán del resto rápidamente: Pablo Bengoechea y Enzo Francescoli. Sí, el Príncipe forjó su talento y sus gambetas en Wanderers antes de cruzar el charco para consagrarse en el River Plate de Argentina.

Sin embargo, el club por el que también pasara el Maestro Oscar Tabárez -como futbolista y luego como entrenador- dejó una huella aún más grande desde lo organizativo, pues fue el Presidente Héctor Rivadavia Gómez quien llevó adelante la fundación de la Confederación Sudamericana de Fútbol en 1916. Casi nada para un club como Wanderers, que ya había impulsado la utilización del tradicional uniforme celeste en la selección charrúa (adoptado por los Bohemios como uniforme alternativo actual).

Al margen de Cayetano Saporiti (récord de presencias con 342 partidos) y Óscar Chelle (máximo artillero con 104 conquistas), René Borjas ocupa un lugar privilegiado en la memoria de los hinchas: no sólo fue campeón con Wanderers, sino que dio su vida por el club. ¿Cómo? Sí, el jugador se hizo presente en las tribunas a alentar al equipo y falleció tras una jugada de riesgo que creyó gol en primera instancia -e incluso festejó-. Es, posiblemente, uno de los máximos estandartes de la institución.

En la actualidad

Desde su último ascenso en la temporada 2000, Wanderers ha buscado retomar la senda del triunfo y la regularidad que supo tener en la época del amateurismo. Y si bien su último título ha quedado ya muy lejos en el tiempo, el Bohemio ha logrado mantenerse en cierta comodidad desde que retornara al grupo de elite: en 2001 se adjudicó la Liguilla de forma invicta y ya ha participado desde entonces en dos ediciones de la Copa Libertadores de América. La de 2002 fue la más destacada, pues se ubicó entre los mejores 16 equipos del continente. En aquel entonces, como si se tratara de una jugada del destino, lo eliminó su compatriota Peñarol en una recordada tanda de penales.

El estadio
Las cosas nunca fueron fáciles para Wanderers, y eso se trasladó a la consolidación de su estadio. De hecho, debieron pasar varias temporadas para que el club se instalara en su escenario actual. Hasta entonces, el Bohemio pasó por un predio provisorio de la Asociación Rural e incluso el Estadio de Belvedere, actual cancha del Liverpool Fútbol Club. Todo cambiaría el 15 de octubre de 1933, fecha en la que se inauguró oficialmente el Estadio Alfredo Víctor Viera (conocido en ese entonces como Wanderers Park) con una victoria 2-0 ante Bella Vista.

Actualmente, tras distintas obras de remodelación, el Parque Viera puede albergar hasta 8.000 espectadores en cuatro tribunas que llevan el nombre de antiguas glorias del club: Obdulio Varela, René Borjas, Jorge Barrios y Cayetano Saporiti. Debido a su humilde capacidad, Wanderers debe afrontar sus compromisos internacionales en el mítico Estadio Centenario. ¿Un dato curioso? La cancha se encuentra separada por escasos metros de los estadios de Bella Vista y River Plate, con el que protagoniza el Clásico del Prado.