No son pocos los que afirman -con razón- que Rosario, ubicada en la provincia de Santa Fe, representa una de las urbes con mayor peso futbolístico y cultural de Argentina. Poblada por más de un millón de habitantes, la ciudad famosa por el río Paraná, el monumento a la bandera y la belleza de sus mujeres ha dado a luz a algunas de las personalidades e instituciones más populares del país, incluyendo a uno de los clubes que ha marcado historia en el fútbol local: Rosario Central.

La Academia, como se la conoce popularmente, no sólo se jacta de ser el primer equipo fuera de Buenos Aires en ganar un título internacional, sino que ha sabido acumular a varias figuras ilustres de la cultura nacional entre sus más fervientes seguidores como Ernesto ‘El Che’ Guevara, el comediante Alberto Olmedo y el dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa. Sobre su historia y éxitos deportivos, FIFA.com te cuenta a continuación.

Nacimiento del club
En concordancia con los clubes más antiguos de Argentina, Rosario Central tuvo una marcada influencia extranjera en su nacimiento. Su primer antecedente data de 1889, año en que los trabajadores del Ferrocarril Central Argentino, liderados por el inglés Thomas Mutton, fundaron el Central Argentine Railway Athletic con el propósito de jugar fútbol en sus ratos libres. Lamentablemente, la falta de rivales dificultó su propósito, aunque todo cambiaría con la fusión entre las líneas ferroviarias Buenos Aires y Central Argentino.

La unión de ambas líneas incrementó la llegada de criollos a la ciudad, que mostraron rápidamente su deseo de formar parte activa del club. No fueron pocas las discusiones entre los fundadores originales que permitieron, a la postre, el ingreso de los nuevos habitantes a la institución, así como la castellanización del nombre del club. Nacía finalmente el Club Atlético Rosario Central que, bajo los colores azul y amarillo, se sumaría a la liga rosarina en 1905.

Mitos y realidades de una pasión
La era amateur marcó los primeros pasos del club, que se erigió rápidamente en el acérrimo rival del otro grande de la ciudad: Newell’s Old Boys. La Lepra, como se conoce al conjunto rojinegro, monopolizaba los títulos del torneo rosarino hasta que en 1908, los Canallas –apodo de origen desconocido-, se hicieron con su primera estrella. Ese sería el preámbulo de una década dorada: entre 1910 y 1920, los de Arroyito reafirmaron su poderío en la ciudad y se convirtieron en el único equipo en ganar el campeonato en cuatro oportunidades consecutivas (1914-1917).

Tras diversas idas y vueltas dentro de la liga rosarina, con participaciones y títulos en Copas Nacionales, Rosario Central se incorpora finalmente a los torneos de la Asociación del Fútbol Argentino en 1939 y comienza a escribir su historia grande. No sin antes, claro, padecer algunas frustraciones como los descensos de 1941 y 1950. La transformación verdadera llegó a fines de la década del 60, cuando el club, ya con más de 40.000 asociados, transformó su estructura para priorizar el trabajo en divisiones juveniles.

El equipo comenzó a nutrirse de su propia cantera y, en consecuencia, a protagonizar logros deportivos: su primer título profesional, el primero para un equipo del interior, llegó en el Torneo Nacional de 1971 tras derrotar a San Lorenzo en la final. No obstante, la verdadera hazaña de aquella campaña ocurrió en la semifinal frente a Newell’s Old Boys. El partido ante el rival de siempre se disputó en el Estadio Monumental y se saldó con triunfo 1-0 gracias al “gol más festejado del mundo”. ¿Su autor? Aldo Pedro Poy, de palomita. Desde entonces, cada 19 de diciembre, el eterno goleador y los hinchas Canallas se juntan a recrear y celebrar aquella conquista en distintos puntos del planeta: Estados Unidos, Chile, Uruguay y Cuba, donde en 2007 se unió incluso el hijo de Ernesto Che Guevara.

“Ese gol marcó mi carrera, y se ha convertido ya en un motivo para que nos reunamos a ser felices por un rato cada año. Desde hace más de 30 años que ponemos contentas a muchas personas”, confiesa Poy actualmente, con menos pelo pero la misma cara de satisfacción que aquella tarde de 1971.

Ya sin Ángel Labruna como entrenador, pero de la mano del prestigioso Carlos Timoteo Griguol, Rosario Central repetiría el título en 1973 y prepararía las bases para una década que incluyó cuatro participaciones en la Copa Libertadores de América.

La década siguiente alternó buenas y malas: La Sinfónica, como se conocía al talentoso equipo dirigido por Ángel Tulio Zof, se adjudicó el Torneo Nacional de 1980 sin sospechar siquiera que cuatro años más tarde volvería a padecer el descenso a la segunda división. Nadie imaginaba tampoco que aquella caída alimentaría el mito canalla…

“Los hinchas de Central decimos que somos los primeros en todo, al menos fuera de Buenos Aires. Fuimos el primer equipo del interior en ser campeón, en clasificar a una Libertadores y en ganar un título internacional. Pero además, fuimos los únicos que ganamos un campeonato de Primera al año siguiente de ascender”, rememoraría luego el recordado Roberto Fontanarrosa. Y con razón: en 1987, liderado futbolísticamente por Omar Palma -gloria de la institución-, Rosario Central se convirtió en el primer y único club en la historia del fútbol argentino en conseguir el ascenso y el campeonato de primera división en forma consecutiva.

Los 90 estuvieron marcados por el último hito deportivo de la institución hasta la fecha: la obtención heroica de la Copa Conmebol de 1995 -antecesora de la actual Copa Sudamericana-. En la instancia final, los Canallas debían revertir el 0-4 padecido a manos de Atlético Mineiro en la ida, y lo lograron en los últimos minutos con un gol in extremis de Horacio Carbonari. El equipo de Zof se impuso luego en los penales, desatando una verdadera locura en el Gigante de Arroyito.

En la actualidad
El Siglo XXI, hasta hoy, no ha estado a la altura de la laureada historia Canalla. Por el contrario, ha traído consigo varios sinsabores. A excepción de la gran campaña en la Copa Libertadores de 2001, cuando alcanzó la instancia semifinal, Central sufrió la pérdida del invicto oficial en el estadio Gigante de Arroyito ante equipos extranjeros: luego de 31 victorias y 10 empates, en la Copa Sudamericana de 2005, el Internacional brasileño se llevó un trabajoso 1-0 para Porto Alegre. Cinco años más tarde, el 23 de mayo de 2010, la Academia padeció la pérdida de la categoría: por el sistema de promedios, tras jugar una instancia de Promoción, descendió al Nacional B tras ser derrotado por All Boys.

El estadio
Desde su apertura en octubre de 1929, el Gigante de Arroyito es uno de los estadios más representativos del fútbol nacional. Allí se disputó la Copa Mundial de la FIFA 1978, evento para el que fue remodelado, y sirvió de escenario de la heroica clasificación de Argentina para la gran final ante Holanda. En la actualidad, además de ser utilizado recientemente para el clásico con Brasil en la eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010, el recinto ostenta una capacidad superior a los 40.000 espectadores.