Alejado del éxito en el pasado reciente, algún desprevenido podría desconocer lo que significa el Barcelona Sporting Club para el fútbol de Ecuador. Las estadísticas, sin embargo, ayudarían a ponerlo rápidamente en situación, ya que el equipo de Guayaquil lidera las tablas históricas tanto en cantidad de puntos y títulos obtenidos como en presencias en la Copa Libertadores de América.

Pero el devenir del Torero, el cuadro más popular del país, va más allá de los fríos números. FIFA.com repasa su historia a continuación.

Nacimiento del club
Fundada en 1547 como astillero y puerto comercial al servicio de la Corona de España, Guayaquil se transformó con el paso del tiempo en una ciudad encantadora por la mezcla de culturas. Allí, en el corazón del Barrio del Astillero, varios amigos decidieron en 1925 fundar un club de fútbol. El grupo estaba integrado mayoritariamente por catalanes, pero también había ecuatorianos, algún italiano y hasta un uruguayo.

La idea cobró forma el 1 de mayo en la casa del barcelonés Eutimio Pérez Arumí: en agradecimiento al apoyo de la comunidad española a Guayaquil, pero también por la admiración que en aquellos muchachos despertaba el por entonces arquero culé Ricardo El Divino Zamora, decidieron nombrar a la institución naciente Barcelona SC. La primera camiseta fue negra, aunque le agregaron un escudo casi idéntico al del Barcelona europeo para hacerla menos lúgubre. Recién en 1927 aquel color, que quedó para la vestimenta alternativa, perdió la pulseada con el oro o amarillo actual.

La forja de una leyenda
Sus primeros pasos fueron tambaleantes. De hecho, recién a mediados de los ’40 empezó a forjar su leyenda, con un equipo integrado únicamente por futbolistas ecuatorianos. Liderados por su símbolo Sigifredo Chuchuca, el Barcelona le plantó cara al otro equipo de Guayaquil, Emelec, que por ese entonces dominaba gracias a varios internacionales de renombre. De ahí el hoy popular Clásico del Astillero.

Ese Barcelona se hizo mito el 31 de agosto de 1949, durante la visita de Millonarios de Colombia, que con estrellas como Alfredo Di Stéfano, Alfredo Pedernera y Néstor Rossi era considerado uno de los mejores equipos de mundo. Todos eran pesimistas: “Queda la esperanza de que el conjunto barcelonés ofrezca, como en tantas ocasiones, una gran presentación ante un gran rival, pero, de todas maneras, deben tomarse las medidas para evitar una catástrofe”, sentenciaba el diario El Universo.

Sin embargo, con goles de Enrique Cantos, Jorge Rodríguez y Víctor Lindor, el Barcelona se impuso agónicamente por 3-2, éxito que refrendó al año siguiente al conquistar su último título amateur. De hecho, la bonanza continuó tras la instauración del torneo nacional en 1957, ya los Canarios obtuvieron tres campeonatos y tres subcampeonatos entre 1959 y 1968.

En esa década del ’60, además de transformarse en el primer equipo ecuatoriano en disputar la Libertadores, recibió en Guayaquil a potencias europeas, dándole batalla a todas: si bien perdió con Real Madrid en 1961 (1-3) y Benfica en 1967 (2-3), le ganó a su tocayo Barcelona en 1966 (2-1) y empató tanto con el Borussia Mönchengladbach en 1964 (1-1) como con el AC Milan en 1966 (2-2). Su defensa era tan buena que la apodaban La Cortina de Hierro

Tras el título nacional de 1970, los Toreros dieron la nota en la Libertadores de 1971, al infringirle al tricampeón reinante Estudiantes su primera derrota en La Plata. “Dios (y Bazurco), con el Barcelona”, tituló el matutino argentino Clarín, haciendo referencia al autor del único gol, Juan Manuel Bazurco, el sacerdote-futbolista que donaba el sueldo a su parroquia. El equipo que logró La Hazaña de La Plata quedó en las semifinales de la Copa, pero se convirtió ese mismo año en el primer bicampeón de Ecuador.

De allí en adelante, los ’70 trajeron sólo sinsabores. Barcelona debió esperar hasta 1980 para volver a gritar campeón, dando inicio así a una era dorada, durante la cual agregó cinco estrellas a su palmarés, resultó dos veces subcampeón e inauguró su actual estadio, el Monumental de Guayaquil.

Pero si los años 80 serán recordados por los logros nacionales, los 90 quedarán marcados a fuego por lo cerca que estuvo dos veces de alzar la Libertadores. La primera fue en 1990, cuando llegó inesperadamente a la final pero perdió con Olimpia. La segunda sucedió en 1998 con un plantel distinto, donde sobresalían José Cevallos, Holger Quiñonez, Luis Gómez, Jimmy Montanero y Nicolás Asencio. En esta oportunidad su verdugo fue el Vaso da Gama.

En el medio, Barcelona ganó el campeonato ecuatoriano de 1995, en el que alcanzó el imbatido record de 101 puntos, y el de 1997, decimotercera y última corona del Ídolo del Astillero hasta la fecha… 

En la actualidad
El éxito le ha sido esquivo en el Siglo XXI, a punto tal que El Nacional lo alcanzó en torneos obtenidos. En 2009 estuvo cerca del descenso, pero lo evitó por apenas dos puntos. Así, a junio de 2012, se mantiene como el único equipo que jamás ha perdido la categoría. Sus buenas actuaciones en 2010 y 2011 no le valieron título alguno ni aparición en la Libertadores. Sin embargo, parece haber recuperado, finalmente, el protagonismo extraviado. 

El estadio
Ubicado en el sector sudoeste de Guayaquil, el Estadio Monumental Isidro Romero Carbo se inauguró el 28 de mayo de 1988, aunque recién dos años después adoptó ese nombre en honor a un ex presidente del club. Con un aforo de casi 60.000 espectadores, es el recinto de mayor capacidad en Ecuador y uno de los más modernos de Latinoamérica. El estadio albergó dos finales de Copa Libertadores (1990 y 1998), una de Copa América (1993) y  el duelo decisivo de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA 1995. Además, recibió partidos de las eliminatorias para las Copas Mundiales de la FIFA 1990, 1994 y 1998.