Puede sonar descabellado, sobre todo si el lector de estas líneas no sigue con asiduidad las alternativas del fútbol argentino, pero pocas instituciones como la Asociación Atlética Argentinos Juniors han colaborado tanto con la identidad y el éxito del deporte rey albiceleste. Los Bichos Colorados -como se los denomina habitualmente- no integran el grupo selecto de equipos grandes en la liga local, pero han respetado una filosofía de juego a lo largo de la historia que les ha permitido formar a algunos de los futbolistas más talentosos y exitosos del circuito.

Así es: Diego Maradona, Juan Román Riquelme, Claudio Borghi, Fernando Redondo y hasta Esteban Cambiasso son sólo algunos de los productos genuinos de la cantera de Argentinos, un club que desde el modesto barrio La Paternal llegó a reinar América y poner en jaque a la mismísima Juventus de Michel Platini. A continuación, repasamos lo mejor de sus 107 años de historia.

Nacimiento del club
Los orígenes de Argentinos Juniors datan de 1886 cuando los Mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas asesinados en su lucha por mejoras salariales en Estados Unidos, inspiraron al mundo con sus ideas socialistas. A miles de kilómetros de allí, en Argentina, un equipo de fútbol que había tomado ese nombre se fusionó con otro, ‘Sol de Victoria’, para dar nacimiento a la Asociación Atlética y Futbolística Argentinos Unidos de Villa Crespo en 1904.

Claro que nada era sencillo en aquella época, y la dificultad y el costo de confección del sello del club llevaron a acortar el nombre original, que pasó a ser Asociación Atlética Argentinos Juniors. Sus fundadores se pusieron rápidamente de acuerdo: los colores rojo y blanco reemplazarían al verde y blanco en homenaje al Partido Socialista que ubicaba por entonces a Alfredo Palacios como su primer diputado en el Congreso de La Nación.

Mitos y realidades de una pasión
Como todos los clubes del fútbol argentino, Argentinos Juniors tuvo que luchar y mucho para hacerse con un lugar estable en la Primera División. Su primer ascenso se produjo en 1921 y duró 16 años, cuando la institución padeció una seria crisis que le implicó ser desalojada de su estadio y ver caer su afluencia social a apenas 100 miembros.

Su lucha incesante por retornar a los puestos de elite se prolongó hasta 1955, año en que regresó a la máxima categoría para afirmar una vez más su filosofía de buen juego y balón a ras del suelo. El equipo, dirigido por Francisco Fandiño, daba cátedra en sus partidos y recibió el recordado apodo de “Tifón de Boyacá”.

Semejante reputación facilitó la llegada de chicos talentosos a sus divisiones inferiores, como cuando se sumó a sus filas un tal Diego Armando Maradona. “Cuando me probé no me creían la edad, si hasta me hicieron llevar el documento al día siguiente”, recuerda el Diez que, con su zurda, lideró a un equipo infantil que marcó historia: Los Cebollitas, así los apodaban, aplastaban a todos sus rivales y captaban la atención de los aficionados y medios especializados. A nadie sorprendía que en 1976, con apenas 15 años, Maradona debutara ya en la Primera División.

De la mano de Pelusa, el Bicho adquirió fama internacional y comenzó a ser seguido por todos: Maradona resultó goleador por cuatro años consecutivos hasta 1980, cuando el equipo abrazó el subcampeonato y afianzó su filosofía de juego refinado.

Curiosamente, su partida a Boca Juniors coincidió con el inicio de la década dorada del club. En 1984, dirigido por Roberto Saporiti, el club festeja en el Metropolitano su primer título profesional con jugadores de la talla de Claudio Borghi, Sergio Batista y Pedro Pasculli, entre otros, todos campeones del mundo con la selección dos años más tarde en México.

Ese sería apenas el preámbulo:  el título Nacional, la obtención de la Copa Libertadores contra América de Cali, la Interamericana frente a Defence Force y la caída por penales ante Juventus de Michel Platini en una de las finales más recordadas en la historia de la Copa Intercontinental cerraron un 1985 para el recuerdo, ya bajo el mando técnico de José Yudica. “Si hubiera jugado diez partidos más como ese contra Juventus, habría sido más que Maradona”, declararía luego Claudio Borghi, uno de los máximos referentes del club.

Pero el fútbol no está ajeno a las crisis y Argentinos Juniors las vivió todas: generador de talentos y apremiado por cuestiones económicas, el club se vio forzado a mudar su localía a la provincia de Mendoza en la década del 90 y a desprenderse de varias de sus promesas en inferiores. Así, jugadores como Esteban Cambiasso y Juan Román Riquelme debieron marcharse para debutar en Primera División con otras camisetas, pese a haber disfrutado de su formación en el club de La Paternal. No obstante, el talentoso número 10 retornó al club en 2014 para colaborar con el operativo retorno a la Primera División, luego de que el club cayera -tras coronarse campeón en 2010- en el tercer descenso de su historia.

El estadio
Tras mudar su localía durante años por las canchas de Huracán, Atlanta, Deportivo Español, el Malvinas Argentinas de Mendoza e incluso Miami -para un encuentro correspondiente a la Supercopa-, los socios de Argentinos Juniors celebraron la reinauguración de su estadio con capacidad para más de 20.000 espectadores. Fundado originalmente en 1940, el 26 de diciembre de 2003 vivió su reapertura con el flamante nombre de Estadio Diego Armando Maradona. “Argentinos Juniors es mi casa. Cada vez que escucho el nombre del estadio sufro un cimbronazo”, afirmó el mismo Maradona en el documental ‘Bichos Criollos’, que cuenta la historia del club y fue estrenado recientemente en diversas salas de cine.