Ni siquiera la Reina Isabel II pudo contener su júbilo el 30 de julio de 1966, día en que Inglaterra, cuna del fútbol moderno, ganó por fin la Copa Mundial de la FIFA. Mientras el público se volvía loco en el interior del estadio Wembley y la gente saltaba a las calles por todo el país, parecía que sólo había un hombre capaz de mantener la calma. Alf Ramsey, estratega del mayor triunfo deportivo inglés de todos los tiempos, lucía una simpática sonrisa, pero, para sorpresa general, mantenía la compostura y su asiento en el banquillo.

Junto con el brinco de Nobby Stiles y el levantamiento del trofeo Jules Rimet por parte de Bobby Moore, la imagen del comedimiento de Ramsey sigue grabada, incluso 40 años después del hito, en la memoria de los ingleses que la presenciaron, lo que subraya la importancia del papel desempeñado por el entrenador y la dignidad tranquila que encarnaba. El 'General' también poseía un astuto cerebro para el fútbol, era flexible con sus tácticas, pero estricto con la disciplina, y como técnico estaba muy por delante de su tiempo. Pero acaso su mayor talento era su capacidad para sacar lo mejor de sus jugadores en el campo.

Ganar para Alf
Ramsey se hizo con su puesto de seleccionador de Inglaterra después de ascender a un grupo de amigos que jugaban en el Ipswich Town desde la tercera división regional hasta la principal liga de fútbol en siete temporadas, de 1955 a 1962.

"Vamos a ganar el Mundial", anunció el oriundo de Essex en una bravuconada impropia de su carácter cuando tomó las riendas del equipo nacional en 1963. No solía sentirse cómodo ante la prensa, aunque por lo general era bastante respetado por todos, pero una derrota por 5-2 ante Francia en un partido de clasificación para el Campeonato Europeo de la UEFA hizo que algunos periodistas comenzaran a poner en entredicho su nombramiento. No obstante, Ramsey, que en su juventud había sido 32 veces lateral derecho con la selección -sus clubes fueron el Southampton y el Tottenham Hotspur- estaba dispuesto a jugarse el cuello y descartar a los extremos con los que el fútbol inglés había llegado a identificarse. Los reemplazó por una formación 4-4-2, algo insólito en aquel tiempo, lo que hizo que su equipo llegara a ser conocido como los 'wingless wonders' ('maravillas sin alas').

Daba igual el varapalo que le propinara la prensa: la lealtad de Ramsey hacia sus jugadores siempre obtenía recompensa, pues le era devuelta con creces.

"Funcionaba en ambas direcciones", explicaría después el mediocampista Stiles, quien, a pesar de su fuerte entrada sobre el organizador francés Jaques Simon en la victoria por 2-0 de Inglaterra en la fase de liguilla, fue defendido a capa y espada por su entrenador pese a las peticiones de su exclusión en cuartos de final. "Como nos era fiel, nosotros estábamos dispuestos a traspasar paredes por él".

"Y no sólo los jugadores. Todos los que trabajaban para la selección de Inglaterra, lo hacían para Alf. Antes del choque contra Argentina, yo estaba en el baño poniéndome las lentillas cuando entró Harold Shepherdson [ayudante de Ramsey]. Me cogió por el cuello, me empujó contra la pared, y me dijo: 'No defraudes a Alf'".

Entrada triunfal y tranquila en la historia
A pesar de la temeraria predicción de Ramsey, la mayoría de los expertos futbolísticos no pensaban que Inglaterra, ni siquiera siendo anfitriona, podría ganar la competición. Cuatro torneos antes, cuando Ramsey hizo su debut internacional como futbolista, Inglaterra sufrió una humillante debacle ante Estados Unidos en Brasil. En la última aparición internacional de Ramsey, tres años más tarde en Wembley, Inglaterra vio cómo los magiares mágicos destrozaban a su armada en la famosa batalla del 6-3. En las Copas Mundiales de la FIFA Suiza 1954, Suecia 1958 y Chile 1962, Inglaterra no sobrevivió a los cuartos de final.

Había pocos motivos para sospechar que los británicos destronarían al Brasil de Pelé, pero Inglaterra y el fútbol inglés estaban a punto de despertar de su largo letargo.

Los anfitriones arrancaron el torneo con un empate sin goles contra Uruguay, que fue seguido por una victoria poco convincente por 2-0 contra México. Sin embargo, un aplomado triunfo por 2-0 contra Francia demostró que el equipo se movía en la dirección correcta, y tras desbancar a Argentina por 1-0 en un partido a muerte -Ramsey llegó a usar el infausto apelativo de 'animales' para referirse a los jugadores argentinos tras la contienda- la nación empezó a creer en el entrenador y en sus 'maravillas sin alas'.

Con Gordon Banks en la portería y el majestuoso capitán Bobby Moore frente a él, Inglaterra no había concedido un solo gol en todo el torneo hasta entonces. Cuando las mallas inglesas recibieron el primer proyectil, quedaban sólo ocho minutos de partido en la semifinal contra Portugal, pero el penal transformado por Eusébio llegaba demasiado tarde, pues el certero Bobby Charlton ya había hecho dos dianas. La victoria por 2-1 aupó a Inglaterra a la final, donde le esperaba Alemania, un equipo contra el que nunca había perdido.

Y aunque el viento seguía soplando a favor de Inglaterra, el drama de la final de la Copa Mundial de la FIFA 1966 era difícil de prever -el empate agónico 2-2 de Alemania, el controvertido 'tercero' de Inglaterra, la tripleta de Geoff Hurst, y el jolgorio final-, y todo el tiempo Ramsey sentado sin inmutarse en el banquillo.

Hurst, uno de los héroes de aquel día, contaría después cómo Ramsey convenció al equipo de seguir luchando antes de la prórroga: "Alf nunca levantaba la voz, pero tenía un ademán muy poderoso".

El abismo mexicano
Alf se convirtió en sir Alf un año más tarde, y bajo su mandato, los años 60 siguieron siendo propicios para los seguidores ingleses. Muchos comentaristas pensaban que el equipo que Ramsey llevó a México en 1970 era incluso mejor que el que se había coronado campeón cuatro años antes, y el paternal seleccionador inglés parecía saber por instinto lo que sus muchachos necesitaban para darlo todo. Además de ejercitar su perspicacia psicológica en el análisis mental de los futbolistas profesionales modernos, Ramsey se encargaba de vigilar los pormenores del viaje, la dieta y la forma física. Su planificación y control extremaron su rigor en el torneo de México.

"Los preparativos de Alf para México fueron increíbles", recordaría luego Stiles. "Según los estándares actuales, hoy se considerarían obsoletos, pero en aquellos tiempos eran revolucionarios. No se dejó piedra sin remover. Incluso se llegó a llevar salsa HP a México. Siempre lo recordaré: salsa HP en las mesas".

Pero los campeones del mundo acabarían distrayéndose por incidentes ocurridos fuera del campo, que pondrían a prueba las facultades directivas de Ramsey. Primero, su capitán y gran aliado, Moore, fue arrestado después de ser falsamente acusado de robar un collar en una tienda de un hotel. Y antes del partido de cuartos de final que les volvió a enfrentar a Alemania, cayó enfermo Banks, reputado como el mejor portero del mundo, especialmente tras su milagrosa parada de un cabezazo de Pelé en la derrota por 1-0 ante Brasil.

El subsiguiente encuentro de cuartos de final en León fue un punto de inflexión en el reinado del seleccionador inglés. Un error por parte del suplente de Banks, Peter Bonetti, ayudó a los alemanes y les permitió iniciar la remontada en la segunda mitad (2-1). Luego vino la decisión de Ramsey de sustituir a Charlton pocos minutos antes de que Uwe Seeler empatara la contienda, considerada por muchos como el momento en el que la reputación mesiánica del gran jefe se desmoronó para siempre. El gol de la victoria conseguido por Gerd Müller en la segunda parte de la prórroga hundió a Inglaterra en el más profundo de los abismos.

En caída libre
A principios de los 70, el fútbol entró en una fase de rápida transformación, y la retirada de la televisión en blanco y negro coincidió con la aparición de entrenadores más vistosos e interesantes para la prensa. Los memorables hitos de los años sesenta se devaluaron rápidamente después de que un empate en casa contra Polonia impidiera a Inglaterra clasificarse para la Copa Mundial de la FIFA Alemania 1974.

"Si Bobby Moore hubiera llorado, todos habríamos llorado con él", declaró un descorazonado entrenador cuyos doce años de reinado tocaron a su fin tras la batalla. En total, las selecciones inglesas de sir Alf registraron 69 victorias, 27 empates y 17 derrotas.

"Fue la media hora más abrumadora de mi vida", diría Ramsey después de su despido. "Estaba de pie en una sala llena de miembros del comité que me miraban. Me sentía como si me estuvieran sometiendo a juicio. Pensé que me iban a colgar".

Hijo de un pequeño agricultor, este entrenador de 53 años siguió siendo un campeón para la gente, y con cada año que pasa, su hazaña sin par de llevar a Inglaterra a la victoria en el deporte que dio al mundo parece aún más colosal.

Tácticas
Desde los tiempos de los primeros partidos en el Reino Unido, el fútbol siempre estaba repleto de delanteros. A lo largo de los años, y a medida que las tácticas se desarrollaban, algunos de los 11 jugadores empezaron a asumir posiciones defensivas. Extremos como Stanley Matthews se habían convertido en parte del entramado futbolístico ingles hacia finales de los años 50, pero, en parte porque no estaba satisfecho con los aleros del momento, y en parte porque sus propios pensamientos tácticos se inclinaban hacia el refuerzo del mediocampo, Ramsey decidió probar sin ellos en la fase previa al torneo de la Copa Mundial de la FIFA 1966. Tras una primera ronda poco convincente, introdujo el sistema 4-4-2 en el encuentro de cuartos de final contra Argentina, que Inglaterra ya nunca abandonaría. El sistema parecía ser especialmente adecuado para Bobby Charlton, que gozaba de mayor libertad a la hora de probar el disparo. El equipo pasó a ser conocido como los 'wingless wonders' ('maravillas sin alas').