Con el merecido apodo del 'Milagro de Berna', el primer triunfo de Alemania en la Copa Mundial de la FIFA, en 1954, está vinculado estrechamente con Joseph Herberger, un hombre cuyos logros trascendieron las fronteras convencionales de los entrenadores de fútbol. De hecho está ampliamente reconocido como uno de los padres fundadores de la nueva Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, un deportista transformado por la victoria sobre la a priori invencible Hungría, en un icono social y cultural para la joven República Federal.
'Sepp', como se le conocía cariñosamente, era el benjamín de seis hermanos en una familia de clase trabajadora. Tras la muerte de su padre y con 14 años Herberger tuvo que empezar a trabajar. Lo hizo esporádicamente en la construcción antes de entrar en una fábrica de metalistería.
Pero ya desde niño lo único que le interesaba realmente era el fútbol, y debutó en un equipo senior con el club local del Waldhof Mannheim a la edad de 17 años.
Combativo y corredor incansable
Herberger fue llamado al servicio militar en 1916 y estuvo
dos años en el ejército, antes de volver a jugar en el Waldhof,
donde recibió los mayores elogios por su talento goleador,
combinado con un instinto luchador y una energía que le llevaban a
correr sin parar.
En 1921 fue convocado por primera vez por su selección y debutó con Alemania contra Finlandia, en un partido que finalizó con empate 3-3. En total sólo fue internacional en tres ocasiones. En cuanto a clubes, fichó por el gran rival del Waldhof, el VfR Mannheim, pero fue acusado de aceptar un pago ilegal y fue sancionado durante un año por incumplir los estatutos del fútbol como deporte aficionado.
A los 28 años marcó con el Mannheim el gol de la victoria en la final del Campeonato del Sur de Alemania de 1925, y ese mismo año vistió por tercera y última vez la camiseta alemana, frente a Holanda.
En 1926 se marchó a jugar a Berlín, e inició un período de cuatro años en el Tennis Borussia. A los 30 años empezó a estudiar para obtener el diploma de entrenador en la Universidad de Educación Física de Berlín y se graduó con las mejores notas de su clase. Su tesis se denominó "Hacia el máximo rendimiento en el fútbol". Posteriormente pasó cuatro años con la Federación de Deportes de Alemania Occidental como entrenador senior.
Reconstrucción de Alemania
Tras la pobre actuación de la selección alemana de fútbol en
los Juegos Olímpicos de 1936, Herberger fue designado nuevo
Reichsfussballtrainer, en sustitución de Otto Nerz. Logró
formar un equipo para el que había grandes expectativas de cara a
Francia 1938, pero su trabajo se echó a perder por la trágica
situación política de la época. El régimen de Berlín le obligó a
alinear a jugadores de campo de la recientemente anexada Austria, y
Alemania fue eliminada en la primera fase con más pena que
gloria.
Durante los devastadores años de la Segunda Guerra Mundial se suspendieron las competiciones internacionales, pero Herberger hizo todo lo que pudo para mantener el contacto con sus jugadores. Tras el final de la guerra inició la dura tarea de reconstruir el equipo nacional, y fue designado de nuevo seleccionador oficialmente en 1950.
Ese año Alemania fue excluida de la Copa Mundial de la FIFA, pero en noviembre, tras ocho años de ausencia, el equipo nacional volvió a jugar un partido. Era el primer partido de los germanos desde la guerra, y finalizó con victoria 1-0 sobre Suiza ante 115,000 espectadores en Stuttgart, marcando el inicio de una época de gloria para el fútbol alemán.
Herberger construyó un equipo en torno al legendario capitán Fritz Walter, pero sus hombres acudían en el papel de comparsas a la Copa Mundial de la FIFA de 1954, disputada en la vecina Suiza. Los demoledores húngaros estaban considerados como casi invencibles, como parecía atestiguar su victoria por 8-3 en la primera fase sobre los hombres de Herberger. El entrenador recibió duras críticas, pero posteriormente afirmó que había optado por alinear a un equipo mermado, y que para él la derrota era parte de un plan estratégico de cara al futuro.
El estratega futbolístico por excelencia
'Sepp' había calculado que necesitaba dos victorias
en la primera fase para clasificarse. Sus hombres derrotaron a
Turquía en el partido inaugural, pero el seleccionador sabía que
incluso su mejor equipo posible tenía pocas opciones ante Hungría.
Por ello partió de la base de que iban a perder ese partido, con lo
que envió a sus suplentes y reservó a sus mejores jugadores para el
partido decisivo, en el que de nuevo jugaron contra los turcos.
La fortaleza de su carácter le permitió ignorar la tormenta de críticas, y lo que ocurrió posteriormente en el torneo le dio la razón, al derrotar de nuevo a Turquía una Alemania que esta vez sí jugó con todas sus estrellas, pasando a la siguiente fase. Sus críticos se tuvieron que callar y de repente pasó a ser considerado "un prodigioso estratega futbolístico".
Su fama se extendió, en parte gracias a una libreta marca de la casa en la que apuntaba datos de los puntos fuertes y débiles de sus futuros rivales, pero sobre todo gracias a inolvidables perlas de sabiduría.
Frases como "El balón es redondo" y "Un partido dura 90 minutos" han pasado a formar parte del vocabulario empleado habitualmente en el fútbol alemán.
Para los alemanes, el día 4 de julio de 1954 está escrito con letras de oro en los libros de historia. Su selección nacional, de vuelta a la competición internacional tras un largo y pesaroso período de hibernación, tendría que enfrentarse a Hungría en lo que parecía una final desigual. Sin embargo, el evento acabaría inmortalizado en los anales de la historia de Alemania como el 'Milagro de Berna'.
El artífice principal de la victoria alemana
Como el luchador irreductible que era, Herberger sabía cómo
motivar a un equipo. Era autoritario, pero sentía verdadero aprecio
por sus jugadores, y era totalmente consciente del efecto de sus
palabras y de cómo elevar el espíritu de sus hombres. El vestuario,
y después una nación entera, le conocía respetuosamente como
'el Jefe'.
El mundo del fútbol todavía está buscando a alguien que se le pueda comparar en su habilidad para sacar lo mejor de cada uno de sus jugadores. Sus equipos estaban excelentemente preparados, con una combinación de resistencia, fortaleza, disciplina y espíritu de lucha, cualidades que desde entonces hasta nuestros días se asocian con el fútbol alemán .
De todas estas cualidades, para él las relaciones interpersonales eran lo más importante, ya que era de la opinión de que un equipo debe funcionar ante todo como un grupo de personas. Seguía al pie de la letra el lema "tenéis que ser once amigos". El capitán Fritz Walter, el único auténtico confidente de Herberger en el equipo, ejecutaba las instrucciones de su jefe en el campo, desempeñando un papel clave tanto en lo futbolístico como en lo personal.
Bajo una incesante lluvia, Alemania derrotó a Hungría por 3-2 tras remontar dos goles encajados en los primeros minutos del partido en el estadio Wankdorf en Berna. Las tácticas de Herberger dieron sus frutos: era la primera derrota de Hungría en cuatro años.
Pero el triunfo de Berna significaba algo más que el prestigio asociado con ganar su primera Copa Mundial de la FIFA. Era un símbolo de renovación en una Alemania devastada tras la posguerra, recuperando así su orgullo nacional y su confianza, y le dio un gran empuje en su determinación por elevarse de las ruinas. Era el primer signo de esperanza para un pueblo herido y destrozado.
Padre fundador de una nueva generación
De este modo, la influencia de Sepp Herberger llegó más allá
de su papel como seleccionador ganador de la Copa Mundial de la
FIFA. Ayudó a sentar las bases para una nueva generación de
alemanes. En Alemania el 'Milagro de Berna' tuvo un efecto
psicológico superior al de cualquier otro éxito deportivo, y su
logro fue reconocido al recibir la Orden Nacional al Mérito de
Primera Clase en 1962.
Herberger continuó en el cargo de seleccionador nacional hasta 1964. En 1958, Alemania acabó cuarta en la Copa Mundial de la FIFA de Suecia y en 1962 cayó ante Chile en cuartos de final. Su último partido como seleccionador alemán fue una victoria sobre Finlandia el 7 de junio de 1964.
Tras ese encuentro cedió las riendas de la selección a Helmut Schön y se retiró. Herberger murió en 1977 a causa de una infección pulmonar en su ciudad natal de Mannheim a la edad de 80 años.
Tácticas
Herberger era un fino estratega. Tras iniciar su equipo la
Copa Mundial de la FIFA 1954 con una contundente victoria sobre
Turquía por 4-1, hizo ocho cambios, reservando a sus mejores
jugadores en el segundo partido contra Hungría, que era favorita.
Sólo el capitán Fritz Walter, Jupp Posipal y Werner Kohlmeyer
repitieron en el once titular, al margen de ellos la selección
alemana estaba repleta de suplentes. Como era de esperar, los
hombres de Herberger fueron derrotados por un implacable 8-3. Sin
embargo, su maniobra sería posteriormente considerada como genial,
tras arrasar una totalmente recuperada Alemania a Turquía por 7-2
en el partido decisivo para pasar a la siguiente fase. "Pienso
que hoy habríamos perdido aunque hubiese alineado a mis mejores
jugadores", alegó Herberger en su defensa, después de recibir
todo tipo de críticas en su país.
