Meazza, adalid del Inter en el derbi milanés

El AC Milan predominaba con claridad sobre el Inter en los albores de su intensa rivalidad. Los Rossoneri registraron nueve victorias frente a las cinco de los Nerazzurri en los 17 primeros enfrentamientos entre ambos equipos, y les endosaron una enfática victoria por 8-1 en el único encuentro eliminatorio en la Copa Mauro 1917/18.

Las tornas empezaron a cambiar a partir de 1927. Fue en esa fecha cuando un volante ofensivo que cuatro años antes había sido rechazado en las categorías inferiores del AC Milan por ser demasiado delgado, hizo su debut profesional con el Inter a los 17. Se llamaba Giuseppe Meazza.

En su primer Derby della Madonnina, el Balilla marcó un gol y dio el pase del otro en el primer triunfo del Inter sobre el AC en seis intentos. Para cuando ambos conjuntos se volvieron a ver las caras en el Arena Civica en noviembre de 1932 —este martes se cumplen exactamente 80 años— Meazza ya se había forjado la reputación de verdugo de los Rossoneri. Después de todo, había sido el autor de unas cuantas asistencias mágicas y de goles espectaculares en los seis clásicos anteriores, de los cuales su equipo no había perdido ninguno.

El Milan se había propuesto firmemente que esa racha no llegaría a siete. Su guardameta había proclamado antes del duelo que no estaba dispuesto a conceder ningún gol a Meazza y que el internacional italiano no conseguiría batirle.

La apoteosis
El reloj marcaba el minuto 75 y Dario Compiani iba camino de cumplir su voto. Para entonces, tres de sus compañeros —Mario Magnozzi, Pietro Arcari y Giovanni Moretti— habían inscrito sus nombres en la lista de goleadores. Meazza, sin embargo, había utilizado sus exquisitos regates y sus pases de tiralíneas para servir un doblete a Demaria y sendos tantos a Mihalic y Levratto, que daban al Inter una ventaja de 4-3.

Después de hacer el papel de gran artista creador, Meazza mató el partido —y la promesa de Compiani— a falta de 14 minutos para la conclusión, zigzagueando entre dos defensas rojinegros y asestando el balón en la red para subir el 5-3 al marcador. Aunque Magnozzi logró recortar distancias en los estertores, sólo consiguió un magro consuelo para el Milan.

Ese resultado de 5-4 permitió más tarde al Inter establecer el aún vigente récord del club de 17 partidos invicto en el Derby della Madonnina, una racha a lo largo de la cual el AC no pudo poner coto a la fecundidad de Meazza.

¿Cómo resolver el problema? Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Los Rossoneri, a quienes Meazza había endosado 12 goles, se agenciaron sus servicios a través de un traspaso que acaparó los titulares e hizo correr mucha tinta en 1940. Por fin, el extrovertido y extraordinario jugador dejaría de atormentarlos con partidos como el de aquella gélida tarde de noviembre de 1932.