El fair play del primer Corinthians
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El miércoles, el Corinthians brasileño empezará su asalto a un segundo título de campeón del mundo. Sin embargo, el glamour y la intensísima competencia que rodean a la Copa Mundial de Clubes de la FIFA no eran precisamente algo que caracterizase al club que inspiró el nombre del equipo de São Paulo.

Tras ver un partido en el que participaba el Corinthian Football Club, un conjunto inglés que estaba de gira por Brasil, cinco obreros del ferrocarril de São Paulo decidieron formar un equipo “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Y aunque el equipo londinense ganase los seis encuentros de exhibición que disputó en el país sudamericano, la adopción de su nombre como homenaje se debió a algo más que a sus logros deportivos.

De hecho, lo que hacía al Cortinthians original tan extraordinario no eran sus éxitos futbolísticos, sino su forma de jugar. Para sus fundadores y jugadores, los ideales amateurs, su conducta caballerosa y la deportividad tenían una importancia mucho mayor que el resultado. Aun así, si bien la frase “Corinthian spirit” (“espíritu del Corinthian”) continúa utilizándose en inglés al hablar del juego limpio, el club ha caído en un cierto olvido, toda una pena si se tienen en cuenta sus valores.

Rechazo a los penales y el profesionalismo
Los principios del Corinthians eran tales que algunas de las prácticas del club parecen hoy en día cómicas, y pertenecientes a otro tiempo. Por ejemplo, si su rival se quedaba sin un jugador por lesión o expulsión, retiraba de inmediato y voluntariamente a uno de sus propios hombres de la cancha, para que la contienda siguiese siendo equilibrada. Más sorprendente aún era su rotunda negativa a marcar en lanzamientos penales, acciones en las que sus jugadores siempre enviaban suavemente el balón hacia los guardametas contrarios, convencidos de que nadie trataría nunca de adquirir una ventaja desleal cometiendo adrede una falta sobre un adversario. Los penales, en opinión del Corinthians, eran “impropios de un caballero”.

Y, en un club que se adhería de una manera tan firme a un estricto código moral, discutir con el árbitro era algo impensable. Uno de sus fundadores, N. L. “Pa” Jackson, dijo en su autobiografía que un futbolista debía ser una persona que “ha aprendido a controlar su ira, considerado con el prójimo, que no se aproveche de ninguna ventaja mezquina, a quien moleste, por ser un deshonor, la mera sospecha de artimañas, y que ante la decepción muestre un semblante jovial”.

La aversión de Jackson por la deshonestidad y la falta de disciplina tan solo eran comparables a su oposición al profesionalismo. Al principio, el Corinthians se negó a incorporarse a The Football League (la Asociación Inglesa) y a competir en la FA Cup, y no sería hasta 1923 (más de 40 años después de su fundación) cuando accedió a “apartarse de sus reglas habituales y participar en una competición cuyo principal objetivo no era benéfico”, al inscribirse en este último torneo.

De haber actuado en estas competiciones de élite, es probable que el Corinthians hubiese arrollado a sus oponentes. Prueba de ello es el triunfo por 8-1 sobre el Blackburn Rovers obtenido poco después de que el cuadro de Lancashire se impusiese en la final de la FA Cup de 1884, y el inapelable 10-3 que endosó al Bury, campeón de 1903 con un 6-0 sobre el Derby County en la final de aquel año. Su primer éxito tangible se produjo cuando venció al Aston Villa, entonces campeón de Inglaterra, en un certamen benéfico de 1900, la Sheriff of London Shield. Cuatro años más tarde, vapuleó por 11-3 al Manchester United, un tanteo que sigue siendo hoy la mayor derrota sufrida nunca por los Diablos Rojos.

Inspiración internacional
El Corinthians no ocultaba que prefería la deportividad a la victoria, pero siempre combinaba ambas, y eso también fue un elemento fundamental en la creación del club, en 1882. Jackson era en aquella época secretario adjunto de la Asociación Inglesa, y su preocupación por los resultados de la selección nacional lo llevó a fundar un club.

“El Corinthians se fundó principalmente porque Jackson y algunos de sus contemporáneos estaban totalmente desanimados ante la actuación de Inglaterra frente a Escocia durante los diez años transcurridos desde su primer partido internacional, en 1872”, explicó en un documental de la BBC el doctor Dil Porter, historiador de la Universidad de De Montford. “Escocia dominaba por completo en aquellos partidos, y Jackson creyó que se debía a que la selección escocesa estaba compuesta en gran medida por jugadores pertenecientes al mismo club amateur, el Queens Park. Pensó que si podía reunir a los mejores caballeros futbolistas amateurs ingleses en un club, para que pudiesen jugar más a menudo, como el Queens Park, tendrían muchas más posibilidades en los partidos contra Escocia”.

Inglaterra mejoraría, y más de cien futbolistas del Corinthians acabaron defendiendo a su combinado absoluto. En un encuentro disputado ante Gales a domicilio en 1894, todo el equipo de los Tres Leones llegó a estar compuesto por jugadores de la formación londinense, que se llevó una victoria por 1-5. La asociación del Corinthians con la selección duraría hasta 1937, cuando Bernard Joy se convirtió en el último amateur que vistió los colores de Inglaterra.

Y únicamente dos años después, el club desapareció al fusionarse con el Casuals, para formar el Corinthian-Casuals Football Club. Luego vino un constante descenso de categorías, con el consiguiente olvido por parte del público. Actualmente, el Corinthian-Casuals milita en la Isthmian League, una modesta liga regional de Londres y el sudeste de Inglaterra. Y aunque conserva su condición de amateur, costumbres como fallar adrede los penales y “expulsar” a sus propios jugadores se abandonaron hace ya mucho tiempo.

Quizás ya no tenga aquellos firmes principios de antaño, y es poco probable que compita con su homónimo brasileño por alzar grandes títulos en un futuro inmediato. No obstante, el Corinthians continúa siendo el ejemplo supremo de valores que muchos siguen apreciando en el fútbol.