Vicente Feola, mucho más que un bonachón
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Vicente Ítalo Feola tiene al menos un enorme motivo para ser idolatrado en Brasil, pero su fama es de las más cuestionadas. Es el arquetipo de técnico bonachón y tranquilo: tan bonachón que cedía el mando del equipo a los jugadores veteranos, y tan tranquilo que a veces se quedaba dormido en el banco de reservas. Sin embargo, también estuvo al frente de una confusa y desastrosa campaña de la Copa Mundial de la FIFA 1966™. Pero, a pesar de todo ello, fue el seleccionador que guió a los brasileños a la conquista de su primer título mundial, en 1958.

Es improbable, como poco, que alguien pueda pasar dieciséis años directamente vinculado a las principales decisiones del fútbol brasileño —algunas de las cuales acabaron siendo determinantes en su historia— sin ser más que un tipo simpático, sin ímpetu y somnoliento. Pero el falso mito que surgió en torno al entrenador, acrecentado por el fracaso de la Seleção en Inglaterra 1966, dejó una huella mayor que sus logros. Por lo menos, eso es lo que aseguran algunos de quienes los vivieron como protagonistas.

“Casi todo lo que se dice de Feola son solo historias de la prensa de aquí, habladurías”, asegura a FIFA.com el legendario Mário Jorge Lobo Zagallo, él mismo uno de los directamente afectados por una decisión suya. Antes del torneo mundialista de 1958, Zagallo luchaba por hacerse con uno de los dos puestos de extremo izquierdo del plantel con Canhoteiro y Pepe, dos jugadores más habilidosos que él, pero que no tenían el hábito del que Zagallo había sido pionero en esa demarcación: retroceder para ayudar en la defensa cuando el equipo no tenía la pelota. “Hasta entonces, Brasil usaba un 4-2-4 clásico y sin éxito. En el 58, yo acabé siendo una pieza importante para Feola, que me colocó como ese jugador que actúa de extremo ofensivo cuando Brasil tenía el balón y, cuando lo perdíamos, se transformaba en mediocampista para apoyar a Nilton Santos en el lateral izquierdo. Tengo mucho que agradecer a su filosofía. No es que él se dirigiese a mí y me dijese ‘juega así’, sino que vio cómo lo estaba haciendo yo en el Botafogo. Entonces, fue la primera vez que se produjo un cambio táctico dentro del fútbol brasileño”.

Otras experiencias mundialistas
En aquel momento, el entrenador de la Seleção no era precisamente un recién llegado. Feola había pasado más de veinte años, entre idas y venidas, al frente del São Paulo Futebol Clube, cuyos colores había defendido en su época de futbolista, que según él no fue demasiado brillante. Durante ese periodo, resultó fundamental en la vida de otro nombre gigantesco del fútbol brasileño: Leônidas da Silva. “Fue Feola quien insistió para que el São Paulo me fichase, cuando yo estaba en el Flamengo, en 1942. Y también me convenció para que no colgase las botas en 1947”, explicaría el máximo realizador de la Copa Mundial de la FIFA 1938. “Acabé cediendo, y fui campeón estatal de São Paulo en 1948 y 1949”, recordó Leônidas en declaraciones al periódico O Estado de S. Paulo cuando Feola falleció en 1975, a los 65 años, debido a una insuficiencia cardiorrenal.

Vicente Feola también estuvo ahí cuando los brasileños disputaron su primer choque por el título de una Copa Mundial de la FIFA, el traumático Maracanazo de 1950, en calidad de ayudante de Flávio Costa. Con el aval de ese currículo, en 1958 Paulo Machado de Carvalho, jefe de la delegación brasileña, lo nombró entrenador al frente de un cuerpo técnico mayor y más organizado que cualquier otro que hubiese trabajado antes con la Seleção. Y también por eso, por haber sido el primero en tener a su disposición delegado, preparador físico, médico, administrador, dentista o psicólogo, Feola se convirtió en el blanco ideal de las insinuaciones acerca de su supuesta falta de autoridad.

Él decidía
Tanto es así que el imaginario del fútbol brasileño suele atribuir los grandes cambios que se produjeron en aquel equipo a una supuesta reunión, casi un motín, de los integrantes del plantel más veteranos. Según esa teoría, tras los dos primeros partidos del certamen (una victoria sobre Austria y un empate con Inglaterra), Didi, Nilton Santos y compañía se juntaron, discutieron e impusieron a Feola las dos modificaciones para el decisivo duelo ante la Unión Soviética: la salida de Joel y Mazola y la entrada, en el once titular y en la historia, de Garrincha y Pelé. Todo ello, rebelándose contra el técnico.

“Es mentira. No hubo ninguna reunión”, se apresura a decir Zito a FIFA.com. “La decisión fue de Feola, después de que el doctor Hilton Gosling [médico del equipo] diese el alta a Pelé”, añade, versión que corrobora O Rei en una charla con nosotros. Una entrada de Ari Clemente durante un amistoso de la Seleção contra el Corinthians, en los preparativos para el torneo, había provocado a Pelé dolores en la rodilla derecha. Llegó a dudarse de su presencia en Suecia. Antes del encuentro ante los soviéticos, los dos, Feola y Gosling, hablaron con el entonces muchacho de 17 años. “El doctor Hilton llegó y dictaminó: ‘está listo’. Y, enseguida, Feola dijo: ‘Entonces prepárese, porque va a entrar”, cuenta Pelé. “Él era el niño mimado de Feola”, confirma Zagallo. “Yo ni siquiera conocía a Pelé, porque nunca había jugado en el Maracaná. Pero Feola, entrenador del São Paulo, sí lo había visto, y mucho”.

También en el caso de Garrincha, Zagallo, testigo presencial de todo aquello, apunta un dato revelador: “Joel, compañero mío en el Flamengo, compartía habitación conmigo en la concentración, y después del segundo partido dijo: ‘Zagallo, siento un dolor en la rodilla...’. Yo le contesté: ‘Mira, si dices algo, vas a acabar saliendo del equipo’. Pero él insistió: ‘Ah, pero lo noto. Voy a decirlo’. Después, entró Garrincha. Si se pregunta a algunos periodistas, van a seguir manteniendo que sí hubo esa supuesta reunión de los jugadores, porque ellos dieron aquella noticia. Pero yo estaba en la concentración y no vi nada”, relata. “En la víspera del partido contra la URSS, que tenía su centro de entrenamiento justo al lado del nuestro, tuvimos nuestra sesión de práctica. Toda la prensa estaba interesada únicamente en Pelé y Garrincha juntos, y entonces Feola cambió por completo el esquema de juego: cambió a todo el mundo de posición, para que nadie pudiese saber quién era quién ni cómo iba a jugar Brasil”.

En el éxito y en el fracaso
El resto es historia. No hay mejor manera de definirlo. La selección brasileña, a partir de entonces, ganó sus compromisos jugando cada vez mejor, y convirtiéndose a la vez en el equipo legendario de Pelé y Garrincha. Brasil enterró su complejo de conjunto desorganizado y, de inmediato, se convirtió en sinónimo de fútbol bonito y eficaz, y se adjudicó la siguiente edición, en 1962. Ese año, Feola no pudo participar de nuevo tan solo por un problema de salud: uno de los tantos que sufría constantemente, por sus problemas de peso y su fragilidad cardíaca, y que según se dice eran muchas veces el motivo de que cerrase los ojos y alimentase aquel mito de sus siestas en el banco.

Desde entonces, y hasta el día de hoy, los brasileños aprendieron a considerar un fracaso cualquier campaña que no suponga ganar el título mundial. La última etapa de Vicente Feola al frente de la Seleção fue la Copa Mundial de la FIFA 1966, marcada por una preparación rodeada de un clima propio de comicios políticos y de autoconfianza exagerada. Los ensayos fueron desastrosos, con constantes viajes y la convocatoria de nada menos que 47 jugadores, de todos los rincones del país, para el periodo de entrenamientos. Por muchas razones, no funcionó, y la justificación más simple fue concentrar toda la responsabilidad de la frustración en aquel gordito tranquilo y bonachón, que no se atrevía a levantar la voz.

Es posible pues que Feola fuese víctima del exceso de expectativas que ha pasado a ser una característica del fútbol brasileño, acostumbrado a tantas victorias consecutivas. Irónicamente, él fue el primero que trató de imbuir esa mentalidad ganadora, y también, por encima de cualquier otra cosa, el primer entrenador brasileño campeón del mundo.