Argentina sorprende a Alemania

Una rivalidad futbolística se construye a través del tiempo, claro está, pero también a partir de ciertos partidos que, por un motivo u otro, dejan huellas. En el historial del derbi entre Argentina y Alemania, uno de esos encuentros sucedió un 14 de febrero como hoy, pero de 1973: ese día, la Albiceleste se impuso 3-2 y sumó así su primera victoria sobre la Mannschaft, provocándole además su primera derrota en el Estadio Olímpico de Múnich.

Aquel fue un resultado que sorprendió al planeta fútbol de la época por varias razones. Por un lado, aunque breve, la estadística les sonreía a los europeos, quienes, en el primero de los dos enfrentamientos previos, habían eliminado a los argentinos de la Copa Mundial de la FIFA Suecia 1958, al vencerlos por 3-1 en la fase de grupos.

Ocho años después, por la misma instancia pero de Inglaterra 1966, el segundo duelo terminó 0-0, y si bien los dos avanzaron eventualmente a la siguiente ronda, el empate significó que Argentina se enfrentase a los anfitriones en cuartos de final, con quienes terminó cayendo por la mínima.  

Sin embargo, el favoritismo de Alemania en aquella noche de Múnich se alimentaba de cuestiones más recientes. Todavía dirigidos por Helmut Schoen, los teutones venían de ganar su primera Eurocopa en 1972, luego de derrotar en la final a la Unión Soviética por 3-0, y se preparaban para recibir la Copa Mundial de 1974. De hecho, Schoen alistó a ocho campeones europeos, entre los que sobresalían Sepp Maier, Berti Vogts, Franz Beckenbauer, Wolfgang Overath y Jupp Heynckes.

Argentina, al contrario, llegaba de capa de caída. Porque a la traumática no clasificación para la Copa Mundial de 1970, le siguieron otros indicadores negativos, como ciertos polémicos cambios de entrenadores. De hecho, aquel sería recién el cuarto partido de Omar Sívori al frente del equipo, aunque el segundo de una gira que había comenzado de la peor manera, con una derrota ante el supuesto inferior México por 2-0 en el Distrito Federal.

Pero el fútbol siempre da lugar para sorpresas…

Goles tempraneros, reacción tardía
Integrada por jugadores prácticamente desconocidos para el mercado europeo de ese entonces, Argentina sacó una rápida ventaja de dos goles gracias a dos futbolistas de River Plate. El 1-0 lo marcó el atacante Jorge Ghiso a los 5’, luego de rematar desde corta distancia un centro del talentoso mediocampista Miguel Brindisi desde la derecha; el 2-0 llegó por cortesía de Norberto Alonso a los 14’, quién ejecutó a le perfección un tiro libre con su pie zurdo.

Los dueños de casa reaccionaron y, de poco, empujaron a la visita contra el arco bien defendido por Daniel Carnevali. Pero la Albiceleste aprovechó a los 66’ una de las pocas situaciones que generó en el complemento para estirar la ventaja, a través de un penal convertido por Brindisi luego de una falta de Horst-Dieter Hoettges sobre Roque Avallay.

Alemania sacó a relucir su estirpe y achicó distancias diez minutos después por intermedio de Jupp Heynckes, hoy entrenador del Bayern Múnich, quien anotó con toque corto tras una serie de rebotes en el área argentina. El 2-3, convertido de cabeza por Bernd Cullmann a los 90’, llegó demasiado tarde para la Mannschaft, que no pudo evitar la sorpresiva caída.

El después de un resultado
La victoria tuvo una enorme repercusión en los medios argentinos, siempre necesitados de éxitos durante esos años. De hecho, ocupó toda la tapa de la popular revista deportiva El Gráfico bajo el título "Histórico triunfo argentino en Múnich". En sus páginas interiores, el semanario fue más allá aún: "¡La Argentina conmovió al Mundo!".

El partido también significó un hito para algunos jugadores de aquella gesta, quienes prácticamente se aseguraron tanto un lugar en el plantel que luego iría a Alemania 1974 como un posterior traspaso a Europa. Carnevalli, Brindisi, Carlos Babington o Enrique Wolff fueron, quizás, los ejemplos más resonantes.

Sin embargo, Argentina cerró su gira con un insípido 1-1 ante Israel en Tel Aviv y todo volvió a la normalidad. A pesar de esto, aquel equipo fue la base del que logró más tarde la clasificación para el Mundial, donde la Albiceleste, ya bajo la dirección de Vladislao Cap, superó la primera etapa pero terminó último en su grupo semifinal.

Para Alemania y sus futbolistas, en cambio, aquel 2-3 fue apenas una herida en el orgullo, ya que dos años más tarde, en el mismo escenario de aquella derrota, alzarían por segunda vez en su historia la Copa Mundial de la FIFA.

Desde ese entonces, los cruces entre argentinos y alemanes se hicieron cada vez más frecuentes, alimentando así una rivalidad que tuvo como puntos cúlmines sus enfrentamientos en las finales de México 1986 e Italia 1990 y, más aquí en el tiempo, sus duelos por los cuartos de final de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.