Nadie más hambriento que el lobo solitario de Brasil
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La gran historia del fútbol brasileño está unida inextricablemente a la de Mário Zagallo. 'El Profesor', como le conocían sus jugadores, no sólo es una leyenda en su país natal, sino en prácticamente cada punto del planeta futbolístico, tras haber participado en cuatro de las cinco Copas Mundiales de la FIFA ganadas por la Seleção. Y aún así, a pesar de haber compartido vestuario con genios de tanto talento como Pelé, Garrincha , Didí, Vavá y Gilmar, Zagallo a menudo ha tenido que enfrentarse a la ira de los que le critican por sus tácticas demasiado defensivas. Pero si hay algo capaz de acallar a todos los detractores es la larga lista de títulos que ha acumulado El Lobo a lo largo de los años.

Ciertamente, las huellas que han dejado los dedos de Zagallo en cuatro de los Trofeos Copa Mundial de la FIFA hablan por sí solas. Es un auténtico icono del fútbol brasileño, ganó dos títulos como jugador (Suecia 58 y Chile 62), uno como seleccionador (70) y otro como ayudante del seleccionador (94). En la historia del fútbol mundial, sólo el legendario alemán Franz Beckenbauer puede presumir también de haber sido campeón del mundo como jugador y seleccionador.

Un gran jugador en su época
Hoy día es más conocido por sus logros como entrenador legendario, pero Zagallo empezó a labrarse un nombre en el mundo del fútbol dentro del terreno de juego. A inicios de los años 50, jugó como amateur con el Club de Fútbol América, y a continuación pasó a jugar en el equipo conocido entonces como Clube de Regatas de Flamengo, donde brilló como extremo izquierdo. Zagallo compensaba con creces su escasa estatura con su técnica exquisita y su trabajo constante: siempre era el primer hombre en bajar a defender si su equipo perdía el balón.

Su explosión como profesional llegó en 1953. Primero con el Flamengo y después con el Botafogo, Zagallo ganó cinco títulos ( cariocas) del estado de Rio de Janeiro antes de convertirse en titular indiscutible en la Seleção desde el 4 de mayo de 1958 hasta el 7 de junio de 1964.

Títulos mundiales y un nuevo papel
En Suecia 58 fue donde el resto del mundo descubrió a Zagallo y a sus ilustres compañeros de equipo. Mientras la Seleção se dirigía hacia su primer título del mundo, él desempeñaba un papel poco frecuente en su época, en la que se esperaba que los centrocampistas se concentraran en sus tareas defensivas. A Zagallo nada le satisfacía tanto como subir al ataque, y sus incursiones desde el campo brasileño a menudo creaban mucho peligro en el área rival. Junto a Garrincha, él era la clave para permitir que Brasil rompiera el cerrojo de la defensa, y marcó el cuarto gol contra Suecia en la final, antes de habilitar a Pelé para que hiciese el quinto.

Para cuando Brasil renovó su título mundial, en 1962, Zagallo había evolucionado hasta convertirse en un delantero genuino, lanzándose al ataque por la izquierda. Su gol durante el partido a vida o muerte contra México en la primera fase fue vital para llevar a los Auriverdes a cuartos de final, donde sus actuaciones fueron aún más decisivas, al tener que compensar la ausencia de Pelé por lesión. Zagallo se retiró finalmente como futbolista en 1964, pero sólo dos años más tarde estaba de vuelta, esta vez como entrenador.

Y fue en este nuevo papel en el que Zagallo pudo expresar realmente su pasión por el juego, mostrando una profundidad de conocimientos técnicos de la que el mundo ya había visto muestras en sus días como jugador. Su primer cargo como entrenador fue en el Botafogo, su antiguo club, donde ganó dos títulos cariocas y dos copas.

Pronto le llegó también el éxito internacional, con otra conquista global para la Seleção, esta vez en la legendaria Copa Mundial de la FIFA 1970, disputada en México. Con un equipo dotado de un talento excepcional, Zagallo ahora considera este torneo como "el mejor recuerdo de su etapa de entrenador".

Es fácil entender el porqué. Su equipo ganó los seis partidos que jugó, marcando 19 goles en total, pero por encima de todo sobresalió la enorme calidad de sus jugadores. Todos los expertos en fútbol suelen estar de acuerdo en que el triunfo de Brasil en esa Copa Mundial de la FIFA fue el más espectacular y el más merecido de todos.

Defensas atacantes y el juego bonito
Con tantos jugadores fantásticos a su disposición ya tenía mucho ganado, pero el sistema de juego concebido por el propio Zagallo sin duda tuvo una influencia clave. Su método permitió incorporar a Jairzinho, Tostão, Gerson, Rivelino, Carlos Alberto y el incomparable Pelé, un grupo de estrellas individuales a las que Zagallo convirtió en un equipo. Eran muchos los que dudaban en Brasil de que Pelé y Tostão pudieran jugar juntos, pero Zagallo despejó magistralmente sus dudas. Por si eso no fuera suficiente, la licencia para subir al ataque que concedió a los laterales Clodoaldo y Piazza fue un gran éxito. Era la primera vez que se empleaba en el fútbol una formación 5-3-2 que podía transformarse de forma impecable en un 3-5-2 y luego volver de nuevo al esquema original.

El sistema de Zagallo funcionó a las mil maravillas, dando libertad al genio individual dentro de una maquinaria bien engrasada. Todos los aspectos del juego brasileño eran eficaces y atractivos para el espectador, desde los regates y potentes disparos de Rivelino hasta las carreras explosivas de Jairzinho, desde las salidas de Gerson desde el centro del campo hasta la inspiración inigualable del propio 'O Rei'.

La final contra Italia fue la máxima expresión de su magia con el balón, y barrieron del terreno de juego a un excelente equipo italiano. Pelé abrió el marcador con un cabezazo demoledor, Gerson disparó tras cederle Jairzinho el balón, que a su vez marcó el tercero antes de que Carlos Alberto anotase el cuarto, con un Pelé decisivo en los últimos dos goles. De este modo, el 21 de junio de 1970, Zagallo se convirtió en el primer entrenador en ganar la Copa Mundial de la FIFA tras haber experimentado ese honor como jugador.

Más allá de México 70
Aún hambriento por alcanzar más éxitos, Zagallo siguió entrenando, consiguiendo más títulos todavía con el Fluminense y el Flamengo. Su siguiente destino fue el golfo Pérsico. En el banquillo kuwaití ganó la Copa del Golfo, a continuación entrenó en Arabia Saudí y posteriormente logró la clasificación para Italia 90 como entrenador de Emiratos Árabes Unidos.

Cuatro años más tarde, Zagallo estaba compartiendo de nuevo su experiencia en el máximo nivel, en esta ocasión como director técnico de la Seleção en la Copa Mundial de la FIFA EE UU 1994. Junto a su protegido y seleccionador nacional Carlos Alberto Parreira, Zagallo ayudó a que Brasil lograra otro título del mundo tras una dura final contra Italia.

En 1995, Zagallo tomó el relevo de Parreira y se dispuso a preparar a la selección para un hipotético quinto triunfo en la Copa Mundial de la FIFA. Con el incondicional centrocampista Dunga como su capitán, y futbolistas del talento de Ronaldo, Rivaldo y Taffarel, Zagallo logró la victoria en la Copa América en 1997 con Brasil, que llegó a Francia como máxima favorita para ganar el torneo.

Como es bien sabido, al final no se cumplieron los pronósticos, y los anfitriones le infligieron una severa derrota por 3-0 en una final marcada por la misteriosa enfermedad contraída por Ronaldo horas antes del inicio del partido. La decisión de Zagallo de hacer jugar a Ronaldo a pesar de sus problemas de salud causó una enorme controversia en su país, ya que había tomado la decisión de dejar fuera de la lista al polémico, pero en plena forma, Romário, antes de que siquiera hubiese empezado el torneo.

Zagallo indestructible
Tras superar las clásicas críticas desproporcionadas que recibió en Brasil y sufrir problemas serios de arritmia cardiaca, Zagallo demostró ser indestructible, y se podría decir de él que ya forma parte del decorado de la Auriverde. Eso pareció en noviembre de 2002, cuando fue elegido automáticamente para dirigir al equipo nacional en un amistoso contra la República de Corea, después de que Luiz Felipe Scolari abandonara su cargo de entrenador tras llevar a Brasil a su quinto título mundial.

Ahora una estatua bronce de Zagallo adorna la entrada principal al estadio de Maracaná, pero 'El Lobo' no se conforma con eso. De carácter muy supersticioso, no se ve a sí mismo en ningún otro lugar que no sea el banquillo de la Seleção, donde una vez más se sentó como director técnico de Carlos Alberto Parreira. Su presencia es tranquilizante y sirve de estímulo a sus jugadores, que lo ven como un vínculo entre los éxitos pasados y futuros.

Tras convertirse en un símbolo, Zagallo no es tímido ni discreto, y se asegura de que se escuchen sus opiniones sobre la evolución del juego. "La tendencia actual en el fútbol moderno es primar el poderío físico en detrimento de la técnica, lo que permite a los entrenadores de los equipos más modestos suplir la diferencia de calidad con los equipos grandes, evitando que los jugadores de talento puedan expresarse con libertad en el campo. El músculo ha superado a la habilidad, lo que explica por qué las tradicionales potencias del fútbol europeo han tenido tantos problemas últimamente", señala.

"Pero aquí en Brasil, todavía seguimos amando el mismo tipo de fútbol. Mi único sistema es fijar un plan de juego y a partir de ahí dejo a los jugadores completa libertad. Yo no soy un dictador. ¿Cómo podría estar sino con jugadores a los que no hace falta decirles con qué espíritu tienen que jugar al fútbol?", insiste.

Está claro que el paso del tiempo no ha hecho mella en Zagallo, que disfrutó de su última Copa Mundial de la FIFA en Alemania 2006. Tan decidido como siempre, es fácil olvidar que este hombre de edad avanzada sumó 37 internacionalidades como jugador, cosechando 30 victorias y tan sólo 4 empates y 3 derrotas. También ha entrenado al equipo nacional en 154 ocasiones, con 110 victorias, 33 empates y sólo 11 derrotas, cifras espectaculares que sirven de muestra de los legendarios logros de Brasil y Mário Zagallo.

Tácticas
A pesar de sus éxitos, Zagallo ha sido criticado a menudo por sus decisiones tácticas. La indiscutible calidad desplegada por el equipo de 1970 protegió a su sistema de juego del más mínimo reproche, pero la mentalidad 'defensiva' de los equipos que entrenó junto a Carlos Alberto Parreira en 1994, y en solitario en 1998, provocó duros ataques por parte de la prensa brasileña. En esas dos Copas Mundiales de la FIFA, la Seleção jugó con una formación clásica de 4-4-2, con dos centrocampistas defensivos, una concesión al lema de que no perder la posesión del balón se había convertido en algo prioritario en el fútbol moderno. En Brasil esto se vivió como una herejía, y jugadores como Dunga, César Sampaio y Branco nunca levantaron pasiones entre los seguidores. Sin embargo, desempeñaron papeles cruciales para Zagallo, que podría escudarse en los resultados para encontrar toda la justificación necesaria. Y 'El Profesor' fue uno de los primeros entrenadores en emplear laterales ofensivos, un concepto al que siempre se ha mantenido fiel, como demuestra la importancia que tuvieron Cafú, Leonardo y Roberto Carlos en el ataque de la Seleção en los años 1994 y 1998.