En la historia del fútbol francés, antes de las proezas de Michel Platini y Zinedine Zidane, despuntó Raymond Kopa. Pequeño de talla (1,68 m) pero inmenso de talento, este regateador incorregible desempeñó un papel decisivo en tres de las cinco primeras campañas europeas victoriosas del Real Madrid. Sobre todo, Kopa permanecerá en los anales como el mejor jugador de la Copa Mundial de la FIFA Suecia 1958 junto con su compatriota Just Fontaine, precisamente en la fase final donde se dio a conocer Pelé.

En sus comienzos, sin embargo, nada predestinaba a este hijo de inmigrantes polacos a convertirse en una estrella del fútbol mundial. El joven Kopaszewski, que era como se llamaba en realidad, se forjó un carácter de ganador y una determinación a toda prueba empujando pesados carros de carbón en las minas de los 14 a los 18 años. Curiosamente, un accidente en el que perdió un dedo lo incitó a probar fortuna en el fútbol. En el club de su localidad natal, Nœux-les-Mines, situada al norte del país, desde los diez años exhibió sus notables cualidades con el balón en los pies pese a lo fatigoso de su trabajo.

De la mina a la luz
Luego de su accidente en la mina, en mayo de 1949 tomó parte en el Concurso del Joven Futbolista, una prueba para jóvenes aspirantes a profesionales del fútbol supervisada por entrenadores expertos. Ocupó el segundo puesto nacional e inmediatamente firmó un contrato con el Angers. Dos años más tarde, con ocasión de un partido amistoso, conoció a Albert Batteux, mítico entrenador del Stade de Reims y propulsor del futbolista en ciernes. "Tenía un don especial para colocar a los hombres en función de sus posibilidades. Sin él, las cualidades de los unos y de los otros nunca habrían podido manifestarse. Empezando por las mías", juzga Raymond Kopa.

Fui el primer jugador francés que emigró. En aquella época mucha gente me tomó por un traidor. Mi único error fue el de ser un pionero.
Kopa, sobre su fichaje por el Real Madrid.

Para explotar al máximo el regate corto de su protegido (posible por la escasa altura de su centro de gravedad), Batteux lo situó por detrás de los delanteros, en un papel de número diez inédito en aquella época. "Me encantaba driblar. A veces me lo han reprochado diciendo que me guardaba demasiado el balón y que ralentizaba el juego. Pero mis entrenadores siempre me han pedido que no cambiara nada de mi estilo", se justifica Kopa. Porque al final de su ristra de quiebros hipnóticos a menudo soltaba un pase decisivo, un "caviar" deliciosamente servido a aquel de sus compañeros capaz de beneficiarse de la ralentización del juego para desmarcarse o salir disparado.

Enseguida, Kopa se erigió en el patrón de un equipo rutilante que acaparaba títulos en Francia y perdió por la mínima frente al Real Madrid la primera final de la Copa de Europa de Clubes Campeones en 1956 (3-4). Unas semanas más tarde, el mediapunta causó un pequeño revuelo al aceptar la propuesta de fichaje del Real Madrid, que le tendió un puente de oro: "Fui el primer jugador francés que emigró. En aquella época mucha gente me tomó por un traidor. Mi único error fue el de ser un pionero", aclara.

En Madrid, donde le pusieron el apodo de “Napoleón”, se codeó con dos monstruos del fútbol como eran Alfredo Di Stefano y Ferenc Puskas. "Aquellos tres años fueron fantásticos. Durante tres temporadas lo ganamos todo. Incluso fuimos elegidos el equipo del siglo por los seguidores del Real Madrid en 2000, año del centenario del club. El ambiente durante los partidos era increíble, con 125.000 espectadores agitando al aire el pañuelo blanco. No teníamos patrocinadores ni retransmitían nuestros partidos por televisión, y teníamos que jugar amistosos por todo el mundo para promocionarnos. Realmente era otra época. Con el Madrid gané tres Copas de Europa consecutivas. En tres años no perdimos más que un partido en casa teniendo en cuenta todas las competiciones", recalca.

Rey de Suecia
Con el combinado de Francia hizo su debut internacional el 5 de octubre de 1952 contra Alemania (3-1), al mismo tiempo que otros cinco debutantes que más tarde protagonizarían los días de gloria de los Bleus: César Ruminski, Lazare Gianessi, Armand Penverne, Thadée Cisowki y Joseph Ujlaki. Durante diez años, Kopa sería titular indiscutible en una selección francesa que iría creciendo con la eclosión de esta nueva generación.

La Copa Mundial de la FIFA 1954 llegó demasiado pronto, sin embargo, para aquel grupo y Francia se despidió de Suiza al término de la primera ronda. "Aquel torneo sirvió de hecho para preparar el Mundial de 1958. Durante la edición de Suecia, nadie esperaba que llegáramos a esa altura. Comenzamos batiendo por 7-3 a Paraguay, considerado uno de los tres favoritos de la competición. Después de hacer un brillante recorrido frente a Yugoslavia (2-3), Escocia (2-1) e Irlanda del Norte (4-0), nos topamos en semifinales con Brasil, y un principiante llamado Pelé nos hizo una tripleta (2-5)", señala.

"En aquella época, nuestros dos países eran los más fuertes, y la abultada diferencia en el marcador se explica por el hecho de que nosotros tuvimos que jugar con diez tras la lesión de nuestro capitán Robert Jonquet", indica el astro galo, puntualizando que en aquellos tiempos no estaban autorizados los cambios. Con un Kopa deslumbrante en la conducción, los Bleus se hicieron finalmente con el tercer puesto al infligir un doloroso 6-3 a Alemania.

Pero Kopa no oculta que su mejor recuerdo sigue siendo el extraordinario partido que jugó el 17 de marzo de 1955 en Madrid contra España (2-1) ante 125.000 espectadores estupefactos. El atacante disputó su último compromiso con la camiseta azul el 11 de noviembre de 1962 en Colombes, donde Francia cayó frente a Hungría (2-3). En una demarcación de extremo inhabitual para él, Kopa no pudo desplegar todas sus cualidades, y aquel encuentro marcó el inicio de sus desavenencias con el dúo de seleccionadores Henri Guérin y George Verriest, y luego el fin de su carrera internacional.

Solaz en Córcega
De vuelta en Francia tras tres temporadas en Madrid, en 1962 ganó con el Reims su cuarto y último título de campeón nacional. Pero en los años siguientes no pudo impedir el descenso del club de sus amores, y el 11 de junio de 1967 dijo adiós a la primera división gala.

Ahora bien, seguiría jugando en el fútbol de aficionados hasta los 70 años. Durante todo ese tiempo ha permanecido muy cercano al mundo del balompié y ha lanzado una marca de ropa deportiva, además de ejercer como comentarista para la radio y la televisión. En el año 2000 se fue a vivir a Córcega, y de vez en cuando se reúne con sus antiguos compañeros, especialmente con Just Fontaine. A sus 80 años afirma no tener "nada que lamentar": "El fútbol cambió mi vida. Pasar del trabajo en la mina a correr por los campos transforma a cualquiera".