El liberiano George Weah fue un auténtico fenómeno del fútbol mundial en la década de 1990, y hoy en día sigue siendo una gran estrella en África. Su selección nacional no le permitió, sin embargo, poder participar en ninguna Copa Mundial de la FIFA, pero él compensó este hecho con una fantástica carrera en el fútbol de clubes. FIFA.com repasa la trayectoria de este futbolista legendario.
Cada mes, FIFA te ofrecerá un artículo con parte de la información que contiene el DVD, para que descubras esta inmensa base de datos del fútbol africano.
George Weah dejó una profunda huella en el fútbol en la década de 1990. Fue un goleador excepcional, y puede considerarse el primer ejemplo de lo que generalmente llamamos "un delantero moderno", es decir, polivalente. Era rápido, técnico y fornido (1,84 metros de estatura y 82 kilos de peso en su apogeo), y poseía un potente disparo y una eficacia increíble frente a la meta contraria. En resumen, tenía prácticamente todas las bazas necesarias para convertirse en uno de los más grandes. Y así fue.
Weah fichó por el Mónaco en 1988, a la edad de 21 años, después de pasar una temporada en el Tonnerre de Yaundé, uno de los clubes más importantes de Camerún. Arsène Wenger, entrenador del equipo del principado en aquella época, dijo posteriormente de él: "Weah sí que fue una sorpresa. Igual que cuando un niño encuentra un huevo de chocolate el domingo de Pascua. No he visto a ningún otro jugador eclosionar como lo hizo él". Las estadísticas refrendan las palabras y las impresiones del técnico alsaciano: a lo largo de cuatro temporadas, Weah marcó 47 goles en 103 partidos de liga. En 1992 fichó por el París Saint-Germain y se dio a conocer a lo largo y ancho del Viejo Continente en las competiciones europeas. Algunos de sus 16 tantos en sus 25 encuentros continentales fueron tan bonitos e importantes como su obra maestra frente al Bayern de Múnich.
La cabalgada de Verona
Su título de máximo goleador en la Liga de Campeones de la UEFA 1995 con el conjunto parisino (ocho dianas), le abrió las puertas del AC Milan. Los tifosi cayeron inmediatamente rendidos a sus pies. Ya en su primera temporada, conquistó el título de liga (y otro más en 1999), además del premio al Jugador del Año en Europa (1995) y en África (1996). Sumó 46 tantos en 114 partidos con la camiseta rossonera, y aunque todos fueron de excelente factura, el más destacado sigue siendo su inolvidable cabalgada por todo el terreno de juego frente al Verona, en la que se zafó de siete jugadores antes de engañar al portero.
A partir de 1999, Weah militó sucesivamente en el Chelsea, el Manchester City, el Olympique de Marsella y el Al Jazirah, antes de colgar las botas en agosto de 2003.
El liberiano también acumuló numerosas recompensas personales a lo largo del camino: en 1995, se convirtió en el primer, y hasta la fecha único, futbolista africano que ha recibido el títudo de Jugador Mundial de la FIFA; se proclamó Jugador Africano del Año en dos ocasiones, en 1989 y 1994; conquistó el Balón de Oro europeo en 1995; y la prensa continental lo proclamó Jugador Africano del Siglo.
Weah es un verdadero ídolo en África, y en especial en Liberia. En su país natal hizo todo lo posible por hacer progresar a la selección nacional, a la que condujo a la Copa Africana de Naciones en una ocasión, en 1996, junto con la generación de oro del fútbol nacional (Christopher Wreh, James Debbah, etc.). Desde que puso fin a su carrera, ha colaborado con diferentes organizaciones benéficas, antes de lanzarse al ruedo político en su país.



