"Fritz Walter fundó la ciudad de Kaiserslautern", aseguraba en cierta ocasión una redacción escolar. La afirmación, por supuesto, era incorrecta, ya que los orígenes de esta ciudad de Renania-Palatinado se remontan al medioevo, pero el error del joven estudiante que la redactó es totalmente comprensible. El jugador se ha convertido en una especie de figura legendaria, no sólo futbolísticamente hablando, sino también como símbolo del renacimiento y reivindicación de la Alemania de la posguerra.
Walter, embajador deportivo durante la reincorporación de Alemania a la comunidad mundial, fue el capitán y representante en el terreno de juego del legendario entrenador Sepp Herberger durante la construcción del equipo del "Milagro de Berna", que en 1954 obtuvo la primera Copa Mundial de la FIFA para Alemania.
Nacido en Kaiserslautern, a la sombra de la primera "Gran Guerra", fue bautizado como Friedrich Walter, aunque ya desde muy pequeño todos lo llamaban "Fritz", de manera que se quedó para siempre con ese nombre. Walter empezó a jugar al balón en las estrechas callejas de la ciudad y se unió al Kaiserslautern a la tierna edad de ocho años. El club reconoció el talento poco común que tenía entre sus manos y el joven Fritz realizó su primera aparición en el primer equipo con tan sólo diecisiete años de edad.
Un debut con tres goles y la reconstrucción de
Alemania
No tardó el jugador en atraer la atención del seleccionador
alemán Herberger, y el prodigio de diecinueve años obtuvo su
primera convocatoria para la selección nacional el 14 de julio de
1940. Walter anunció su llegada a la escena internacional con un
éxito clamoroso: anotando tres extraordinarios goles en el
contundente 9-3 contra Rumanía.
Sin embargo, como les ocurrió a tantos buenos jugadores jóvenes de aquella época, el estallido de la II Guerra Mundial apagó el brillo de la prometedora buena estrella de Walter en el fútbol de clubes y en la escena internacional. Entre 1943 y 1950, durante los que podrían haber sido sus mejores años, el jugador no efectuó ninguna aparición internacional. Reclutado en 1942, fue destinado al frente oriental, donde cayó prisionero del ejército soviético pero, a diferencia de muchos otros, Walter tuvo la suerte de volver a casa y a su fútbol en 1945.
A partir de las cenizas de la guerra, Herberger se dedicó a levantar a una nueva selección nacional alemana, que fue readmitida en la competición internacional en 1950. Tras siete años de ausencia, Walter volvió a aparecer como capitán de su país el día 15 de abril de 1951, en un partido contra Suiza, celebrado en Zúrich. Ese mismo año ganó el campeonato de liga alemán con el Kaiserslautern, una proeza que el equipo del Palatinado repetiría con Walter como capitán dos años más tarde. El equipo recibió el sobrenombre de "Los once de Walter", en honor a su jugador más notable.
La prueba suiza
Herberger había organizado un conjunto formidable alrededor
del capitán del Kaiserslautern, que incluía a cuatro de sus
compañeros de club y, entre ellos, a su hermano Ottmar. Walter era
mucho más que un simple capitán o que un jugador clave, era el
representante incuestionable en el terreno de juego del resuelto
Herberger, a quien el jugador siempre llamaba "jefe".
En aquella época, dominaba la escena internacional la aparentemente invencible selección húngara, que llegó a Suiza 1954 como clamorosa favorita tras una racha de cuatro años de imbatibilidad. La apuesta por los "magiares mágicos" y Ferenc Puskas, su mítico capitán, parecía la más segura en la primera Copa Mundial de la FIFA celebrada en Europa desde el final de la guerra.
Alemania se estrenó en la competición con una victoria ante Turquía, pero Herberger presentó una alineación de suplentes contra Hungría en el siguiente partido de grupo. La selección alemana recibió una contundente y previsible derrota por 8-3 a manos de Puskas y compañía, lo que provocó un aluvión de peticiones de destitución del entrenador. Hoy en día, muchos creen que el seleccionador tenía importantes razones, referidas sobre todo a la forma en que se resolvería la competición, que hacían de una derrota en esta fase algo no sólo aceptable, sino incluso necesario.
No ocurrió lo mismo contra Turquía en el último partido de la liguilla, donde Alemania logró el pase a la siguiente ronda. Walter brilló en aquella goleada (7-2) y volvió a sobresalir en la victoria de Alemania ante la potente selección yugoslava por 2-0. El capitán transformó dos lanzamientos de penal en el partido de semifinales, donde la selección alemana se impuso por 6-1 ante Austria y anotó en su agenda otra cita con los poderosos húngaros en el estadio Wankdorf de Berna.
"Tu tiempo, Fritz"
Tras un amanecer soleado, aquel 4 de julio empezó a llover a
cántaros en Berna y se crearon las precisas condiciones
atmosféricas en las que el batallador Fritz Walter era el rey.
"Tu tiempo, Fritz", le dijo Herberger a su capitán de camino al estadio. A lo que el jugador, en un alarde de seguridad en sí mismo, respondió: "Ningún problema, jefe".
A pesar del "tiempo de Walter", Hungría, como una exhalación, logró una ventaja de 2-0 en el marcador, que inauguró el "comandante galopante" Puskas en el minuto seis, acompañado por Zoltan Czibor dos minutos más tarde. Alemania, que había caído de forma tan contundente ante Hungría en la fase de grupos, mantuvo la compostura. Max Morlock acortó distancias y Walter realizó un saque de esquina que Helmut Rahn envió a puerta para igualar el marcador en 2-2. Aunque Hungría siguió en posesión del balón, se obró el milagro cuando faltaban seis minutos para el final del encuentro. Helmut "el jefe" Rahn envió un trallazo a la meta rival que supuso el gol de la victoria alemana por 3-2 y convirtió a Walter en el primer capitán alemán que levantó la Copa Jules Rimet.
Fue una victoria inesperada e inspiradora, con ramificaciones que se extendieron más allá del mundo del deporte. Marcó el principio de una nueva Alemania, restauró la confianza en sí misma de toda una nación tras los horrores de la guerra, e inyectó nueva savia por todo lo largo y ancho del territorio nacional. Walter se convirtió en la personificación de aquel triunfo y el accesible centrocampista recibió posteriormente todo tipo de distinciones. Fue el primer futbolista que obtuvo la Gran Cruz de la Orden al Mérito que concede la República Federal de Alemania, la más alta de una larga lista de condecoraciones. Fue nombrado Capitán Honorario de Alemania y, en 1995, recibió la codiciada Orden al Mérito de la FIFA.
Un maestro del fútbol
Walter fue un jugador técnicamente superdotado, un artista
con el balón y un maestro del fútbol de primer orden. Está
considerado como uno de los mejores futbolistas que el mundo haya
visto jamás, un distribuidor de juego ávido de goles, cuyo talento
se vio potenciado por una estupenda capacidad de trabajo y una
ambición insaciable. Jugó 379 partidos con el Kaiserslautern, marcó
la cantidad de 306 tantos, impresionante para un centrocampista, el
mejor de los cuales se produjo contra el Wismut Aue, con el famoso
taconazo por encima de la cabeza a un balón recibido de un saque de
esquina.
También en el fútbol internacional encontraba constantemente la meta rival: marcó 33 goles en los 61 partidos que jugó con la selección alemana. Puso fin a su carrera internacional a la edad de 37 años, en el encuentro de semifinales de la Copa Mundial de la FIFA de 1958 contra Suecia, la anfitriona, de donde salió lesionado para no volver a aparecer jamás.
Walter siguió siendo un personaje muy querido en Alemania, gracias sobre todo a su modestia y a su personalidad accesible. Es también famosa su fidelidad al club de su ciudad. Nunca sucumbió a la tentación de las muchas y lucrativas ofertas que recibió del club francés FC Nancy y, posteriormente, de grandes equipos españoles, como el Atlético de Madrid. Se quedó siempre en el Palatinado trabajando para el Kaiserslautern en una carrera deportiva que se extendió desde 1928 hasta 1959.
En 1985, en vida del jugador, se rebautizó con su nombre el estadio Betzenberg. El totalmente renovado estadio Fritz Walter fue una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2006. El viejo capitán se había convertido en un líder simbólico de la candidatura de la ciudad.
Por desgracia, este auténtico icono futbolístico no llegó a estar presente en Alemania 2006 en el estadio que lleva su nombre. Fritz Walter murió en el verano del año 2002, a la edad de 81 años.


