Aquel empleado de la limpieza en un hogar de ancianos, fanático del fútbol, se aseguró bien de no tener que trabajar el día 12 de junio 1984. Por nada del mundo estaba dispuesto a perderse la retransmisión por la tele del partido inaugural de la Eurocopa entre su Dinamarca natal y Francia.

Los Bleus ganaron el encuentro y el campeonato. Si bien aquel joven de 20 años se había quedado un tanto abatido por lo primero, no le desanimó en absoluto lo segundo. Durante un tiempo se había ilusionado con la remota posibilidad de que Dinamarca se impusiera en el choque disputado en París a aquel firmamento azul que iluminaba el gran astro Michel Platini, pero la posibilidad de que su selección nacional se convirtiera en campeona continental se le antojaba tan realista como los cuentos de Hans Christian Andersen.

Sin embargo, Dinamarca, contra todo pronóstico, se ciñó la corona de Europa un tiempo más tarde; y, por raro que parezca, aquel empleado de la limpieza tuvo mucho que ver en aquella conquista de 1992. Se llamaba Peter Schmeichel. Era un guardameta conocido por hacer uso de su corpulencia en el uno contra uno, por sus rápidos reflejos sólo comparables a su imponente físico, por sus paradones decisivos en lanzamientos de falta, por marcar goles y por los gruñidos que empleaba para organizar la defensa.

Exquisités debajo de los tres palos
La maestría extraordinaria de Schmeichel entre los palos no fue exclusiva del fútbol internacional. Entre 1987 y 2000, el arquero ganó nueve títulos de liga en Dinamarca, Inglaterra y Portugal, y desempeñó un papel estelar en el triunfo del Manchester United en la Liga de Campeones de 1998/99.

“Schmeichel ha sido posiblemente el mejor portero de todos los tiempos”, declaró su entrenador en los Diablos Rojos, Alex Ferguson. “Podía efectuar paradas realmente increíbles, sus reflejos eran magníficos para un hombre de su tamaño. Y sabía utilizar la cabeza como nadie. Nadie ha conseguido nunca imponerse por su estatura como lo hacía él; no sé cuantas veces he visto a los delanteros acobardarse cuando Schmeichel salía de su área para encararlos”.

“Para mí, los grandes jugadores son siempre atacantes, esos que crean magia de la nada. Los Pelés, Maradonas y Cruyffs del pasado. Messi, Ronaldo y Rooney en la actualidad. Pero Schmeichel era la rara excepción: un portero tan influyente como los mejores futbolistas de su época”.

El camino hasta adquirir ese prestigio no le resultó fácil. Barrer suelos en un hogar de ancianos fue uno más de los muchos empleos por los que pasó Schmeichel en su lucha por afianzarse como futbolista profesional. También trabajó en una fábrica textil, en una empresa de suelos y en el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), mientras jugaba en el Gladsaxe-Hero y en el Hvidovre. A principios de 1987 le llegó la gran oportunidad: un traspaso al subcampeón de la primera división danesa del año anterior, el Brondby.

Oportunidades tomadas
En su primera campaña en el club, Schmeichel encajó la mitad de goles que el equipo había cedido el año anterior. El Brondby, además, terminó en primera posición, con nueve puntos de ventaja. El arquero oriundo de Gladsaxe pasó cuatro temporadas en la entidad y contribuyó a la conquista del título nacional en tres de ellas. Sin embargo, durante su estancia en el equipo, acaparó titulares principalmente por sus actuaciones en la Copa de la UEFA 1990/91.

Schmeichel, de hecho, mantuvo su puerta a cero en siete de los nueve partidos disputados, contra el Eintracht de Fráncfort, el Ferencvaros, el Bayer Leverkusen, el Torpedo de Moscú y el Roma, y se convirtió en la estrella de la tanda de penales contra los rusos de camino a las semifinales contra el Roma, que el Brondby acabó perdiendo en la capital italiana por 2-1.

Ferguson presenció, totalmente deslumbrado, aquel partido y pagó 505.000 libras para llevarse a Schmeichel al Manchester United antes del comienzo de la temporada 1991/92. Ni que decir tiene, lo convirtió en titular de la portería. Los Diablos Rojos, sextos en la máxima categoría inglesa el curso anterior, se proclamaron subcampeones en la primera campaña de Schmeichel en el equipo, y además con el mejor registro defensivo de la división. A continuación, en 1992/93, se ciñeron la corona de la liga inglesa por primera vez en 26 años, una gesta que mucho tuvo que ver con los 22 partidos en los que su portero mantuvo la meta imbatida.

Ganador de principio a fin
Schmeichel resultó decisivo en el doblete títulos del Manchester United, Premier League y Copa de Inglaterra, en 1993/94 y 1995/96, y en el triunfo del equipo en 1996/97. Como se acercaba ya a la cuarentena, Schmiechel decidió que su cuerpo no podía soportar los rigores de la competición en un club del calibre del Manchester, y anunció que la de 1998/99 sería su última campaña en el Teatro de los Sueños. Resultó una temporada de ensueño para Schmeichel.

El guardameta atajó el penal in extemis de Denis Bergkamp y abocó a la prórroga la repetición de la semifinal de la Copa de Inglaterra contra el Arsenal, donde un soberbio gol de Ryan Giggs concertó a los hombres de Ferguson una cita con el Newcastle United en la final, que ganó el Manchester United por 2-0. Durante la última jornada de la Premier League, Schmiechel brindó un recital en la victoria por 2-1 de los Diablos Rojos sobre el Tottenham Hotspur. Como resultado, los de Manchester desbancaron a los Gunners del primero puesto de la tabla por un único punto. En su último partido con el club, el portero capitaneó al equipo hasta la derrota por 2-1 del Bayern de Múnich en la final de la Liga de Campeones de la UEFA, para completar un ilustre triplete de títulos.

Schmiechel se marchó al Sporting de Lisboa, con el que se ciñó la primera corona del club en la liga portuguesa en 18 años. Terminó su carrera de clubes con breves estancias en el Aston Villa y en el Manchester City.

Gloria en el arco danés
Para entonces ya había puesto fin a su carrera internacional, que comenzó en mayo de 1987 a la edad de 23 años. Cuando Troels Rasmussen decepcionó en el primer encuentro de Dinamarca en la EURO 1988 (saldado con derrota por 3-2 a manos de España), el arquero del Brondby se calzó los guantes en los dos partidos restantes del Grupo A. Lamentablemente, ambos terminaron en derrota (2-0), ante Alemania e Italia.

Los daneses sufrieron otro duro golpe al quedar por detrás de Yugoslavia en la clasificación para la EURO 1992. No obstante, a los centroeuropeos se les impidió participar en la fase final, y los sustituyó la nación nórdica. La selección de Richard Moller Nielsen empezó bien encaminada, con un empate a 0-0 con Inglaterra, aunque perdió por 1-0 a manos de Suecia, la anfitriona, en su segundo partido y cayó a la última posición del Grupo A. Pero gracias a la maestría de Schmeichel para repeler los balones de Eric Cantona y Jean-Pierre Papin, los daneses derrotaron a Francia por 2-1 y pasaron a semifinales, donde Schmeichel volvió a ofrecer otra exhibición. Dinamarca empató a 2-2 con una formidable Holanda, pero su guardameta otorgó a los suyos una victoria por 5-4 en la tanda de penales tras atajar el lanzamiento de Marco van Basten.

“Siempre estaba deseando que llegaran los penales”, recordaba tiempo después. “Me sentía muy seguro de mí mismo. En aquella ocasión me dije: ‘Es imposible que yo pierda esto’. Cuando vi que [Van Basten] avanzaba hacia el punto penal, decidí para dónde iba a lanzarme y lo hice con convicción. Era la forma en la que siempre encaraba los penales, y me salió bien”.

Dinamarca acababa de sorprender al mundo al meterse en la final, pero necesitaba hacer acopio de todo su arsenal para ganarla. Delante tenía a Alemania, por entonces campeona del mundo, con un equipo en el que figuraban jugadores de la talla de Andreas Brehme, Matthias Sammer, Stefan Effenberg, Thomas Hassler, Karl-Heinz Riedle o Jurgen Klinsmann.

Sin dejarse amilanar por el relumbrón del adversario, los daneses tardaron 18 minutos en adelantarse en el marcador por mediación de John Jensen. Con la majestuosidad de Schmeichel entre los palos, se alzaron con una victoria por 2-0, gracias a un gol en los últimos compases de Kim Vilfort.

Ocaso y adiós para... ¿el más grande?
Dinamarca no se clasificó para la Copa Mundial de la FIFA Estados Unidos 1994™ y cayó en el primer obstáculo en la EURO 1996. No obstante, Schmeichel contribuyó al pase a cuartos de final en Francia 1998, donde perdió por 3-2 ante Brasil.

El guardameta disputó su 129º y último internacional contra Eslovenia en 2001. Naturalmente, mantuvo su puerta a cero, al igual había hecho, increíblemente, en el 42% de sus partidos con el Manchester United. Sin embargo, Schmeichel será recordado como mucho más que el mejor portero de la historia de la selección de Dinamarca y de los Diablos Rojos.

En una encuesta que Reuters llevó a cabo en 2001, se impuso a Lev Yashin y a Gordon Banks como mejor guardameta de la historia del fútbol.