Marcel Desailly retomó a su estilo el eslogan que hizo famoso François Mitterrand, “la fuerza tranquila”, con un éxito similar al obtenido por el ex presidente de la República Francesa. El zaguero galo, potente y sereno a la vez, se empleaba con dureza en el marcaje al hombre, pero sin llegar a ser violento. Su carrera siguió la tradición de la “guardia negra” de la selección de Francia, encarnada inicialmente por Jean-Pierre Adams y Marius Tresor, y continuada por Basile Boli, a quien sucedió el propio Desailly en la zaga de los Bleus.

Este defensa central, en ocasiones medio centro defensivo si así lo requerían sus entrenadores, figura en el libro de oro del fútbol francés como su zaguero más laureado. Desailly, campeón de Europa con el Olympique de Marsella y con el AC Milan, tuvo que aguardar a alcanzar la treintena para recibir un apodo que lo definía a la perfección: the Rock (“la Roca”).

La eclosión en el Nantes
Ghanés de origen, Desailly llegó a Nantes cuando tenía 4 años junto a su familia y su padre adoptivo. Se incorporó al centro de formación del FC Nantes con 12 años y, durante seis temporadas, se impregnó de la filosofía futbolística de los Canarios. Allí iba a conocer a dos personas determinantes en su trayectoria: su entrenador Jean-Claude Suaudeau, que iba a encargarse de pulir su talento en bruto, y un tal Didier Deschamps, que estaría a su lado durante toda su carrera. Desde su debut en la primera división francesa, el 26 de agosto de 1986 contra el Girondins de Burdeos (3-0), hasta el término de la campaña 1991/92, Desailly se dedicó a trabajar y a ganar en masa muscular, hasta disputar un total de 162 encuentros con la camiseta del Nantes (5 tantos). Al mismo tiempo, fue ascendiendo por el escalafón de las selecciones menores de Francia, desde la sub-15 hasta la sub-23, antesala del combinado absoluto. Así, todo estaba dispuesto para que la futura roca emprendiera su escalada a la cumbre.

Por un impulso de Bernard Tapie, presidente del Olympique de Marsella, y en contra de la opinión del entrenador Raymond Goethals, Desailly recaló en el cuadro marsellés en la pretemporada 1992/93. Pese a ser recibido con frialdad por Goethals (quien llegó a espetarle que no le llegaba “a la suela de los zapatos a Carlos Mozer”, ex defensa brasileño del OM), el joven Marcel adquirió una nueva dimensión en el seno de una defensa tan sólida como expeditiva, donde el eje integrado por Desailly y Boli contaba con el respaldo de dos laterales bregadores, Jocelyn Angloma y Eric di Meco. El 26 de mayo de 1993, en el Estadio Olímpico de Múnich, Boli marcó de cabeza el gol de la victoria contra el prestigioso Milan, mientras su colega maniataba a un tal Marco van Basten.

El equipo italiano perdió un cetro continental, pero ganó una idea genial para sustituir a un Frank Rijkaard entrado en años, que se marchó al Ajax de Ámsterdam. Debido a los problemas económicos del OM, Desailly hizo las maletas y se mudó a la capital lombarda.

La madurez en el Milan
Su progresión futbolística era imparable; máxime después de debutar con la selección de Francia el 22 de agosto de 1993 contra Suecia (1-1). En un país donde la posición de defensa se valora tanto como el acierto de un delantero, Desailly estaba en su salsa, e iba a gozar de cinco campañas excepcionales.

Debutó oficialmente en el calcio el 21 de noviembre de 1993, contra el Nápoles (2-1), y metió su primer tanto como rossonero el 2 de enero de 1994 contra el Reggiana (0-1). En el Milan, Desailly asimiló enseguida el rigor táctico y defensivo del fútbol italiano, e impuso su seña de identidad más característica: su extraordinaria capacidad para salir airoso en la mayoría de sus uno contra uno.

Con el paso de las temporadas, fue convirtiéndose en la piedra angular del esquema milanista y consolidándose dentro de una plantilla pletórica. Dado que Fabio Capello apostaba con fuerza por la mítica defensa que integraban Mauro Tassotti, Franco Baresi, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini, el técnico optó por colocar al francés durante varios meses como medio centro defensivo. La jugada le salió redonda, y Desailly engordó inmediatamente su palmarés con la conquista del scudetto y de una nueva Liga de Campeones, frente al Barcelona (4-0). En esa final, incluso, marcó un tanto, al tiempo que se erigía en el primer jugador que ganaba la competición dos años seguidos con dos equipos distintos.

Así, Desailly iba a disputar 137 encuentros de liga italiana entre 1993 y 1998 (con 5 dianas) y otros 27 en competiciones europeas (2 goles); incluida una nueva final de la Liga de Campeones (con derrota ante el Ajax) y la obtención de un nuevo scudetto. “Sin lugar a dudas, es el mejor defensa extranjero que ha jugado en el calcio; alguien que rápidamente sintió el fútbol italiano al tiempo que sabía imponer su personalidad”, analizó sentando cátedra Paolo Maldini. De hecho, ningún seguidor del Milan le echó nada en cara cuando decidió fichar por el Chelsea en 1998.

El propio jugador, por cierto, confesó haber vivido la emoción más grande de su carrera (“más fuerte todavía que la del Mundial”) con motivo del partido AC Milan-Chelsea, en su primera visita a San Siro tras su traspaso al cuadro londinense. “Mientras calentaba, todo el estadio se puso a aplaudirme al mismo tiempo. Me acerqué a la grada y pude leer en una gran pancarta ‘Para siempre permanecerás en nuestro corazón’. Ese reconocimiento que me expresaban fue realmente conmovedor. Yo no era ni un jugador creativo ni un goleador y, aun así, me ensalzaban como si fuera Van Basten. Como persona, lo recordaré toda mi vida”, subrayó, todavía emocionado.

En la cima mundial
Tras el fracaso que supuso la no clasificación de Francia para Estados Unidos 1994, Aimé Jacquet tomó las riendas de los Bleus. Rápidamente, el seleccionador galo logró construir una férrea defensa que iba a batir todos los récords. Por delante del inevitable Fabien Barthez en la portería, Lilian Thuram, Laurent Blanc, Marcel Desailly y Bixente Lizarazu constituyeron la base del equipo que ganó la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998 y la Eurocopa 2000.

Esos cuatro defensas perfectamente complementarios, que se alinearon juntos por primera vez en un partido de preparación para la Eurocopa 1996 contra Alemania (0-1 en Stuttgart), y que siguieron en la brecha hasta su último compromiso oficial en la final de la Eurocopa 2000 (2-1 a Italia en Rótterdam), no sufrieron ni una sola derrota en 28 encuentros oficiales entre 1996 y 2000. Es más, a lo largo de ese intervalo, apenas recibieron 13 goles en contra. Entre 1996 y 2000, Francia jugó 57 partidos, de los que únicamente perdió 5. En cada una de esas derrotas, faltó a la cita al menos uno de los cuatro ‘mosqueteros’...

Desailly fue expulsado por doble amonestación en el segundo tiempo de la final del Mundial 1998 contra Brasil (3-0), convirtiéndose en el tercer jugador que veía la tarjeta roja en una final mundialista. A continuación, tras la renuncia a la selección de su amigo Didier Deschamps, pasó a lucir el brazalete de capitán.

Sin embargo, a pesar del triunfo en dos Copas FIFA Confederaciones seguidas (2001 y 2003), no pudo impedir el lento declive de esa generación superdotada y, tras un último fiasco ante Grecia (0-1) en los cuartos de final de la Eurocopa 2004, anunció su retirada como internacional. Tenía 36 años y había totalizado 116 partidos con los Bleus.

Tiempo para los amigos
Cuando llegó al Chelsea en 1998, Marcel Desailly se reencontró en el distinguido cuadro londinense con su amigo Franck Leboeuf, a los que un año después se unió Deschamps. Su debut oficial en la Premier League se produjo el 15 de agosto de 1998 ante el Coventry (derrota por 2-1), pero no metió su primer gol hasta el 26 de febrero de 2000, en casa contra el Watford (2-1). Más o menos, lo que tardó en encontrar su sitio en un entorno totalmente nuevo. “En Italia, solía dominar sin problemas en el juego aéreo, pero en Inglaterra, ¡ya no conseguía rematar un balón de cabeza!”, recordó. “Una y otra vez, me veía superado tanto por los altos como por los bajos, que, además, metían todos el codo. Tuve que hacerme más pícaro, practicar para marcar mejor los tiempos, evitar el empuje del contrario y no responder a las provocaciones”.

Tal vez, gracias a esas dificultades, Marcel Desailly descubrió una nueva motivación: “Cuando eres competitivo y te ves enfrentado a nuevos jugadores buenos, e incluso excelentes, estás obligado a elevar tu nivel, y a demostrar que sigues echándole ganas”, explicó.

En sus seis temporadas con los Blues, jugó 222 partidos (94 de ellos como capitán) sin ganar ningún título importante, a excepción de una Copa de Inglaterra. Paradójicamente, fue su amigo Deschamps quien en 2004, como entrenador del Mónaco, le iba a dar la puntilla, eliminando al Chelsea en las semifinales de la Liga de Campeones.

Marcel Desailly comprendió que su edad de oro había pasado, y decidió concluir su carrera en Qatar. Allí ganó un último título liguero, antes de anunciar su retirada en mayo de 2006. “Cuando debuté con los Bleus con 25 años, jamás habría imaginado que seguiría en la selección nueve años más tarde y que seguiría siendo competitivo en el fútbol de clubes. Si he durado tanto es porque continuamente me he cuestionado a mí mismo. Ni se imaginan la cantidad de jóvenes que he visto que eran mejores que yo”, aseveró, confirmando que su verdadera fuerza la sacaba de una mentalidad inquebrantable, de su fortaleza de carácter. Una fuerza tranquila...