En el Estadio Centenario se cruzan el pasado y el presente del deporte rey. Es un monumento a la fidelidad de Sudamérica en su amor por este deporte: el coloso de hormigón, con capacidad para 100,000 espectadores, fue el escenario principal de la primera Copa Mundial de la FIFA, presentando al mundo la noción irrefutable de que el fútbol es el único deporte global.

Construido para la organización de la primera Copa Mundial de la FIFA, así como para conmemorar el 100º aniversario de la independencia uruguaya, el Centenario permanece en la actualidad como una marca indeleble e inconfundible de fútbol e identidad nacional.

A pesar de tener lugar en el momento más crítico de la peor crisis económica del siglo XX, acudieron 13 naciones al recién creado torneo, y el Centenario hizo de sede para todos los equipos en al menos un partido. El estadio, desprovisto de adornos innecesarios, fue escenario de 10 de los 18 encuentros, incluidos todos los de eliminatoria, ganándose un lugar en la historia como el "templo el fútbol", tal y como lo llamó el propio Jules Rimet.

Un asunto capital
El ambicioso proyecto de construcción del Centenario empezó el 21 de julio de 1929, pero la capital carecía de los requisitos de infraestructuras y seguridad económica necesarios para albergar un evento de esta magnitud. Aun así, los grupos locales de construcción trabajaron incansablemente para garantizar que estuviese listo a tiempo.

Diferentes secciones de trabajo fueron contratadas a varias compañías de construcción, y el ayuntamiento asumió la responsabilidad de ocuparse del suministro de agua y electricidad. Bajo la supervisión del Juan Antonio Scasso, se organizaron tres turnos para asegurarse de que la construcción se hiciera las 24 horas del día.

Los grandes esfuerzos tuvieron su recompensa al llegar el 18 de julio el primer partido de Uruguay en la Copa Mundial de la FIFA, que disputó contra Perú, encuentro que los anfitriones ganaron 1-0, cinco días después de que el torneo hubiera comenzado en otro lugar de Montevideo.

Aunque el Centenario está considerado como la sede principal de la fase final de 1930, en la capital había otros dos estadios, los relativamente pequeños Pocitos y Parque Central. El primer partido de la Copa Mundial de la FIFA, la goleada de Francia sobre México por 4-1, tuvo lugar frente a apenas 1,000 espectadores en el estadio de Pocitos el 13 de julio. Pero lo más importante para los uruguayos es que los cinco partidos de la Celeste en su camino hacia la consecución de la primera Copa Mundial de la FIFA se disputaron en el imponente Centenario.

El partido final vio cómo los anfitriones remontaban un gol de desventaja en la primera parte y derrotaban a Argentina, su vecina y aguerrida enemiga (4-2), convirtiéndose de ese modo en los primeros campeones del mundo de lo que en esos momentos podría denominarse como el deporte de más rápido crecimiento del planeta. El capitán uruguayo, José Nazassi, fue el primer jugador en sostener el trofeo 'Victoire aux Ailes d'Or', al que posteriormente se cambió el nombre a Copa Jules Rimet. Las celebraciones en Montevideo se prolongaron durante días, y la era global del balompié se iniciaba de ese modo con un triunfo local.

El juego del fútbol ya nunca sería igual.

Un eco del pasado
Incluso tres cuartos de siglo después, cuando el Centenario se acerca a su propio aniversario, el estadio sigue siendo la sede habitual y el fortín casi inexpugnable de la selección uruguaya. A excepción de algunos traspiés en las últimas eliminatorias, los Charrúas rara vez han perdido en este estadio ante el calor de su público, e incluso las mayores potencias del mundo lo pasan mal cuando se enfrentan a la orgullosa tradición del santuario de Montevideo. Hasta la poderosa Brasil ha sido incapaz de obtener más de dos victorias oficiales en 20 intentos.

El historial de Uruguay en los partidos de la Copa América en el Centenario se acerca a la perfección soñada por cualquier aficionado al fútbol. Uruguay ha sido sede del campeonato sudamericano en siete ocasiones distintas, pero sólo cuatro veces desde la construcción del Centenario en 1930. Y en las cuatro acabó invicta en su viejo estadio talismán y se alzó con el trofeo continental.

Los dos clubes rivales seculares de Montevideo, el Peñarol y el Nacional, han disputado allí infinidad de clásicos, y ambos consideran al estadio su casa. Con muy pocos añadidos modernos, el estadio todavía es casi idéntico a cómo se concibió para ser sede de la primera fase final de la Copa Mundial de la FIFA. Y al ver el estadio abierto extendido y su torre orgullosa alzándose hacia el cielo, uno se siente transportado de vuelta a una era de camisetas con botones, pantalones largos y botas incómodas, una era de inocencia y gran imaginación.