Pocos sitios hay que merezcan más el título de "campo sagrado" para un seguidor de fútbol que el estadio de Wembley. Antes de su demolición en 2002 para convertirse en un nuevo y modernísimo recinto, era un auténtico museo de la historia deportiva británica y uno de los monumentos más memorables del fútbol. Más que en ningún otro estadio del mundo, jugar en "Wembley" era considerado algo especial: la cumbre de un futbolista era exhibir su arte bajo sus majestuosas Torres Gemelas.

Para el resto del mundo, jugar en el estadio Empire, como se llamaba antiguamente, simbolizaba una suerte de peregrinación a los orígenes del deporte rey. Para los ingleses, este simpático estadio constituía un inmenso baúl de recuerdos. Ha sido testigo de mejores y peores momentos de los Tres Leones, y el estadio en el que Inglaterra entró a formar parte en 1966 del selecto y reducido grupo de naciones que han ganado la Copa Mundial de la FIFA.

Caras famosas y el desastre del 6-3
El hombre que levantó la copa aquel inolvidable 30 de julio de 1966 fue Bobby Moore, quien alcanzó multitud de triunfos en el viejo campo. El gran defensa inglés ganó en el mismo estadio la Copa de la FA en 1964 y la Recopa de la UEFA en 1965, aunque en 1975 quedó del lado de los perdedores al caer derrotado con el Fulham ante su anterior club, el West Ham.

Su compañero estrella de 1966, Bobby Charlton, lo hizo igual de bien que su capitán, al ganar además de la Copa Mundial de la FIFA 1966, la Copa de la FA en 1963 y la Copa de Europa con el magnífico equipo del Manchester United en 1968.

En aquel combinado estaba también el mejor jugador de todos los tiempos de Irlanda del Norte, George Best, y el defensa escocés Dennis Law. Jugando con el Benfica, en el otro lado del campo, se hallaba Eusébio, el legendario delantero de Portugal, que no sólo probó la derrota en Wembley en 1968, sino también en la final de la Copa de Europa de 1963 y la semifinal de la Copa Mundial de la FIFA de 1966 contra los anfitriones.

El legendario holandés Johan Cruyff entusiasmó y dejó pasmados a los más de 90,000 espectadores de Wembley en un amistoso disputado allí en 1977, que Holanda ganó 2-0. También levantó una Copa de Europa en el mismo estadio como jugador con el Ajax en 1971, y como entrenador con el Barcelona en 1992. Otro fantástico extranjero que encendió el campo de Wembley fue "el mayor galopante" Ferenc Puskas, que lideró la carga de Hungría en su aplastante victoria por 6-3 contra Inglaterra, en el que fuera uno de los amistosos más celebrados e importantes de todos los tiempos. Si alguien quería proclamar algo en el mundo del fútbol, Wembley era el mejor escenario para hacerlo, y los "magiares mágicos" de 1953 dejaron bien claro tanto su apogeo como la ingenuidad de Inglaterra en aquel tiempo.

Derrotas ante Escocia y Alemania
Los viejos enemigos del norte, los escoceses, fueron los primeros en despachar a Inglaterra en Wembley, cosa que hicieron la segunda vez que se enfrentaron allí ambos equipos, en 1928. Fue una resonante paliza por 5-1, si bien los ingleses se tomaron la revancha dos años más tarde bajo las mismas torres con un triunfo por 5-2 sobre sus primeros verdugos.

El propio estadio de Wembley era tan celebrado como el mismísimo equipo nacional al que albergaba, y también fue lugar de celebración de copas nacionales y europeas de todo tipo. El estadio albergó todas las finales de la Copa de la FA desde 1923 hasta 2000, todas las Copas de la Liga desde 1967 hasta 2000, así como siete finales europeas (cinco de la Copa de Europa y dos de la Recopa).

Un "Caballo Blanco" y sir Stanley
De todas las grandes y gloriosas finales de la Copa de la FA, dos que sobresalen son la del estreno, la final del "Caballo Blanco" de 1923 y la final "Matthews" de 1953.

Aunque el estadio había sido construido para acomodar a 127,000 personas, en la primera final de la Copa de la FA se apretujaron 250,000 en el recinto. El saque inicial se retrasó 45 minutos debido a que se tuvo que vaciar el campo de seguidores que querían ver de cerca cómo el Bolton se medía al West Ham. El más destacado de los agentes del orden fue el oficial de la policía montada George Scorey y su legendario caballo blanco, "Billy", que cobró fama entre la multitud. El Bolton marco su primer gol de aquella victoria por 2-0 mientras un jugador del West Ham intentaba abrirse paso entre el público después de recoger el balón para realizar un saque de banda.

Tres décadas más tarde, uno de los atletas más respetados de Inglaterra, sir Stanley Matthews, fue la estrella del partido en otro encuentro del Bolton. Era el tercer intento de Matthews, a la sazón de 38 años de edad, por colgarse su primera medalla de la Copa de Inglaterra, pero parecía que el Bolton le había aguado la fiesta cuando se cobró una ventaja en el marcador de 3-1. Sin embargo, "el mago del regate" emprendió la tarea de descoyuntar la defensa rival, y quienes estuvieron en Wembley en aquel día histórico no han dejado de hablar acerca de cómo el Blackpool de Matthews remontó la contienda para ganar por 4-3.

Este tipo de recuerdos de toda una nación emanan de Wembley más que de ningún otro estadio en el mundo, y dado el importante papel que ha desempeñado Inglaterra en el desarrollo del deporte rey, sus memorias futbolísticas están imbuidas de un magnetismo colectivo que atrae a todas las demás naciones.