La algarabía de las vuvuzelas comenzó mucho antes del partido y se prolongó varias horas después del pitido final, y el ensordecedor clamor de la afición, que invariablemente acompaña al apasionante derbi de Soweto, marcó el compás del encuentro.   

La cadencia del ritmo sólo varió según los lances del juego. En la cancha, el Orlando Pirates y el Kaizer Chiefs se veían las caras por 135ª vez en casi cuatro décadas, en lo que desde hace tiempo se considera el "clásico" de la temporada futbolística sudafricana. El choque del sábado se disputó en el renovado estadio Ellis Park, que el próximo mes albergará la final de la Copa FIFA Confederaciones. El equipo de inspectores de la FIFA aprovechó la colorista ocasión para supervisar las instalaciones antes del certamen.

Las aficiones se hicieron sentir en las tribunas antes del partido, pero la intensidad de la proverbial rivalidad entre ambos clubes se trasladó al terreno de juego tras el saque inicial. Y aunque el sábado el clima en Johannesburgo era típicamente otoñal, con nubes y viento, el ambiente en el estadio estaba bien caldeado. No cabía un alfiler. Un total de 51.616 espectadores abarrotaban gradas y las entradas estaban agotadas desde hacía varios días.  

Desde el túnel de vestuarios hasta el césped se extendía una alfombra roja, por la que los jugadores accedieron al campo. Durante la ceremonia protocolaria previa se produjeron varios cruces de feroces miradas entre ambos rivales, pero los preliminares concluyeron enseguida y rápidamente se pasó a la acción. Con toda la expectación que el choque había generado, nadie quería prolongar la espera.   

Sin embargo, no hubo tiempo para que los conjuntos se asentaran y desplegaran su juego sobre el recién estrenado césped. Un error defensivo del Kaizer Chiefs en el minuto 2 otorgó al Pirates una oportunidad de oro para adelantarse en el marcador, que Thulasizwe Mbuyane desaprovechó. Ruud Krol, el técnico del Orlando se echó las manos a la cabeza desesperado. Un gesto de frustración que repetiría una y otra vez a lo largo de toda la primera parte: pese a ejercer un dominio total durante los primeros 45 minutos, los suyos fueron incapaces de concretar.   

El holandés, subcampeón de la Copa Mundial de la FIFA en 1978, debió de pensar lo peor al constatar cómo sus hombres perdían poco a poco terreno tras el cambio en las filas del Chiefs, que dio entrada al audaz venezolano José Torrealba al comienzo de la segunda parte. La legión de seguidores del Chiefs, con su inconfundible camiseta amarilla y negra, vibraba al ritmo de la música y de los silbatos. La enérgica afición del Pirates, por el contrario, se tornaba más y más nerviosa al ver cómo peligraban sus opciones de conquistar el título.

Pero el equipo se recuperó, comenzó a ejercer presión y, en el minuto 71, abrió el marcador en un saque de esquina. Katlego Mashego se zafó de su defensa y se encontró en el lugar ideal en el momento preciso y sólo tuvo que empujar el balón al fondo de la red.

Ellis Park estalló de júbilo. El rugido de la afición hizo temblar el estadio hasta su cimientos. El Orlando Pirates había logrado por fin quebrar la defensa de su rival acérrimo. Pero al igual que en las anteriores ediciones del derbi, todavía no estaba todo dicho, a pesar de que sólo quedaban 15 minutos de juego.   

El Kaizer Chiefs emprendió un ataque poco ortodoxo que culminó con un centro al área. El central congoleño del Pirates, Destin Makita, saltó para intentar despejar de cabeza, pero el esférico rebotó en su compañero en la defensa Lucas Thwala, quien vio impotente cómo el balón se colaba accidentalmente en su propia puerta. Con doce minutos por delante, el marcador reflejaba un empate a 1-1.  

A medida que caía la noche sobre Johannesburgo, el bullicio iba en aumento y el juego se tornaba más y más frenético. Ambos rivales tenían el triunfo al alcance de la mano. El cansancio empezaba a hacer mella, pero la voluntad pudo más y el ritmo se volvió endiablado. De repente, un fallo en la defensa propició que el Pirates se hiciera con el balón y se lanzara al contraataque. De nuevo, el protagonista de la jugada fue Mashego. El delantero del Orlando se internó en el área mientras el estadio entero mantenía la respiración, y tranquilamente empujó el balón al fondo de la portería rival.   

La victoria por 2-1 mantiene vivas las esperanzas del Pirates de optar al título de liga, confirma sus credenciales de cara a la Liga de Campeones de la CAF y deja un panorama muy emocionante para los próximos siete días en el campeonato sudafricano. Pero, lo que seguramente es más importante, demuestra su superioridad en el derbi de Soweto, un gran triunfo en la escena futbolística de Sudáfrica.