En su vuelta al mundo de las rivalidades, FIFA.com hace escala en Bucarest, donde la tensión alcanza puntos máximos con cada cita entre el Steaua y el Dinamo. Los orígenes políticos de esta lucha por el título oficioso de club más grande del país sin duda ayudaron a los dos pesos pesados a construir un palmarés impresionante en el panorama nacional, y más que respetable en el europeo.
Cada edición del Marele Derby ("gran derbi") entre los dos equipos más populares del país supone para sus seguidores la ocasión de expresar a viva voz el amor que sienten por sus colores -¡y su odio hacia los del contrario!-, y representa también el encuentro más señalado de la temporada, que siempre enfrenta a los futbolistas de mayor talento del país.
Los orígenes
Después de la II Guerra Mundial, en Rumania, como en otros países del Este, se implantó un régimen comunista, con el consiguiente trastorno de las instituciones. Numerosos equipos profesionales desaparecieron, y se crearon otros, a menudo asociados a órganos políticos. El Steaua y el Dinamo, en respectiva representación de los ministerios de Defensa e Interior, y por tanto favorecidos por el Partido, aparecieron así directamente en primera división en 1948.
Gracias a los fondos ministeriales y las graduaciones militares que se ofrecían a los deportistas, ambos conjuntos atraían a los mejores jugadores del país. Al mismo tiempo que llenaban sus salas de vitrinas, empezaron a alimentar una competencia exacerbada por las pugnas de influencia entre las dos autoridades que representaban. Los simpatizantes dinamovişti acusaban a sus oponentes de favoritismo por parte de la familia Ceauşescu, mientras que los Roş-Albaştrii ("rojos y azules") reprochaban al Dinamo utilizar la Securitate, la policía secreta, para presionar a sus adversarios.
Es evidente que el fútbol fue en un principio un mero instrumento de lucha política, pero desde la caída del comunismo ésta ha dejado sitio a un combate más sano por la superioridad deportiva.
Algunas cifras
En este ámbito, el Steaua posee una ventaja considerable, con una hora de servicios en la que, además de una Copa de Europa (1986), figuran 23 ligas y 20 copas, por 12 y 10 respectivamente del Dinamo. Los Câinii Roşii ("perros rojos") se consuelan con una cifra mucho más importante en lo que atañe a una rivalidad local: el balance de las confrontaciones directas. Antes de la 144ª edición del Clasicul Romaniei ("clásico de Rumania"), programada para el 30 de agosto de 2009, el club de la Policía presenta 50 triunfos, y el del Ejército 48. Los 45 partidos restantes se saldaron con tablas. Pero la balanza se inclina del otro lado en cuanto a tantos anotados: 205 el Steaua, 199 el Dinamo.
El choque de Bucarest, siempre tenso, es también prolífico en goles. Únicamente diez encuentros concluyeron con empate a ceros, el último de ellos en 1999. Si bien la victoria más abultada corresponde al Steaua (5-0 en 1984 y 1998), el Dinamo firmó la más espectacular, un 6-4 en la final de la Copa de Rumania el 2 de mayo de 1990.
Leyendas, anécdotas y frases del pasado
Ya se ha perdido la cuenta de los duelos legendarios disputados en seis decenios, pero en la memoria de los hinchas los pormenores, las provocaciones o las frustraciones de cada clásico han dejado una huella mayor que las fichas de los partidos. Así, en lo más intenso de la rivalidad en los años 80, los dos equipos se cruzaron en la final de la Copa de 1988. Cuando el marcador señalaba un 1-1, un gol del Steaua inscrito al filo del pitido final fue anulado por fuera de juego, "bajo la presión del banquillo del Dinamo", según los aficionados militares. Los jugadores del Steaua abandonaron el campo, la contienda no se reanudó y los futbolistas del Dinamo, pese a todo, fueron a buscar el trofeo. Sin embargo, el Partido otorgó el título al Steaua, aunque tras la caída del comunismo el club decidió renunciar a él para dárselo al Dinamo... ¡que lo rechazó!
El ambiente fue muy similar en la siguiente temporada, durante el partido de liga celebrado en el estadio de Ghencea. En su feudo, el Steaua se impuso 2-1 en un encuentro reñido, en el que llovieron las tarjetas y el Dinamo sufrió dos expulsiones. El internacional Ion Andone, capitán de los Perros Rojos y actual entrenador del CFR Cluj, aplaudió irónicamente a la tribuna oficial, donde se sentaba Valentin Ceauşescu, el hijo del antiguo dictador.
En la campaña 1996/1997 lo que pasó a los anales no fueron los resultados deportivos, sino... ¡un incendio! Además de ver cómo sus ídolos caían por 3-1 en Ghencea, los hinchas del Dinamo prendieron fuego por accidente a toda su grada.
Más recientemente, en 2006, los dirigentes del Dinamo innovaron en materia de lucha contra la violencia, prohibiendo la venta de entradas a mujeres. Esta decisión no tenía nada de misógino, sino que pretendía impedir a los seguidores del Steaua, sospechosos de enviar a sus compañeras a comprar boletos en su lugar, sentarse en la misma grada que los del Dinamo. Un incidente ocurrido en una cola alertó a los responsables del Dinamo cuando se oyó un teléfono móvil. ¿Qué sonido tenía? El himno del Steaua...
Actualmente
El partido de la 5ª jornada de la Liga I llega muy pronto, y no es decisivo para la clasificación final, obviamente, pero, como en cada clásico, una victoria se antoja indispensable para el honor y la confianza en ambos bandos. En las dos últimas campañas, los dos colosos del fútbol rumano cedieron la primera posición del podio a los sorprendentes CFR Cluj (2008) y Unirea Urziceni (2009). Steaua y Dinamo, decididos a reconciliarse con el triunfo al final de este ejercicio, están actualmente igualados en la tabla. Tienen pues la primera oportunidad de la temporada de relegar a su rival a tres puntos.
